Hay esperanza: la crisis hídrica no será eterna

 

Sin embargo, también mencionan que está previsto que el cambio climático global provoque en la provincia, en los próximos años, una menor disponibilidad de agua por deshielo.

Esto ha llevado a que desde el Departamento General de Irrigación se esté pensando en considerar como períodos ricos o extraordinarios aquellos en los que las mediciones se ajusten a lo que hasta ahora era la media histórica.

El superintendente de Irrigación, José Luis Álvarez, indicó que trabajan en una serie de medidas para mitigar la emergencia y priorizar el agua para abastecimiento de la población y la agricultura, de manera que no decrezca la producción y se pierdan puestos de trabajo.

Una de ellas es la licitación de tres reservorios de agua de lluvia, que tendrán una superficie de 42 hectáreas y podrán abastecer a Lavalle y San Martín. Otra es avanzar en la impermeabilización de canales (en la última corta de revistieron 26 kilómetros) y el mantenimiento de la red existente.

Álvarez manifestó su preocupación por la posibilidad de que el costo de la crisis hídrica lo paguen los cultivos anuales, es decir los hortícolas -ya que otros se pueden mantener con menos agua-, con lo que se pierde competitividad.

Y si bien han ofrecido capacitaciones a los productores, reconoció que hay una cierta dificultad en trasladar ciertos conocimientos desde los ingenieros a los regantes (que espera se salve cuando egresen los técnicos en Gestión de Recursos Hídricos).

El funcionario resaltó la necesidad de seguir trabajando en forma coordinada con otras entidades para poder asegurar la disponibilidad de este recurso en el futuro. Y entre otras tareas, analizar opciones tecnológicas para administrar de un modo más eficientes el agua, algunas de las cuales se pueden realizar con poca inversión.

Los canales y las parcelas
José Morábito, del Instituto Nacional del Agua, consideró que cinco años seguidos de crisis hídrica es algo excepcional, pero también que es mucho lo que resta hacer para lograr un uso más racional del agua de riego.

En este sentido, señaló que hay mejoras que se pueden realizar en todo el recorrido -desde que se deriva el líquido del río hasta que llega a cada propiedad- y que no sólo incluyen avanzar en la impermeabilización o entubamiento de los canales de distribución primaria, secundaria y terciaria, para reducir las pérdidas por infiltración.

Asimismo, implican organizar el plan de entrega de acuerdo a las necesidades de cada cultivo.

El especialista en eficiencia de riego, que también trabaja en la Facultad de Ciencias Agrarias, señaló que además es fundamental la conciencia pública de no entorpecer la distribución, ya que cuando alguien arroja basura en los canales, se suelen tapar, desbordar y el agua no llega a destino.

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En este mismo sentido, planteó, se debe controlar la contaminación de los cauces, ya que reduce la disponibilidad de líquido apto para los cultivos.

Otro aspecto a contemplar es lo que ocurre dentro de cada propiedad, donde se puede mejorar el riego por superficie, aunque lo esencial, indicó Morábito, es que se invierta en tecnología para hacer un uso más eficiente del recurso.

Sin embargo, reconoció que la escasez hídrica se ha producido en el marco de una coyuntura económica difícil para el sector, por lo que la opción es capacitar a los regantes de modo que preparen mejor sus parcelas para el momento en que les llega el líquido.

Controles más eficientes
El geógrafo Marcelo Giraud manifestó que la menor disponibilidad de agua afecta más a los pequeños productores, que son los que no tienen la posibilidad de suplementar el turno de riego con líquido de perforaciones.

Y coincidió en que muchos atraviesan una complicada situación financiera, pero que de todos modos se debe mejorar la aplicación en la parcela y la conducción hasta cada una.

En este sentido, reconoció que Irrigación ha avanzado con la impermeabilización de cauces pero no lo suficientemente rápido ya que el bajísimo porcentaje de canales revestidos es una cuestión histórica.

Sobre el consumo humano, si bien por ley se debe destinar el caudal necesario, planteó que es importante tener en cuenta la capacidad de potabilización y transporte de agua potable.

Cuando los habitantes hacen un uso desmedido, señaló, le restan disponibilidad al sector agrícola y provocan también el colapso de las de las distribuidoras. Estas, por su parte, deberían continuar ampliando su infraestructura para responder al crecimiento poblacional y reducir las pérdidas en la red.

Giraud consideró fundamental que se generen campañas de educación ambiental y que se realicen controles efectivos para evitar derroches, en especial en aquellos barrios o zonas donde se sabe que el consumo per cápita es muy alto por la existencia de jardines y piletas.

Por otra parte, a modo personal, pero a partir de su experiencia en la Asamblea por el Agua Pura, comentó que le resulta inaceptable que en este escenario de crisis hídrica, cuando escasea agua para el uso poblacional y agrícola, se esté discutiendo la posibilidad de otorgar concesiones a emprendimientos mineros.

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En particular, cuando hay estudios que han mostrado que el cambio climático global impactará en la región con una disminución de los caudales, lo que exige la adaptación de los oasis.

De riego por superficie a sistema presurizado

Para Jorge Chambouleyron, quien fue superintendente de Irrigación entre 1985 y 1990, se debe realizar una nueva reforma de tipo administrativo en la organización de los regantes.

Este paso implica que las asociaciones de usuarios se conviertan en empresas de servicios, que puedan acumular capital y emprender obras de infraestructura, como la impermeabilización y entubado de los canales de riego.

El otro trabajo pendiente, continuó, es la transformación del riego por superficie en presurizado. Para esto, señaló, se pueden tomar modelos de Francia o España, y adecuarlos a la zona, pero lo ineludible es que las partes se sienten a discutir opciones para planificar este cambio.

El especialista indicó, a modo de ejemplo, que en el río Mendoza, entre el dique Cipolletti y el canal Naciente, hay unos 500 metros de desnivel que se pueden aprovechar para generar presurización sin necesidad de bombeo. Y añadió que hay diversas experiencias similares en el mundo que se podrían replicar.

La demanda de agua potable crece 1,5% al año

En promedio, en la provincia, 92% del agua que traen los ríos se destina al uso agrícola, 7% a la potabilización para el uso residencial y 1% a la industria.

De ahí que el principal desafío sea lograr un riego más eficiente. Sin embargo, también se debe considerar que la OMS establece para zonas con estas características de clima y geografía un consumo diario por persona de 250 litros, mientras los mendocinos utilizan en promedio 470 litros.

El presidente de Aguas Mendocinas, Guillermo Amstutz, planteó que la población crece un 1% anual y la demanda de agua potable 1,5% cada año. Esto, mientras la disponibilidad de líquido irá disminuyendo por fenómenos climáticos. De ahí que se deba apuntar a incrementar la potabilización, reducir el consumo per cápita y recuperar el líquido sobrante para reutilizarlo.

El funcionario indicó que el agua potable que se destina a un uso que no termina en la cloaca -riego de jardines, lavado de veredas, etc.- es líquido que se pierde porque no se puede reciclar para riego.

En diciembre, señaló, unos 200 inspectores saldrán con elementos para poder aplicar multas. Pero también opinó que las acciones se deben transformar en una política de Estado que se sostenga en el tiempo.

Fuente: Los Andes

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