Minutos después de las 20 del sábado 6, se abrieron las puertas del Espacio Verde Luis Menotti Pescarmona y algunos previsores lograron disfrutar de los últimos minutos de la prueba de sonido de Miguel Mateos. El dueño del Bar Imperio se mostró divertido y agradecido por la presencia de los fans. La jornada comenzaba a tomar forma. De a poco, el sol iba cayendo, el anfiteatro se iba poblando y los primeros músicos no se hicieron esperar.

Ghrian (Sol en lengua gaélica irlandesa) es esa banda que desde 2012 viene recorriendo escenarios de Mendoza y que supo escribir el preámbulo de una fiesta con exceso de poderío. La música celta made in Mendoza ofreció una cortina ideal para la ocasión. Hasta Cantilo se mostró sorprendida por los sonidos de las gaitas. Y como Mendoza no es sólo la tierra del sol, después fue el turno de Fion (vino, proveniente del bretón escocés). Esta agrupación, también mendocina, ya es habitué del mega evento godoycruceño. Sus fusiones de música celta con sonidos de esta parte del mundo hicieron ovacionar a los primeros pobladores de la tercera noche cervecera.

Fabiana Cantilo irrumpió sin pedir permiso y, en pocos segundos (mientras sus técnicos terminaban de armar la escena), se adueño del público con salidas ingeniosas y desfachatadas, que le permitieron tener una charla directa con sus seguidores, que ya se contaban en varios miles. Jugó, bailó, se rió y, por supuesto, cantó como sólo ella lo puede hacer. Se dio y nos dio el lujo de escuchar piezas claves como “Balada para un loco”; “La libertad”; “Nada es para siempre”; “Inconsciente colectivo”; “Fue amor”; “Telma & Louis” y “Mary Poppins y el deshollinador”. Su voz volvió a enamorarnos después de seis años y, casi como una dulce invitación, nos dijo “hay que cantar Mendoza, no importa si bien o mal”. Y, para ser honestos con la realidad, Fabiana canta cada vez mejor.

Minutos antes de subir al escenario, Marcelo Moura le adelantó a los periodistas locales que el show de Virus “iba a ser muy divertido y muy arriba y que iba a quedar en la memoria de la gente”. No les mintió. Con más de una hora de espectáculo festejado por los habitantes del patio cervecero más importante de la región, hicieron delirar, recordar, cantar, gritar y festejar la música hecha por estos verdaderos próceres. No faltaron “Imágenes paganas”; “Wadu wadu”; “Hay que salir del agujero interior” o “Una luna de miel en la mano” y, junto a otro puñado de canciones inolvidables, demostraron que siguen siendo los soberanos del ritmo electrónico y la provocación en alta fidelidad. Moura y compañía desplegaron su increíble magnetismo para mover a las masas en un ritual dance interminable.

Casi a las dos de la mañana, el público reclamaba la presencia de Miguel. Expectativa en el aire. Miradas atentas para descubrir el rincón por el que aparecería este “reincidente” de la fiesta de la cerveza de Godoy Cruz. La banda compuesta por Alejandro Mateos (batería y programación); Ariel Pozzo (guitarra) y Roly Ureta (guitarra) comenzó a dejar salir los primeros acordes y desde el costados derecho del escenario, Miguel Mateos irrumpió con guitarra en mano, campera de cuero y John Lennon asomando desde la remera, para hacer vibrar una seguidilla compuesta por los clásicos “Sólo una noche más” y “Llámame”, para dar paso a “Sellado con un beso”, de su último trabajo “La alegría ha vuelto a la ciudad”.

“Están tremendos. No saben lo que se ve desde aquí”. Un océano de amantes de la música provocaba olas de danza y brazos en alto. Las voces, todas juntas, un coro perfecto que nunca se mostró “Perdiendo el control”. Lo que parecería una versión desenchufada de “Si tuviéramos alas”, pronto se convirtió en una poderosa muestra de talento intacto. Las canciones siguieron brotando, Miguel impecable y el público, feliz.

Fuente: Prensa de Godoy Cruz

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