Informe sobre trabajo e ingresos en Mendoza del CISME

La crisis socioeconómica en la que está inmersa la Argentina afecta al conjunto de la población. Sin embargo, hay sectores que se han visto mayormente perjudicados por encima de otros.
Un informe del Centro de Investigación Social de Mendoza, denominado “Mercado Laboral y Distribución del Ingreso en la gestión Cambiemos”, revela que de diciembre de 2015 a septiembre de 2019, la brecha entre los más ricos y los más pobres en Argentina creció casi un 25%. De ese modo, el 20% más rico de la población concentra casi la mitad del ingreso total, en tanto que el 20% más pobre sólo se apropia el 5% de esa torta, lo que representa que los sectores más pudientes adquieren once veces más ingresos que los más vulnerables.
En base a estadísticas del INDEC, el estudio también desnuda las desigualdades de género que se acentúan en los polos del estrato social. Mientras que la porción de la población que percibe mayores ingresos está conformada fundamentalmente por varones, en el lado opuesto (personas de menores ingresos), la proporción se invierte y son las mujeres las que representan el mayor porcentaje.
Tal situación se repite cuando se analizan los niveles de desempleo. La tasa de desocupación de mujeres supera en dos puntos a la de varones (11,2 y 9,2%), ya que se encuentran “más expuestas, en gran parte por la distribución de los roles en el ámbito doméstico”, detalla CISME.
En cuanto a la subocupación y a la informalidad (trabajo en negro), la brecha de género es aún mayor, fundamentalmente por la exclusión de las mujeres en sectores que tienden a un mayor porcentaje de registración. Mientras que las trabajadoras no registradas alcanzan casi un 40%, los varones en la misma situación apenas superan el 32%.
Estas desigualdades no sólo atraviesan al género, sino que también se aprecian cuando se tiene en cuenta la edad. La desocupación en personas de hasta 24 años casi triplica al total general del país. Y la informalidad es claramente mayor en esa franja etaria, sin dudas la más elegida por empleadores para la precarización laboral. En ese sentido, el documento señala que seis de cada diez jóvenes argentinos desarrollan un trabajo en negro.
“Desde 2015 no sólo cayeron el salario real y el empleo, sino que además empeoró la situación distributiva. En un contexto de desmejora generalizada de las condiciones de vida de los trabajadores, quienes tienen menores ingresos se vieron aún más perjudicados”, concluye el informe de CISME.

En un contexto regional convulsionado, y a días de desarrollarse las elecciones presidenciales en Argentina, resulta oportuno realizar un análisis sobre el impacto de
las políticas laborales y distributivas que ha llevado a cabo el Gobierno Nacional.
La forma de participación social en el proceso de trabajo y en la riqueza generada por ese proceso, son determinantes para evaluar las condiciones de vida de
una sociedad. Investigar la realidad del mercado de trabajo y la distribución del ingreso puede contribuir a la elaboración de diagnósticos, propuestas y, sobre todo,
a entender los conflictos sociales que acontecen en las sociedades modernas.
Para realizar el estudio se analizaron datos de diferentes organismos oficiales (INDEC, Secretaría de Trabajo de la Nación) y, en base a esa información, se concibieron distintas líneas de análisis que presentan cuadros situacionales diversos.
En primer término, se consideraron algunos indicadores de distribución del ingreso observados a escala individual, per cápita familiar, y en el peso poblacional por
género en cada estructura decílica (10%) de la población total. Por otra parte, el
mercado de trabajo se estudió a través de la desocupación y subocupación atendiendo a la población joven en esas condiciones, la desigualdad de género en el mercado de trabajo y la informalidad como dimensión determinante de la precariedad laboral.

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Según los informes de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, se puede
inferir que la clase social, el género y la edad resultan de gran incidencia en la cantidad y calidad del trabajo, como también en la apropiación de los ingresos por
parte de los distintos sectores de la población.
Puede concluirse que desde 2015 no sólo cayeron el salario real y el empleo, sino
que además empeoró la situación distributiva. En un contexto de desmejora generalizada de las condiciones de vida de los trabajadores, quienes tienen menores
ingresos se vieron aún más perjudicados.
En contra de las expectativas generadas por las propuestas del gobierno, la caída
en la actividad económica, la inflación y el shock tarifario provocaron un deterioro
en salarios y jubilaciones. Esto se traduce en más desempleo, más pobreza y más
concentración de la riqueza.

