En primer lugar, hay que resaltar que esta discusión es posible sólo en un proceso de restitución y conquista de derechos como el que venimos viviendo desde 2003: recuperación del trabajo como ordenador social, Asignación Universal por Hijo como derecho adquirido por todos los hijos de los trabajadores, ampliación de los derechos civiles como el matrimonio igualitario o la Ley de Identidad de Género, y sobre todas las cosas recuperación de la política como herramienta de transformación.

Sabemos, entonces, cuál es la política de este proyecto para los jóvenes: más inclusión, más participación y más organización.

Haciendo un poco el juego de las diferencias veamos cuáles fueron las políticas de los distintos proyectos políticos que vivimos en los últimos 40 años, quizás nos sirva para entender por qué hay algunos sectores que se oponen.

María Claudia Falcone era una joven de 15 años. Militaba allá por los ’70 en la Unión de Estudiantes Secundarios y soñaba con construir una Patria Justa, Libre y Soberana. Junto a sus compañeros desarrolló la pelea por conseguir el medio boleto secundario. La dictadura militar respondió a estos sueños y anhelos con la desaparición y la muerte: eran pibes y pibas, todos ellos militantes políticos, que resistían los atropellos a la democracia y los ajustes al bolsillo de los trabajadores.

Walter Bulacio era un joven de 17 años. Uno de los tantos jóvenes fanáticos de los Redonditos de Ricota. En esos años, a principios de los ’90, los recitales de rock eran uno de los lugares de resistencia al pensamiento único del neoliberalismo. En uno de esos recitales, la policía lo detuvo y lo mató a golpes y lo tuvo una noche en la comisaría, sin cometer otro ”delito” que ir a ver a una banda de rock.

Darío Santillán empezó su militancia en el colegio secundario, a los 16. Rodeado por una realidad cada vez más creciente de marginación se convenció de que la militancia política era la manera de resistir el ajuste. Empezó militando en el colegio secundario y prontamente se ligó a los movimientos de trabajadores desocupados, donde militó hasta el 26 de junio de 2002, cuando en una protesta, la policía lo asesinó –junto a Maximiliano Kosteki– en la estación de trenes de Avellaneda.

Ahora pensemos: ¿Por qué se oponen al voto de los 16?, me parece que queda un poco más claro, porque son los mismos que construyeron un modelo de exclusión de las grandes mayorías populares donde el único lugar que había para los pibes y pibas era la represión, el ajuste y la exclusión.

El tren de la historia no pasa muchas veces en la dirección de los intereses del pueblo, esta oportunidad que se abrió en la Argentina con la llegada de Néstor Kirchner es única. Fortalezcamos la democracia, la participación y la ciudadanía, convoquemos a nuestros pibes a ser parte de la historia.

Por María Claudia Falcone, por Walter Bulacio, por Darío Santillán y tantos más… ¡Vamos los Pibes!

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