El jueves 20, la Filarmónica de Mendoza se presentará en el CCK

La Orquesta Filarmónica de Mendoza está lista para partir a hacer su primera presentación en Buenos Aires, que tendrá lugar en uno de los principales espacios nacionales para la ejecución de conciertos: la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner conocida como “La ballena azul”.

La Orquesta Filarmónica de Mendoza se presentará en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner (CCK) conocida como “La ba ballena azul”.

Este concierto es fundamental en la historia de la orquesta, porque representa un inmenso desafío artístico y lleva al ámbito nacional el trabajo musical mendocino. Para la ocasión, se ha previsto un programa que se introduce con obras breves de Ástor Piazzolla y que tiene su principal desarrollo con dos obras del compositor checo Antonin Dvorak: el Concierto para Chelo y Orquesta, con Matías Longo como solista, y la Sinfonía del Nuevo Mundo.

Tendrá lugar el jueves 20, a las 20, y estará a cargo del director titular de la orquesta, el maestro Gustavo Fontana.

Dado el repertorio que se interpretará, viajará la orquesta completa (74 integrantes), más su director y personal de apoyo, lo que hace que este sea uno de los viajes de conciertos más grandes que se han hecho desde nuestra provincia.

Al volver de Buenos Aires, la orquesta continuará con su programación habitual, que en las próximas semanas incluye un concierto en Rivadavia, conciertos didácticos y la preparación de la ópera La Traviata, de Giuseppe Verdi.

El ámbito donde se desarrollará el concierto, “La ballena azul”, recibe este nombre por su forma, similar a un inmenso globo o a un zepelín de concreto, que es contenido por una inmensa malla metálica y que está suspendido del techo y apoyado en unas pequeñas patas, para evitar que las vibraciones de los autos y el subterráneo, que llegan hasta la puerta del edificio, interfieran en el sonido de la sala, cuyas condiciones acústicas son impecables.

Una buena manera de promocionar Mendoza

En esta oportunidad, participará también, la reina nacional de la Vendimia, Victoria Collovati, quien será la encargada de promocionar las bondades de nuestra provincia, a través de material provisto por el Ente Mendoza Turismo.

Un grupo de funcionarios del Ejecutivo provincial también acompañarán esta acción de promoción turístico-cultural, en uno de los espacios más emblemáticos del arte a nivel nacional.

Movimientos tanguísticos de Piazzolla, Concierto para chelo y Sinfonía Nº 9 de Dvorak

La música de Ástor Piazzolla muestra claramente una equilibrada fusión entre los elementos populares del tango y los procedimientos o maneras discursivas de la música académica. Esto se comprende mejor al darnos cuenta de las particularidades de la formación del músico y de las influencias de sus maestros. Piazzolla estudió con Alberto Ginastera (1916-1983), quien le enseñó a amar a Bach y a nutrirse de las corrientes europeas más modernas y avanzadas de la primera mitad del siglo XX.

Luego de eso, continuó su formación en Europa, para volver tras años de búsqueda y crecimiento. Al hacerlo se encontró con un tango pasado de moda, arrasado por las novedades del jazz y del rock, lo que lo llevó a querer modificar y actualizar el género, buscando crear algo que ya había imaginado en detalle. Fusionó elementos y nació un tango intelectualizado, que en un principio fue muy rechazado, hasta que finalmente logró imponerse y sobrevivir.

A principios de la década de 1960, compuso Serie de tangos sinfónicos, a los que luego cambió el nombre por Tres movimientos tanguísticos porteños. El estreno fue en Buenos Aires, con una orquesta dirigida por un polaco al que se le atribuye la frase: “Es la primera vez que me sentí urgido de bailar una fuga”.

Antonin Dvorak

Cuando Antonin Dvorak estaba en su momento de mayor fama y trascendencia en Europa, fue invitado a vivir a los Estados Unidos de América. La oferta era tentadora y bien paga: se fundaba el Conservatorio Nacional de Música y las autoridades opinaban que en aquel país no existía una tradición musical sólida, motivo por el cual querían un europeo a cargo de la institución. Aceptó la propuesta y se instaló en ese país tres años. Si bien su tarea era eminentemente de gestión y docencia, continuó componiendo.

Viviendo lejos de su tierra, el compositor sentía una fuerte nostalgia, que pareció reforzarse con una visita que hizo en 1893 al pueblo de Spillville, en Iowa, donde había una colonia de inmigrantes bohemios. Al año siguiente, cristalizó su añoranza en música y comenzó a escribir su concierto para chelo, retomando una vieja idea de juventud que había quedado trunca: había intentado componer un concierto para ese instrumento, pero el intento quedó en la nada.

Una vez terminada la obra, se la ofreció al chelista del Cuarteto Bohemio de Cuerdas, pero este quería agregar una cadencia de gran virtuosismo que Dvorak consideró innecesario, por lo que el intento quedó en la nada. Finalmente, la obra fue estrenada en Londres, en 1896, con Leo Stern como solista, bajo la dirección del autor.

Durante esos años, compuso también su novena sinfonía, la Sinfonía del Nuevo Mundo, una obra en la que algunos estadounidenses sumamente chauvinistas pretenden encontrar ritmos y melodías de los pueblos originarios de la región o de los primeros colonos, idea que subsiste en numerosas “leyendas musicales” que se cuentan alrededor de esa obra. Sin embargo, el propio Dvorak aclaró que no hacía citas a lo largo de la obra, sino que pretendía escribir “el espíritu de esas melodías nacionales”.

Mientras estuvo instalado en EEUU, tuvo frecuente contacto con un cantante afroamericano que le enseñó melodías de los esclavos y los colonos. Además, nutrió su imaginación con obras literarias de fuerte nacionalismo. Pero la distancia con su suelo natal y la nostalgia hicieron que la obra esté llena de elementos bohemios, aunque también tiene melodías de corte americano o de inspiración negra. Finalmente, la sinfonía es multirracial, como lo es el país donde la compuso.

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