EL REPARTO DE LOS INGRESOS EN ARGENTINA
El análisis de los ingresos por persona muestra una tendencia clara de disminución de la brecha entre el primer decil y el último decil de ingresos entre 2003 y 2015: de 33 veces a 18.7 veces. Esto significa que en 2003 el 10% de la población más rica tenía 33 veces más ingresos que el 10% más pobre, mientras que en 2015 los más ricos concentraban 18,7 veces más de ingresos que los más pobres, siendo esta última cifra la menor brecha alcanzada en todo el periodo considerado. Una reducción del 43% en 12 años.
En sentido contrario, se observa que desde 2015 hasta el segundo trimestre de
2019 la tendencia a la baja se revierte aumentando la brecha de 18,7 a 23,28 veces,
lo que implica un crecimiento del 24%. El siguiente gráfico nos permite analizar la
trayectoria de la distribución del ingreso a nivel nacional durante el periodo comprendido entre 2003 y 2019.

CONCENTRACIÓN DE LOS INGRESOS
El reparto de los ingresos generados en nuestro país se distribuye de una forma
significativamente desigual en el total de la población. El 20% más rico de la población concentra casi la mitad del ingreso, mientras que el 20% más pobre solo
consigue apropiarse del 5% de los ingresos. Esta diferencia implica que los más
ricos tienen 11 veces más ingresos que los más pobres.

FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA
Es evidente la pérdida de participación de la población femenina en los últimos
deciles (los de mayor ingreso). Si observamos en forma simultánea la proporción
de varones y mujeres, vemos que en el primer decil (menor ingreso) hay un mayor peso de mujeres (6,6%) que de hombres (3,4%), pero la tendencia se invierte
cuando se consideran los deciles de mayor ingreso, en el último decil las mujeres
representan el 3,6% y los hombres el 6,4%.
En síntesis, en el 40% de la población con mayor ingreso (últimos 4 deciles) se impone la participación masculina significativamente.

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DESOCUPACIÓN Y JÓVENES
En Argentina la desocupación afecta de formas desiguales a los diferentes grupos
sociales. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realizada a
través del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la tasa de desocupación total a nivel nacional es de 10.1%, mientras que en la población joven afecta al
27.1%.

Por otra parte, el género aparece como una variable que impacta en los niveles de
desocupación. En todos los trimestres analizados la diferencia se incrementa respecto al periodo anterior.
La desigualdad de género estructura la inserción y exclusión de las mujeres en el
mundo del trabajo. Las mujeres se encuentran más expuestas al desempleo, en
gran parte por la distribución de los roles en el ámbito doméstico .

PRECARIEDAD LABORAL
En este apartado, se agrega la incidencia de la informalidad como dimensión predominante dentro de la precariedad laboral. En Argentina el 34.8% de los trabajadores no se encuentra registrado, pero si consideráramos solamente a personas
de hasta 24 años esa cifra se eleva al 59.2%. En este caso, y más allá del desempleo,
la precariedad se traduce en salarios más bajos, jornadas extendidas, situaciones
insalubres, falta de protección y derechos sociales. La informalidad del primer empleo, muchas veces, opera como predictor importante de trayectorias de exclusión:
sobre la probabilidad de acceder a un trabajo decente, a una jubilación, etc.

Podemos agregar que, también en esta variable, el género juega un rol preponderante debido principalmente a la exclusión de las mujeres en sectores que tienden
a un mayor porcentaje de registración y su inclusión en actividades donde la cultura de la no registración tiene un arraigo mayor.

SUBOCUPACIÓN
Debe señalarse, también, la subocupación en estas poblaciones (jóvenes y mujeres), entendiéndola a esta como al agrupamiento de personas que habiendo trabajado al menos una hora en la semana anterior al relevamiento, y habiendo recibido
un pago por ello o no, su situación no reviste un empleo existente, ya que las horas
son insuficientes.
Los indicadores desarrollados hasta aquí no muestran una trayectoria favorable;
este no es la excepción. La siguiente tabla refleja un incremento de la subocupación de casi el 2% en 2 años, lo mismo para la población joven (hasta 24 años).

Por otro lado, analizar la evolución de la subocupación discriminada entre varones
y mujeres nos permite ver que la desigualdad de género es visible también en este
indicador. Las mujeres se ven más afectadas por la subocupación que los varones,
siendo este año el peor del periodo considerado.

Staff CISME

coordinación general
Manuel Lorenzo
equipo de investigación
Pablo García
Paula Blodinger
Ignacio Contreras
Marianella Iuliano
comunicación
Marcos Silva
Facundo La Rosa
edición/corrección
Facundo La Rosa
diseño
Elena Visciglio

 

[email protected] @CismeM @cisme_mdz

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