Detectaron importantes niveles de toxicidad en el río Tunuyán usando gusanos

Es un método novedoso capaz de revelar la presencia de sustancias que no se advierten con los análisis de rutina. Aclararon que los parámetros de calidad del agua siguen siendo aceptables para el uso agropecuario.

Una investigación de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) posibilitó la detección de contaminantes tóxicos en las aguas del río Tunuyán. La novedad es la metodología utilizada: un gusano que, al ser colocado en el agua, revela su índice de toxicidad dependiendo de cuánto aumente su longitud.

El equipo encargado de la investigación divulgó en su sitio web los resultados:

“Concretamente, en un 40 % de los casos, la respuesta del gusano no tuvo que ver con los parámetros que se miden en los análisis de rutina. Claramente, se debió a sustancias tóxicas –como nitratos, fosfatos y combos de agroquímicos– que, de otra manera, nunca hubieran sido detectadas”.

La investigadora a cargo, Araceli Clavijo, destacó que este organismo, de nombre Caenorhabditis elegans, “debería convertirse en una herramienta clave para, junto a las que ya existen, gestionar mejor los recursos hídricos del país”.

El caso del río Tunuyán

Las aguas del río Tunuyán están destinadas al uso agropecuario, especialmente para riego de vastas zonas del Valle de Uco implantadas con vides y frutales. En este sentido, el responsable del Programa de Riego y Drenaje del Instituto Nacional del Agua (INA), José Morábito, afirmó que “no es lo mismo que pensar en el agua potable”.

Un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO y del Centro Regional Andino del INA realizó monitoreos mensuales o bimensuales en el río a través de análisis físicoquímicos y microbiológicos, como la medición de temperatura y conductividad eléctrica del agua. Hace dos años, el grupo fue contactado desde Buenos Aires para solicitar muestras de agua del río Tunuyán y así poder aplicar esta novedosa metodología de los gusanos.

Morábito es parte del grupo y resaltó a Unidiversidad que el uso del gusano C. elegans para medir la calidad del agua permite, por ejemplo, descubrir la presencia de pesticidas, a diferencia del análisis clásico. La colaboración con el grupo investigador de Buenos Aires permitió establecer que en el río Tunuyán “no hay problemas relevantes de calidad del agua desde el punto de vista agropecuario”.

La idea a largo plazo es aplicar la metodología en Mendoza. Morábito explicó que es un método nuevo y que el primer paso fue trabajar en conjunto con los profesionales de Buenos Aires. En el futuro, buscarán incorporar un especialista en la materia para así poder implementar el estudio. “Lo estamos buscando”, reveló el funcionario.

Cómo actúa el gusano

Es un bioindicador: si lo colocamos en agua contaminada, crece menos, y eso nos alerta sobre la presencia de sustancias tóxicas. Esta metodología es ideal para complementar los clásicos análisis de aguas, que estudian la calidad a través de parámetros bacteriológicos y fisicoquímicos, pero que no permiten predecir cómo ciertas aguas contaminadas pueden afectar la salud de los seres vivos”, manifestó Araceli Clavijo, quien estuvo a cargo de la investigación.

Primero se toman las muestras de agua. Luego se llevan al laboratorio y se colocan en cajas de vidrio especiales, en las que se encuentran estos gusanos en un estado larval. Allí completan su ciclo, que dura 96 horas. Finalemente, el C. elegans es medido: mientras menos haya crecido, más toxicidad hay en el agua.

Vista del gusano Caenorhabditis elegans al microscopio. El color verde se debe a la emisión de fluorescencia. Foto: Araceli Clavijo.

Clavijo señaló que el gusano es muy parecido –genéticamente hablando– al ser humano y, por lo tanto, los resultados pueden extrapolarse con confianza. “La gran mayoría de genes que determinan nuestras enfermedades están presentes en el gusano”, puntualizó.

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