YPF: un plan en busca de la soberanía energética

Las cartas están echadas y, sin duda, están a años luz de las jugadas por Repsol durante los años en que la empresa española condujo los destinos de YPF. En la práctica, y aunque todavía no se conocen los detalles de la propuesta que acercará Miguel Galuccio a los potenciales socios de la petrolera a fines de septiembre cuando desembarque en Houston, las líneas generales y los límites quedaron claros. Que la compañía recuperada por el Estado nacional se proponga repartir el 5% de las utilidades en los próximos años implica una definición tajante. Se diría que suficiente para alejar aves de paso, algunos buitres y no pocos caranchos. No se tratará, entonces, de asociarse con cualquiera y a cualquier precio.

El escenario presentado por el CEO de YPF supone una tasa de reinversión en línea con el objetivo de financiar con flujos propios el 80% de la inversión quinquenal calculada en 32.700 millones de dólares; de los cuales, el 73% se destinará a explotación, un 22% a tareas de refinación, un 4% a la exploración de diversas áreas y un 1% para la corporación. Un plan cauto en materia de endeudamiento. ”La estabilidad financiera de YPF está asegura”, subrayó Galuccio. El mensaje, según los entendidos, tuvo como destinatarios a grupos locales y extranjeros que criticaron la expropiación y presionaron, tras la reglamentación de la Ley de Soberanía Hidrocarburífera, para obtener un marco regulatario que les permitiera a las multinacionales que se reunieron con Galuccio –Exxon Mobil, Chevron y Cnooc– la libre disposición del recurso y las divisas que el negocio produce.

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