Aparecieron nuevos estafados por los gitanos mendocinos. A pesar de las denuncias, de los escraches e incluso de la autoinculpación de los propios gitanos, siguen adelante las estafas en la compraventa de vehículos en Mendoza.

Los gitanos mendocinos se mueven con inquietante tranquilidad en Mendoza. Sobre la base de la publicación a través de avisos clasificados y páginas web como OLX o Mercado Libre, se dedican a estafar a incautos de diversos lugares del país.

Los casos se cuentan por cientos, casi siempre calcados, y mayormente refrendados por los mismos personajes, sobre cuyas identidades dio cuenta oportunamente el Post.

Los damnificados se han organizado en una suerte de asociación denominada GEM, que significa “Grupo de Estafados en Mendoza”. Allí, los que han sido timados hacen una suerte de catarsis grupal y aúnan esfuerzos en pos de conseguir algo que parece inalcanzable: justicia.

Todos, sin excepción, desconfían de uno de los abogados que los representa, un letrado harto conocido de Mendoza. “Hay un caldo ahí, porque se ha criado con uno de los gitanos, que es Matías Ramallo”, dijo al Post Gonzalo de Córdoba, uno de los estafados, cuyo caso aún no había sido contado hasta ahora.

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-¿Cómo fue su caso, en particular?

-Vi un par de chatas en un aviso en diario La Voz del Interior. Veo los precios y me mandan las fotos para averiguar los informes de dominio. No tenían embargos ni prendas. Luego hicieron lo que hacen siempre, inventaron un problema con la AFIP sobre la marcha, aparecieron gestores.

-Ello en Mendoza, ¿no?

-Sí. Enseguida descubrimos que había complicidad con la policía. Yo me doy cuenta rápido y lo denuncio en la justicia.

-¿Te diste cuenta cuando ocurría la estafa? ¿Hiciste algo?

-Hice quilombo, pero justo estaba con un amigo y me dice que uno de los gitanos tenía un arma en la cintura. Decidimos no hacer más lío.

-Ahí fuiste a la Justicia…

-Sí. La denuncia me cae en la fiscalía de Santiago Garay, quien un día me dijo “ustedes son todos unos boludos, que vienen a hacer trato con los gitanos”.

Otro testimonio novedoso

Como se dijo, los casos son casi calcados entre sí. La mecánica de los hechos y la metodología es siempre similar.

Al igual que Gonzalo, María ha sido defraudada en su buena fe, solo que en su caso se trata de una mujer oriunda de Mendoza: “Nosotros con mi esposo vimos un aviso clasificado en diario Los Andes por un 208 Active en marzo del 2014, fuimos a verlo y nos encontramos con que eran gitanos, pero no desconfiamos porque los papeles del auto estaban perfectos. Es más, era 0 km, lo habían comprado en automotores Gral. San Martín y estaba sin patentar”.

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-Hasta ahí, todo bien…

-En ese momento nos gustó, acordamos el precio y el gitano nos dijo “señámelo, pero hasta que no tenga las patentes y todos los papeles en regla no te lo puedo dar…”. Nos pareció lo más lógico, y quedó en llamarnos. A la semana nos llama diciendo que ya estaba todo listo. Yo había vendido una Sandero Stepway y tenía dinero que me había dejado mi papá, que había fallecido.

-¿Entonces?

-Fuimos, nos encontramos en su casa, en Acceso Este, hicimos papeles, fuimos a verificar. Todo normal, todo perfecto, cuando volvimos a la casa de ellos, dice este gitano —que se hacía llamar Pedro Miguel y que en realidad es Jaya Esteban Marcovich— que vayamos a comer un asado. Nos dejó ahí mientras él iba a hacer el formulario Z. Llegó un momento que nos dice “mirá, no puedo sacar el formulario”, porque estaba a nombre de la hermana de él. “Lo pongo al día y te llamo para que vengas a buscarlo”, me dijo. Después pasaron los días, las semanas, y sí, llamaba, pero decía que no le daban ese papel, y así nos tuvo a las vueltas no se cuánto.

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Colofón

¿Cómo es posible explicar que existan más de 200 denuncias por estafa contra los mismos personajes y que nada ocurra finalmente con los timadores? ¿Quién se hace cargo de semejante despropósito?

¿Quién puede entender que habiendo incluso testimonios autoincriminatorios de gitanos —efectuados para obtener una condena abreviada—, estos sigan operando como si nada?

Mientras estas líneas se terminan de escribir, persisten los avisos clasificados engañosos en la web. Y allí estarán hasta que un nuevo incauto caiga en la trampa.

Es parte de la rueda que gira una y otra vez, en el marco de un círculo vicioso maldito. Algo que a nadie parece interesarle.

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