Los animales del cerro Arco huyen por falta de comida

Los puesteros aseguran que zorros y distintas especies de aves, ahora han bajado de los cerros en busca de alimento.

“Acá ya nada a a volver a ser lo mismo; por más lluvias que caigan y reforestación que se haga. En este lugar antes habían unos jarillales hermosos por los que no podías ni caminar, solamente estaba el sendero para las vacas”.

Arriba de un montículo todo cubierto de negro y cenizas -que hasta hace dos semanas no era tal- está parado Roberto Rodríguez (47).

Este puestero vive en la Puerta de la Quebrada del Manzano desde 1977 y tanto su humilde vivienda como sus tierras están ubicados apenas a unos metros de la base del Cerro Arco.

A una semana de que se extinguiera por completo el incendio que afectó al mencionado cerro e inmediaciones, los cambios más superficiales en el ecosistema de ese sector del pedemonte ya empiezan a observarse.

Los lugareños coinciden, por ejemplo, en que durante los últimos días han observado más zorros que de costumbre en la parte baja, así como también mayor cantidad y variedad de aves.

“Eran todos animales que solían estar en las partes más altas, y ahora se los ve por acá”, resumió Leandro, quien trabaja en el puesto Puerta de la Quebrada (local que sirve de punto de encuentro para quienes llegan al Arco) y quien resaltó que el paisaje se ve “desolador”.

“Tenemos vacas, y con los incendios se ha perdido todo lo que tenían para comer. Ahora las largamos y que busquen pasto por donde sea que haya, aunque tenemos que estar pendientes de que no se vayan al barrio de atrás o a la calle”, resumió Roberto, ahora acompañado de su madre, Olga. Los Rodríguez destacaron, además, que los animales siempre vuelven al puesto en búsqueda de agua.

Entre otros tantos efectos colaterales que dejaron las llamas, se destacan también una baja en la cantidad de visitantes que han visitado el Cerro Arco durante los últimos días y la desidia y descuido de quienes lo frecuentan (ya que al haberse consumido la vegetación, quedaron al descubierto latas y otros residuos que no se quemaron.

Asimismo, la Secretaría de Ambiente, la Fundación Cricyt, el Instituto Nacional del Agua y la UNCuyo ya comenzaron a trabajar en la restauración ecológica del lugar (ver aparte).

Tímido y seco -aunque sin que estas dos cualidades logren disimular la nostalgia en su mirada-, Roberto recorre con la vista panorámica las tierras en las que vive hace 41 años.

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Lo hace parado sobre el mencionado montículo, que hoy alberga una espesa capa de cenizas por encima de la tierra, la misma de la que sobresalen ramas de jarilla, brea y arrayanes quemadas (y que tiznan la piel o la ropa con el simple roce).

Acceder a esa loma ya no es imposible, aunque sí se dificulta caminar entre el laberinto que conforman las ramas (o los restos de).

“El año pasado hubo un incendio complicado también, que comenzó con un rayo en medio de una tormenta. Pero lo apagaron rápido, con los aviones. Así de grande como este último, solo recuerdo un incendio cuando era más chico. Pero tampoco fue tan terrible”, resumió el puestero desde la altura, sin apartar la vista de las vacas que volvían por alguno de los tantos senderos del pedemonte.

Su perro Guaro (o uno de sus tantos perros), que subió hasta lo más alto del montículo con la destreza que solo los perros tienen para hacer esas cosas, asintió con la lengua afuera. “Lo que quedó es un desastre, esto se va a tardar muchísimo en recuperar”, agregó el puestero.

Roberto y Olga tienen entre 60 y 70 vacas, y el hombre prácticamente se ha criado en el lugar. Sin embargo, no viven de ellas. “Las tenemos porque así nos criamos. Pero yo soy sereno, y mi mamá cobra una pensión”, acotó.

El sábado 22 de setiembre -cuando el incendio se tornó incontrolable-, Roberto ayudó a los bomberos y los brigadistas que trabajaron en el lugar. Lo hizo combatiendo las llamas con paladas y baldazos de tierra hasta las 5 del domingo.

“El paisaje ha cambiado muchísimo. Ahora está todo negro y pelado, y con la mínima ráfaga de viento que corre, se levanta todo el polvillo negro. No ha quedado nada de pasto y eso ha llevado a que mi hijo tenga que llevar a las vacas más arriba para pastar”, resumió a su turno Olga, quien recordó que ese mismo sábado ni siquiera les permitieron ingresar a su vivienda.

“Por suerte las llamas no llegaron hasta acá. Pero los chicos del puesto se empezaron a llevar las cosas de a poco, por las dudas”, siguió la mujer.

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“Lo que quedó y más se ve es la desolación, todo un paisaje desolado. Habíamos tenido un buen año respecto a lluvias y humedad, el follaje estaba bueno y se había dado bien la jarilla. Pero todo eso se perdió. La jarilla agarró ahí nomás”, recapituló Lenny, de Puerta de la Quebrada.

El joven destacó que hicieron una mini evacuación en el lugar el mismo sábado, con la intención de salvar aquellos objetos más importantes (desde el punto de vista sentimental, teniendo en cuenta que en el lugar funciona un pequeño museo). Las llamas no llegaron tampoco al lugar.

“El fuego empezó el 21 (viernes) a la noche. Había gente acá, que estaba cenando después de la caminata de luna llena”, destacó Lenny.

“Por lo general la gente que viene es cuidadosa, hace deporte y nada más. Pero siempre viene algún que otro ‘enreverado’ que se mete por lados que son privados o que hace fuego”, cerró Roberto.

Y casualmente lo hizo mientras pasaba por uno de los tantos carteles situados en los senderos y donde se lee claramente: “Prohibido hacer fuego” (NdA: está prácticamente confirmado que el incendio último se originó por un fuego de asado que se hizo en el lugar y que no fue apagado correctamente.

Comenzó la restauración ecológica
Durante los últimos días, la Secretaría de Ambiente junto a la Fundación Cricyt -con quien firmaron un convenio-, el Instituto Nacional del Agua (INA) y la UNCuyo se reunieron para comenzar a trabajar en la remediación de las zonas afectadas tras el incendio.

En una primera, investigadores del Conicet, el INA y UNCuyo evaluarán y diagnosticarán el estado de degradación ecosistémica para luego elaborar un Plan maestro de restauración ecológica.

“Ya tuvimos una primera visita de especialistas del Conicet y del Cricyt. Van a hacer un diagnóstico inicial de la flora y fauna del lugar y, en base a eso, un programa de restauración. Ese diagnóstico va a permitir saber cuáles y cuántas podrán ser rehabilitadas y cuáles y cuántas deberán ser renovadas”, destacó el secretario de Ambiente, Humberto Mingorance.

El director de Recursos Naturales Renovables, Sebastián Melchor, reiteró la necesidad de concientizar a la población en la prevención de incendios forestales. Sobre todo porque las condiciones actuales favorecen que pequeños focos se magnifiquen debido a la carga de materia combustible presente y a la baja proporción de precipitaciones.

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