El proyecto de producción de microalgas para utilizarlas como energía verde que viene desarrollando la UNCuyo, con apoyo de la empresa Energy Traders SA, pasa ahora a una etapa clave con la construcción de una planta piloto en la provincia de Córdoba.

Para ello, se firmó un memorando de entendimiento con la empresa Generadora Córdoba SA, que posee una central térmica en la localidad de Río Tercero (Córdoba) y aportará el capital de riesgo para construir el emprendimiento –a escala piloto-, mientras que la UNCuyo colaborará con el know how del proyecto y el recurso humano científico necesario para su seguimiento.

Cabe destacar que se trata de la primera planta de producción de microalgas para biocombustibles del país y que trabajará con algas autóctonas, es decir no usando especies foráneas o especies mejoradas genéticamente.

”El emprendimiento contempla la construcción de un sistema de cultivo de media hectárea, en conjunto con los laboratorios, talleres y sistemas para la generación de los inóculos, los análisis necesarios y la realización de los procesos de captura de dióxido de carbono (de gas de chimenea), adición de nutrientes, cultivo, cosecha y secado”, detalló el ingeniero Jorge Barón, director del proyecto. ”Los procesos se ensayarán a escala industrial, a través de módulos de cultivo de un cuarto de hectárea cada uno, sirviendo de base para emprendimientos industriales futuros, donde dichos módulos serán replicados con las mismas dimensiones”, agregó.

De esta manera, la planta piloto permitirá ensayar a escala industrial todos los procesos que hacen a esta tecnología, varios de los cuales han sido desarrollados por UNCuyo en los dos laboratorios que operan, desde hace cuatro años, en el Espacio de la Ciencia y la Tecnología (ECT).

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El piloto operará durante dos años, en los que se espera no solamente verificar los valores de productividad obtenidos a menor escala en los laboratorios de la Universidad, sino ”trabajar además en la optimización de los diversos procesos de modo de viabilizar económicamente emprendimientos industriales”, continuó Barón.

El cálculo realizado por los profesionales que intervienen en el proyecto es que se pueden producir 150 toneladas de biomasa seca por hectárea y por año. Y un 15% de esa producción serán aceites para biocombustibles, es decir entre 15 y 20 toneladas por año.

”Este es un claro ejemplo de interacción efectiva entre el sector académico y el sector productivo, cuyo objetivo es generar riqueza para el país a través de la creación de una Empresa de Base Tecnológica –afirmó Barón-. Dicha empresa está contemplada como una compañía en continuo desarrollo, innovando en las tecnologías productivas de microalgas, y en las tecnologías de uso de las mismas, por lo que se prevé la generación de diversos productos y procesos de interés, como es la captura de gases de efecto invernadero (CO2), la producción de biomasa con valor energético, la producción de biocombustibles, la producción de alimentos de uso animal, de fertilizantes, de gas natural (metano), de biopigmentos, antioxidantes y otros de alto valor agregado”.

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Cabe destacar que el proyecto industrial utiliza un insumo abundante: la luz del sol, que capturan las algas por procesos fotosintéticos y que sirve para ”fabricar” sustancias de alto valor a partir de otras indeseadas, como los gases de efecto invernadero y las aguas residuales urbanas e industriales.

Recordemos que Generadora Córdoba, la inversora de la planta piloto, es una empresa social, solidaria y autogestionada, que pertenece Sindicato Regional de Luz y Fuerza (67% de las acciones) y a las Cooperativas Eléctricas de esa provincia (33% restante).

Cómo es el sistema de producción de microalgas

El proceso productivo ya ensayado exitosamente en la UNCuyo busca obtener aceite a partir de algas, cuyo fin último será la producción de biocombustibles. En el medio, implica la selección, cría, engorde y cosecha de algas, y la extracción de contenido lipídico.

Utiliza la energía solar como fuente primaria, convertida a través de la fotosíntesis en aceites y otras sustancias utilizables, y además permite reciclar el bióxido de carbono de chimenea, disminuyendo de ese modo la emisión de gases de efecto invernadero. El proceso contempla el uso de algas autóctonas y está orientado a la utilización de aguas residuales industriales y urbanas.

Tales tecnologías pueden incorporarse a una industria existente para mejorar sus procesos, mitigar sus impactos ambientales, reducir sus costos y maximizar sus ganancias.

Las algas cultivadas se pueden utilizar para lo siguiente:

1- Producción de biocombustibles: Las algas unicelulares pueden producir biomasa rica en aceite, para su extracción y posterior obtención de biodiesel mediante transesterificación (la biomasa agotada residual puede venderse como suplemento alimenticio para ganado). También pueden utilizarse para la producción de energía térmica mediante combustión directa de la biomasa. Esto permite a las empresas diversificar sus fuentes de energía, incorporando la energía solar utilizable mediante la fotosíntesis de las microalgas, lo cual puede ser un paso estratégico hacia la independencia energética, siempre con la ventaja respecto a los biocombustibles tradicionales de no competir con la producción de alimentos y no requerir suelos agrícolas.

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2- Tratamiento de efluentes residuales: Las microalgas pueden utilizarse en tratamientos de efluentes industriales y aguas residuales urbanas, remediación de aguas contaminadas, etc. Existen especies hábiles para crecer en un amplio rango de pH y salinidad o en presencia de metales pesados. Además, en condiciones controladas pueden transformar en biomasa los nutrientes presentes en efluentes con gran contenido de materia orgánica, que de otro modo producirían la eutrofización en cauces hídricos.

3- Mitigación de CO2: Es posible utilizar cultivos de algas unicelulares para mitigar impactos negativos causados por los gases de efecto invernadero, capturando el dióxido de carbono (CO2) presente en los gases de chimenea de industrias con emisiones importantes, como centrales termoeléctricas, plantas cementeras, refinerías, entre otros. De este modo, se pueden percibir los beneficios económicos asociados a los créditos de carbono generados.

4- Obtención de productos de alto valor agregado: Controlando las condiciones de cultivo, puede obtenerse una biomasa rica en aceites esenciales y betacaroteno aptos para consumo humano, otras vitaminas, pigmentos, etcétera.

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