”Para mi participar de esta expedición es muy importante y un orgullo. Ya llevo cuatro cruces desde el primero que fue en el año 1997. En esa época no contábamos con estas cocinas que trasladamos ahora en vehículos unimog, llevábamos todo a lomo de mula, y sólo teníamos la ayuda de los baqueanos”, cuenta a este cocinero sanjuanino de 42 años, que hace 20 se enroló en el Ejército.
En un alto de su labor en el valle de Manantiales y luego de convencerlo de que se bajara de una roca para hacer la entrevista, este verdadero mago de la cocina cuenta que los soldados que marchan hacia el paso de Los Patos comerán ”tres raciones frías” durante el día y un plato caliente a la noche y que dispone para eso de una cocina de campaña y otros puestos instalados a lo largo del camino donde se elaboran los alimentos.
Pinto, quien cuenta con dos ayudantes para su trabajo, detalló que en las mulas se trasladan las ollas, los anafes y garrafas chicas de 10 kilogramos ya que los vehículos unimog no pueden ingresar a ciertos sectores donde pasarán los soldados, junto a los racionamientos y los alimentos necesarios para preparar por la noche.
El cocinero recuerda como fueron sus primeros cruces cuando se llevaban verduras, frutas, ollas y sartenes en las mulas y se dependía de los baqueanos para ubicar un lugar donde había leña y agua para poder cocinarlos ”tal como lo hizo el general (José de) San Martín”.
”Ahora tenemos una logística para poner puestos a lo largo del recorrido donde los soldados hacen un descanso y se alimentan con todas las necesidades de calorías que se necesitan para la montaña”, relató Pinto.
Con respecto a la alimentación necesaria para la aventura, explicó que lo importante es ingerir todo a base de carbohidratos, carnes y frutas, y que los soldados llevan en su mochila lo suficiente para hidratarse para que todo el tiempo tomen agua, algo fundamental para estas travesías.
En tanto, la ración fría , que consiste en medio sándwich de milanesa, medio de jamón y queso, tres barras de cereal, alfajor, galletitas de agua y mermeladas, se come tres veces al día, desayuno, almuerzo y antes de la cena.
 ”Siempre me gustó la cocina y hacer este tipo de expediciones sobre la montaña es algo que me apasiona, más en la conmemoración de los 200 años del cruce de Los Andes en donde a través de esta marcha podemos valorar en su verdadera dimensión lo que San Martín hizo”, evoca Pinto.
En los descansos, los soldados se sientan en las rocas salientes de la montaña para servirse la comida a través de ollas de aluminio plegables, que tienen que lavar antes de entregarlas al cocinero, para luego cargar la mochila y seguir la marcha.
Por las noches, cuando las temperaturas lleguen a los cero grados, Pinto debe preparar platos calientes consistentes en guisos de arroz, fideos, carne o papas para las 120 personas que marcharán hacia el límite de Los Patos, el lugar donde se realizó el histórico cruce hace 200 años.
Tanto los soldados argentinos como chilenos que salieron desde Uspallata, en Mendoza, y desde Manantiales en San Juan, llegarán al cruce Cristo Redentor el 2 de febrero, y desde allí sólo 140 harán la travesía a pie hacia el país trasandino, donde se organizará el homenaje, que terminará el 12 de ese mes en la cuesta de Chacabuco, día de la histórica batalla.
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