Acorralado bajo la sombra de su jefe. Con mucho poder dentro del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pero, a la vez, con un escaso caudal electoral en su territorio. Este desequilibrio, por ahora, impide que el rol de funcionario preferido de Mauricio Macri lo transforme en ”el sucesor” a partir de 2015.

Así vive los últimos días de su quinto año de gestión, siempre en el mismo puesto, el secretario general porteño Marcos Peña. Hace una década, cuando tenía 26, resultó el legislador más joven de Compromiso para el Cambio en las elecciones de 2003. En los comicios de 2007, bajo la marca PRO y en la boleta encabezada por Macri junto a Gabriela Michetti, Peña revalidó sus títulos legislativos. Luego, dejó la banca para transformarse en la mano derecha del flamante alcalde, un puesto que planea abandonar a finales de 2013, cuando concluya el año electoral que se avecina y se retire de la secretaría más importante de las cinco que reportan directamente a Macri: una virtual jefatura de Gabinete paralela o un súper ministerio con apariencia de oficina.

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Antes de 2014, confiesan sus más estrechos colaboradores, ”Marquitos” estará a cargo de todo el armado nacional para la campaña presidencial del líder del PRO, un timón político que ya manejó este año, a través del ministro de Gobierno de la Ciudad, Emilio Monzó. El ex titular de la cartera de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli pronto cumplirá sus primeros 12 meses en el cargo, bajo las alas de Marcos. Monzó arrancó con la certeza de que podía convencer a Michetti para conquistar la provincia de Buenos Aires y está a un paso de terminar sin candidato para pelear el mayor distrito electoral, gracias a la mujer que ahora analiza su postulación como senadora por la Capital. Señales de un enfrentamiento, casi sin retorno, con Peña, ese joven que le presentó a Macri allá por 2002.

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