Mendoza es conocida por sus vinos y la lucha constante contra el desierto. Sin embargo, el sector vitivinícola se destaca por ser el menos interesado en cumplir con el tratamiento de efluentes, los cuales en el 70% de las 450 bodegas inspeccionadas en la provincia son arrojados sobre los cauces de riego sin ningún tipo de depuración. En respuesta a esta problemática, el Departamento General de Irrigación y la UVA (Unión Vitivinícola Argentina) firmaron un convenio para avanzar en la coordinación de acciones que disminuyan la contaminación.

Durante 2014, Irrigación realizó inspecciones en toda la provincia a establecimientos agroindustriales como bodegas, industrias alimenticias y conserveras, de las cuales el 70% no cumplía con la normativa vigente que regula el vuelco de efluentes. En ese momento, 315 bodegas –de las 450 relevadas–, exhibieron una falta total o parcial de sistemas de depuración de los residuos y desechos que son arrojados en los cauces de riego, acequias, ríos y canales.

Marisel Cicchitti, directora de Control Ambiental de Calidad del Agua (DGI), comentó que a la hora de encarar el estudio sabían “que la situación no era la adecuada, pero desconocíamos que era tan mala”. Entre los principales incumplimientos, las bodegas no realizan un vuelco adecuado de efluentes, la calidad del desecho no es la permitida ni tampoco poseen un sistema de reúso de agua.

En el proceso de elaboración, crianza, embotellamiento y envejecimiento de los mostos se produce una importante cantidad de sustancias de desechos y residuos, algunos de los cuales como lías, orujos, turbios de vinificación o cristales de bitartrat potásico son susceptibles de reutilizarse y poseen un apreciable valor económico en nichos de mercados de subproductos. La mayor parte de los residuos como los generados en el laboratorio, las aguas residuales, el cartón, entre otros, no lo son.

Los efluentes de las bodegas, pese a no ser caracterizados como tóxicos tienen características particulares que dificultan su gestión y tratamiento. Los efluentes se destacan por su estacionalidad (es mayor en los meses de vendimia y embotellamiento), fuerte contenido en materia orgánica (la ventaja es que son biodegradables), mucho material en suspensión (pepitas, hollejos, tierra, levadura, etc.), carácter ácido (ph bajo), presencia de polifenoles (poco degradables), y déficit de nitrógeno y fósforo (nutrientes).

Si bien la situación es controlable, no deja de ser grave, ya que de acuerdo a una investigación realizada por el Departamento de Biomatemática y Fisicoquímica de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, una octava parte del agua que utilizan las bodegas proceden de la cuenta de los ríos Mendoza y Tunuyán Inferior (o cuenca Norte), la más comprometida de la provincia en su balance hídrico.

Para detener este proceso de deterioro, el acuerdo entre Irrigación y la UVA permitirá diseñar un “Plan de Regularización de Establecimientos”, en el cual se establecerán las actividades e inversiones de ambas instituciones, para adecuar la calidad de vuelco, elaborar recomendaciones técnicas de las plantas de tratamiento de efluentes líquidos o de plantas nuevas, y capacitar al personal. Este es el segundo convenio que establece Irrigación con el sector, ya que en octubre suscribieron otro acuerdo similar con el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este.

Fuente: Vox Populi / Horacio Yacante

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