En la audiencia celebrada hoy en el marco del IV Juicio por delitos de lesa humanidad, desarrollado en Mendoza, prestó testimonio Reynaldo Puebla, en calidad de víctima y testigo sobre otras causas que se encuentran bajo investigación en el presente proceso.

La jornada estuvo marcada por la recuperación del nieto de Estela de Carlotto, emblema de lucha en la búsqueda de los niños y niñas apropiadas durante la dictadura militar. Sobre esto, la directora de Promoción de Derechos Humanos, Natalia Brite expresó: “Es una alegría enorme que compartimos entre los familiares, organismos de derechos humanos y quienes de alguna manera hemos estado vinculados en la lucha por la aparición con vida de los nietos secuestrados”. La funcionaria sostuvo que este es el nieto 114 y cada vez que este número aumente, generará un impacto que ayudará a que aquellos jóvenes que dudan sobre su identidad se acerquen al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos o a la Agrupación Hermanos de HIJOS.

De la misma manera, Mariú Carrera, familiar de desaparecidos compartió: “Yo creo que la verdad tiene poder, y nosotros lo poco o mucho que tenemos es el poder de la verdad y eso es lo que muestra la noticia de ayer y en ello está la esperanza. El que lucha por la verdad, un día encontrará justicia”.

Iniciada la audiencia debate, el único testimonio de la jornada fue aportado por Puebla, quien declaró en calidad de testigo y víctima de delitos de lesa humanidad. Comenzó su exposición con una cronología sobre los días previos a su detención y las diferentes dependencias policiales y militares por las que fue trasladado en calidad de preso político.

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En el año 1975, Reynaldo Puebla participaba en la Juventud Peronista y se desempeñaba como director del elenco teatral de la Municipalidad de Luján de Cuyo. Al enterarse de que su nombre integraba las listas del Comando Anticomunista de Mendoza, decidió trasladarse a San Luis. Al retornar a la provincia fue detenido el 27 de marzo de 1976, y llevado a la Comisaría de Luján de Cuyo.

La violencia de los sucesos relatados comenzó con ese primer traslado, en que fue sometido a interrogatorios violentos y simulacros de fusilamiento. Sufrió torturas con sesiones de picana eléctrica y técnica de sumersión bajo el agua, conocida como “submarino”. Se le acusaba por infringir a la Ley 20.840 y de participar en actividades consideradas subversivas. Durante los días de cautiverio identificó al entonces diputado Elio Verdejo, que había sido golpeado en una comisaría de Las Heras.

Posteriormente Puebla fue trasladado al Palacio Policial (D2) donde fue víctima de varias sesiones de torturas. Permaneció quince días en ese centro clandestino de detención donde reconoció a otros detenidos, entre ellos a Alicia Peña. “Aquello fue un infierno. Nos golpeaban, se escuchaban gritos y quejidos de las mujeres”, narró.

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Al continuar con su relato, declaró que el 22 de abril fue trasladado al pabellón XI del Penal de Bolougne Sur Mer donde estuvo hasta el 7 de septiembre de 1976. Este período también estuvo signado por maltratos y sucesos violentos protagonizados por los guardiacárceles encargados de trasladarlos. Destacó la violenta requisa realizada el día de asunción de Naman García como director de la Penitenciaría, sobre lo cual expresó: “Los militares y policías que estaban en ese momento se conocían entre sí y lo que se decía en cada interrogatorio. Ellos saben quién practicaba la tortura”. Puebla también implicó a los exoficiales, actualmente acusados, Bianchi y Barrios.

Según el testigo, de la Penitenciaría fue trasladado al Liceo Militar General Espejo. “Allí me llevaron a una sala de tortura, la que fue más violenta y terrible”, expresó Puebla y agregó: “A los siete días me dijeron que me dejarían salir del país si admitía mi militancia. Y Acepté. Después de ese día la tortura pasó a ser psicológica, que les puedo asegurar, es mucho peor que cuando hay picana”.

Puebla recordó que para el 26 de setiembre de 1977 fue trasladado a la Unidad IV de La Plata con otros presos políticos, entre los que reconoció al recordado actor mendocino, David Blanco. Sobre este hecho, agregó que el oficial Migno fue el encargado de tomarle los datos antes de su trasladado. En La Plata las vejaciones continuaron hasta recuperar la libertad el 28 de agosto de 1978, momento en que viajó a Brasil, donde reside actualmente.

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Indagado sobre las acciones realizadas por la Justicia de aquel entonces, Puebla declaró que no tuvo conocimiento sobre la asignación de abogados defensores, ni sobre el sumario realizado por la Justicia Federal que fuera firmado por Max Petra Recabarren por infringir la ley 20.840. En este documento se le atribuían delitos vinculados a su militancia en diferentes agrupaciones políticas. Tampoco se le informó que el ex magistrado, Otilio Roque Romano intervino como fiscal en su causa, por la cual fue sobreseído el 3 de febrero de 1978.

Al finalizar la ronda indagatoria, el juez Fourcade, integrante del Tribunal Oral Federal Nº 1, consultó a Puebla sobre la consideración de una vinculación de los actos represivos contra la actividad política y artística que desarrollaba por entonces, ante lo cual respondió: “Nosotros hacíamos un teatro antiimperialista junto con Rubén Bravo, Raquel Herrera, hoy desaparecidos, asesinados. Aquello fue una acción directa contra los artistas, todo aquello fue destruido”.

Tras el testimonio de Reynaldo Puebla, el Tribunal Oral Federal solicitó un cuarto intermedio para el próximo de 11 de agosto a las 9, con el testimonio de Elio Verdejo y Adriana Espinola.

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