San Martín: polémica por una escombrera junto al río Mendoza

La comuna ocupa el predio para rellenar un pozo con material de obras. La oposición dice que por la falta de control crece un basural.

Desde hace un par de años, la comuna de San Martín administra una enorme escombrera en la ruta 7, junto al río Mendoza. Utiliza ese predio, que no es más que un extenso socavón, como depósito final de restos de obras, piedras y material de demolición; además, la idea es nivelar el terreno y en un futuro parquizar el lugar.

Eso es lo que sostiene el proyecto municipal y el convenio que firmó con los dueños del terreno, pero desde la oposición advierten que por falta de controles suficientes, crece allí un basural con los desperdicios que va a tirar alguna gente que llega en vehículo. “Se está desnaturalizando el objetivo y si no se toman medidas, en tres meses habrá un enorme basural”, sostiene el concejal radical Mauricio Petri.

El predio se ubica en la lateral sur de la ruta y al este del río Mendoza en lo que es el ingreso al departamento desde el oeste. Son cinco hectáreas de un enorme pozo que en algunas zonas llega a 15 metros de profundidad. Esa extensa cava se formó hace décadas, cuando la tierra del lugar se usó para la construcción de la ruta que pasa a metros de allí.

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Para entender la génesis de la escombrera municipal hay que remontarse a 2015. Durante aquel año y a raíz de un conflicto que retrasaba en Rivadavia la habilitación de un depósito para los residuos domiciliarios de toda la región, San Martín, que para entonces había saneado su propio basural municipal, decidió arrojar su basura en ese terreno junto al río, donde históricamente había existido un pequeño basural ilegal, que con el aporte del municipio ese año creció desproporcionado.

En 2016 y habilitada por fin en Rivadavia la planta de residuos para toda la región, San Martín limpió el basural junto al río y enterró unos 12 millones de kilos de residuos domiciliarios que se habían acumulado en ese predio, pero además firmó un convenio con los propietarios del terreno, para usarlo por un plazo de ocho años como escombrera.

La escombrera tiene ingreso por ruta 7, aunque al no estar cerrado el terreno, se puede acceder por los fondos. Hay una barrera que controla el paso y también un sereno, para que lo único que ingrese al lugar sean escombros y material de obra.

El municipio admite que algo de basura domiciliaria puede entrar junto con los escombros, pero estima que no es más de un 10%: “Ocurre que alguien pone un contenedor frente a su casa para sacar escombros y un vecino aprovecha y tira allí su bolsa de basura”, ejemplifica Gargiulo: “Es imposible controlar todo el contenido de un camión cargado de escombros”.

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La oposición ha presentado en el Concejo Deliberante un proyecto pidiendo que se respete el objetivo inicial de ese terreno y que la comuna refuerce los controles: “En 2016 se hizo un buen trabajo y se quitó un basural enorme pero sin controles, todo eso está volviendo y en tres meses vamos a tener un basural a cielo abierto”, sostienen desde el radicalismo.

Familias en el lugar

Junto con la creciente presencia de basura de todo tipo, también aparecen las personas que viven de rescatar de entre los residuos, aquello que todavía guarda algún valor.

En la comuna admiten que hay “tres o cuatro familias que viven de lo que sacan de la escombrera”, y por ello, también se observan las clásicas quemas con las que se busca separar los metales del resto de la basura.

“La escombrera cumple su objetivo y aunque hay un pequeño porcentaje de basura de otro tipo y algunas personas que va allí a buscar algo para vender, el control que existe es el que hemos tenido desde un principio y funciona”, dice Edgardo Gargiulo: “Sin controles habría allí unas 200 familias sacando ladrillos, puertas viejas y otro materiales”.

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