El Tribunal de Cuentas de la Provincia encontró numerosas, graves e inadmisibles irregularidades a Carlos Omar Bianchinelli por su gestión en el Instituto de Juegos y Casinos de la Provincia, durante el ejercicio 2014.

No registró como debía el financiamiento para la deuda flotante; incumplió la Ley de Responsabilidad Fiscal al no transferir a la Administración Central el porcentaje de recursos obtenidos que exige esa norma; tampoco registró todos los gastos en el presupuesto y de esa forma evitó exponer el verdadero déficit del ejercicio 2014.

Además, el Tribunal de Cuentas comprobó que había millonarias diferencias entre la información que proporcionó Bianchinelli en relación a la recaudación acumulada del Instituto y lo que, por su lado, tenía registrado el Sistema de Información Consolidada de Contaduría General de la Provincia.

Como si fuera poco, la gestión del maipucino Bianchinelli volvió a evidenciar deficiencias contables en operaciones de permisionarios de juego; y para intentar justificarse dijo que la causa de la grave irregularidad era la “registración manual de los asientos”, excusa inadmisible que disfrazó, además, con la promesa de hacer “todo el esfuerzo para desarrollar un sistema integral de cuentas corrientes”.

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Se le verificaron inentendibles demoras de varios días en la cancelación de sorteos de juegos foráneos; esto implicaba transferencias millonarias. Bianchinellí alegó que en los juegos contratados de la Caja de Asistencia Social de Sana Fe y con la Caja Popular de Ahorro de Tucmán, como el Quini 6 o la Tómbola Combinada, “el procedimiento administrativo” tenía muchos “controles, verificaciones, visto buenos y constataciones”.

Llamó mucho la atención del Tribunal de Cuentas de la Provincia, el Expediente N° 8035 -I- del año 2013. Se trata de una extraña licitación pública para la contratación de la concesión exclusiva de la explotación de los servicios de bar, cafetería, confitería y afines en la sala del Casino Central.

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La incompresible explicación de Bianchinelli ante las irregularidades observadas allí por el Tribunal, giró en torno a la excusa de “no tener antecedentes sobre otras concesiones de este tipo”.

A partir de ese falaz argumento, Bianchinelli se permitió no evaluar económicamente el monto del canon de esa concesión, por un lado, y hasta extender el plazo de la misma un año más para que los adjudicatarios “tuvieran un tiempo razonable para amortizar la inversión”.

Todas estas concesiones por parte de Bianchinelli favorecieron notablemente al “único oferente” que se presentó al proceso licitatorio.

Ciertamente, el combo del Pliego de Observaciones del Tribunal de Cuenta a la actuación de Bianchinelli en la gestión 2014 al frente del Instituto de Juegos y Casinos, es numeroso y no alcanza un artículo periodístico para siquiera mencionarlas. Hay irregularidades por todos lados, hasta en la contratación del Diseño de la página web del Casino Central de Mendoza, en el servicio de limpieza, horas pagadas de más a prestadores de diferentes servicios… ni siquiera las barandas de PVC que colocaron el Casino pasaron por un proceso licitatorio limpio.

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Simples refacciones de baños, pagos y certificados de obras irregulares, incompatibilidades de cargos, las contrataciones con las agencias, viajes sin rendiciones de cuenta, facturas de celulares no identificados, y muchas más anomalías conforman una de las carpetas más escandalosas que pueda tener en su haber un ex funcionario, hoy diputado, del sector Azul del Peronismo mendocino.

En futuras entregas, no sólo detallaremos los puntos anticipados en este artículo, sino que además revelaremos las decenas de observaciones que aún quedan del voluminoso expediente 305-A del Tribunal de Cuentas en relación a sólo uno de los años en que Bianchinelli estuvo al frente del Instituto de Juegos y Casinos de Mendoza.

Fuente: Sitio Andino

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