En los próximos meses, y en trabajo conjunto con la Corporación Vitivinícola Argentina, el Instituto Nacional de Vitivinicultura contará con un doble centro de cómputos que permitirá resguardar la información en caso de catástrofes.

Este profundo cambio está basado, además de la formación de los recursos humanos en el país y en el mundo, en la utilización de las más modernas tecnologías en sus laboratorios (fijos y móviles) y en sistemas de información.

Hoy, además del control de la utilización del alcohol no vínico y el control del agua exógena, se controla la varietalidad de los vinos de color. Además se hace una rigurosa trazabilidad que permite la determinación del origen en cuanto a área geográfica y año de cosecha. Estas nuevas tecnologías se profundizan en 2009 cuando se establece la obligatoriedad de la utilización de los registros electrónicos.

Ésto produce una fuerte innovación en la forma en que los establecimientos industriales, y en particular las bodegas, llevan los inventarios de los productos como así también los tiempos que demora la fiscalización por parte de los inspectores del INV, iniciándose una mejora sustancial sobre el control de viejas prácticas en materia de manejo de valores de inventarios. Con posterioridad se produce una muy importante inversión en tecnologías de información que ha llegado a contar con sistemas de control on line de vinos de terceros.

Sin embargo en todos estos años de utilización de las más modernas tecnologías no se ha avanzado sobre remitos de uva, que nos den la trazabilidad de la uva desde el viñedo hasta la bodega y el control exhaustivo del producto ingresado, no sólo en la cantidad sino también en la variedad. Lo mismo se puede hacer extensivo a lo que sucede en el empaque y en las plantas de secado para uvas en fresco y pasas.

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Por este motivo, y con la intención de garantizar una mayor precisión en los datos de cosecha y siguiendo la tendencia de las tecnologías aplicadas por los países de mayor desarrollo de la vitivinicultura, en los próximos meses se iniciará el proceso para poder contar con una “Tarjeta del viñatero”.

No se trata de un nuevo sistema de control sino de una mejora en el control ya existente que trae aparejado un sinnúmero de beneficios. Se trata de un avance en los instrumentos-medios de control que genera beneficios para todas las partes involucradas, tanto a la vitivinicultura argentina como a los productores y a las bodegas.

Se trata de una tarjeta electrónica que remplaza al “Certificado de Ingreso de Uva” (CIU) y aporta al proceso de información: simplificación administrativa, inmediatez, transparencia para todos, mayor certeza, competitividad, etc.

Este documento de identidad del viñedo, de uso obligatorio en el momento de cosecha, además de contar con toda la información del viñedo tal cual lo contiene en forma escrita la cédula del viñedo, incorporará los rendimientos probables en función de las cosechas de los últimos años, lo que permitirá tener la información en tiempo real de los rendimientos esperados.

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Con esta tarjeta el productor podrá realizar la correspondiente actualización de sus datos al momento de producirse la entrega de uva a la bodega y, en ese mismo instante, se producirá la transferencia de datos hacia el INV, lo que permitirá que además se mejore el control respecto de la relación uva/vino que se produce entre kilogramos ingresados y litros de vino obtenidos para cada una de las bodegas del país. Permitirá que los inspectores del INV además de controlar el tenor azucarino de la uva, puedan tener una precisión respecto de la uva que se debe ingresar a la bodega.

Por otro lado, el sistema permitirá también al INV poder verificar en el mismo momento tanto el ingreso de las variedades mediante la compulsa visual de los registros indicados en la tarjeta como la uva que se encuentra en el camión. En el futuro, y ya con la instalación de las básculas con cabezales electrónicos, la misma información de la pesada podrá ser transmitida on line.

Se pretende que los datos sean ingresados a las bases de datos del INV en el mismo momento en que se produce la descarga de la uva permitiendo de esta manera que el viñatero tenga en su poder el comprobante que certifica la entrega de la materia prima a la bodega. Este sistema otorgará, además de transparencia, la seguridad de que se minimizarán acciones de fraude o algún caso de connivencia entre productor y bodega que pueda alterar la información final de cosecha.

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Queda para nuestros legisladores dotar de las normas necesarias en cuanto a la posibilidad que en estos mismos documentos se exija la indicación de las condiciones de pago.

El procedimiento remplaza al Certificado de Ingreso de Uva (CIU) por lo que no es algo que genere una complicación administrativa sino todo lo contrario. Se trata de una simplificación administrativa y una constancia inmediata al momento de la entrega de la uva, a diferencia de lo que sucede en la actualidad donde el productor firma con posterioridad el CIU. A su vez, el productor va a poder chequear on line los kilos y las variedades que efectivamente han sido ingresados a esa bodega.

El sistema también va a permitir la actualización anual de las hectáreas implantadas sin necesidad de realizar un censo cada diez años dado que el productor va a tener que actualizar su registro y además declarar anualmente las nuevas implantaciones porque, de otra manera, el sistema no le va a permitir ingresar uva porque no corresponderá al rendimiento histórico del viñedo. Seguramente con el tiempo se podrán incorporar una serie de beneficios económicos y sociales a la tarjeta del viñatero.

Fuente: INV

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