Cómo sigue la vida del mendocino que perdió su trasplante por un vuelo que no llegó

Eduardo Salice es de Alvear y debía recibir un riñón el sábado. Esperan que aparezca un nuevo donante y piden que esto no le pase a otros.

No queda otra opción que seguir adelante. Hay que trabajar para pagar las cuentas, atender las demandas de los hijos, en síntesis la vida sique por curso normal, eso no implica que los alvearenses Eduardo Salice y Natalia Tobio puedan dejar atrás tan fácilmente el pésimo momento que les tocó vivir después de seis años de espera: el riñón que le iban a trasplantar a Eduardo se perdió porque no salió el vuelo que traería el órgano de Buenos Aires a Mendoza.

“Fue una sensación de un vacío total cuando llegamos al hospital Español en Mendoza. Nos recibió el médico que iba a hacer el trasplante y nos dijo que el órgano no había salido de Buenos Aires”, dijo Natalia Tobio que todavía intenta encontrar una respuesta que sea mínimamente aceptable a una situación que difícilmente la tenga.

“Nos habíamos hecho tantas ilusiones pero con lo que cuesta conseguir un donante y que ese órgano se haya perdido, no solo por Eduardo, para cualquiera que lo necesitara, no se, es algo que espero no vuelva a ocurrir nunca más”, añadió Natalia.

Eduardo es de perfil bajo, no le gusta hablar del tema y menos del trasplante que nunca se hizo. Él sigue con sus obligaciones diarias como siempre y su esposa es la que se anima a contar lo que viven.

Eduardo nació con problemas renales. Uno de los riñones no se desarrolló y el otro con el paso del tiempo enfermó. A los 24 años le diagnosticaron una insuficiencia renal crónica (glomerulonefritis) y en 2002 comenzó con diálisis. Son tres veces por semana cuatro horas por día.

En 2005 se sometió al primer trasplante y creyó que había encontrado la solución permanente a su problema de salud.

“Era la solución definitiva, al menos eso pensábamos, pero no fue así, tenía un tiempo de duración y en su caso fueron 7 años, después volvió otra vez al centro de hemodiálisis”, contó la esposa.

En 2012, luego de atravesar varias complicaciones pudo vovler a ingresar en la lsita de espera de

Salice es analista en sistemas y trabaja como docente en dos escuelas, una en Bowen y la otra en Alvear Oeste, ambos distritos de General Alvear.

Pese a su padecimiento “hace su vida normal, es más hasta ahora mucha gente y también compañeros de trabajo no sabían que tenía este problema. Él cuando va a diálisis después devuelve las horas, trabaja un poco más por día o hace actividades extras para compensar. Hay días que se va a las 7 de la mañana y vuelve a las 7 de la tarde”, comentó Natalia.

Tras el escándalo que significó que un órgano quedara completamente inútil porque el vuelo que debía trasladarlo desde Buenos Aires a Mendoza no salió en el horario previsto (sábado a las 6 de la mañana) Natalia primero se despachó por las redes sociales pero después en el mano a mano, y con la mente más fría afirmó: “Por ahora no pensamos en hacer nada (por acciones judiciales) por lo que pasó y no queremos politizar el tema, para nada, pero esto no puede volver a ocurrir. Nos habíamos hecho tantas ilusiones, una vida nueva, pensar en unas vacaciones en las que podíamos ir a cualquier parte sin estar buscando un centro de hemodiálisis cerca, fue lindo, pero otra vez a esperar que haya un donante compatible”, agregó.

“El sábado primero fue a diálisis y a las 8 salimos para Mendoza – continuó el diálogo –pero antes hay que organizar todo en la casa, dejar a los chicos al cuidado de mi mamá (Joaquín de 10 y Valentino de 7), y después hacer los 300 kilómetros, porque no estamos a la vuelta de la esquina. Si fue por el G20 o no, no lo sabemos, nos enteramos por los medios y la verdad poco importa. Pero gastan plata en tantas cosas y un avión sanitario era muy caro y como no era un órgano prioritario lo enviaron por una línea comercial, al final no sirvió para Eduardo, ni nadie más”, resaltó.

La docente de educación especial resaltó la labor de los organismos (Incaimen e Incucaiba) que “hacen un trabajo espectacular y la pérdida del órgano fue también una pérdida de trabajo muy grande”, pero más allá del triste proceso que vivieron, Natalia espera que “la gente no se asuste a la hora de ser donante”, terminó.

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