Paradójicamente, el próximo 17 de octubre, la burguesía argentina recibirá la disertación de un obrero brasileño, un hermano latinoamericano, para explicarles cómo logró que Brasil se posicione como sexta economía mundial. Será en el 48º Coloquio Anual de IDEA, entidad que nuclea a las 400 empresas más importantes del país, encuentro que abordará el tema ”Empresas como motor del desarrollo sustentable”. Y será en la cena de apertura, donde el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva expondrá sobre su experiencia de gobierno en la materia y de cooperación con América latina, comentó José Chrispiniano, asesor del Instituto Lula, a Miradas al Sur.
No es la primera vez que Lula habla ante empresarios argentinos. Debutó en esa tribuna en el Hotel Sheraton en 2003, también un 17 de octubre, esa vez como presidente. En esa oportunidad, logró revertir una imagen de ”líder anticapitalista”, que asustaba a los mercados, y sedujo a los patronos de la industria con su propuesta de desarrollo, donde resultaba ”miel para sus oídos” escuchar que su propuesta incluía financiación a proyectos binacionales. A su vez, lo aplaudieron de pie cuando los arengó a invertir en otros mercados. ”Oigan compañeros, anímense a ser transnacionales”, fue la frase ovacionada por los hombres de traje.
Esta idea estaba acuñada en Lula por su lectura del libro La ventaja competitiva de las naciones, de Michael Porter, que citaba en cada discurso, como en una reunión del Consejo de Economía en 2004, donde anunció su política de empresas de clase mundial, diciendo: ”Precisamos tener empresas líderes mundialmente, empresas capaces de imponer sus precios a escala mundial (…) precisamos tener empresas líderes en los sectores de Minería, Pollos, Papel y Celulosa, Agropecuario, Bancos, Telecomunicaciones”.
La ejecución de estas ideas es lo que escucharán los que abonen los $7.000 pesos (diez mil para no socios) para participar del encuentro, especialmente en la cena donde discurrirá la tenida. Una participación que fue impulsada por empresas brasileñas radicadas en la Argentina, que comenzó en mayo del año pasado, y que intentará seducir a sus pares argentinos para que acompañen una estrategia como la de su país.
Para eso, los empresarios argentinos tendrían que comprender que Lula reorientó una política industrial, que había desplegado Collor de Mello en 1990, conocida como PICE (Política de Industria y Comercio Exterior), que sencillamente abandonaba las acciones orientadas al proceso de industrialización de los Programas de Desarrollo adoptados durante la dictadura, que implicaban promover la consolidación de segmentos complejos de la agroindustria, la minería y la metalurgia. Durante la década neoliberal, la estrategia fue colocar a la industria brasileña ante la competitividad del comercio internacional. Por ende, los préstamos del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil se orientaron sólo a empresas de competitividad internacional.
Tal como sostiene Wilson Cano, profesor de la Universidad Federal de Campinas, el gobierno de Lula vetó la política antiindustrialista, y si bien mantuvo cierto parámetros macroeconómicos de corte ortodoxo, desde 2005 se implementó la Pitce (Política Industrial, Tecnológica y de Comercio Exterior), un conjunto de medidas de promoción que buscaban apuntalar a la economía brasileña. Si bien tuvo un largo derrotero, para sortear los esquemas desplegados por el anterior PICE, esta nueva orientación tuvo como eje generar ventaja competitiva desde la lógica tecnológica.
En tal sentido, en una entrevista reciente de Miradas al Sur a Aloízio Mercadante, el actual Ministro de Educación, que estuvo a cargo de la cartera de Tecnología, sostenía que: ”Como política tecnológica buscamos revertir la lógica de un capitalismo tardío, que toma más tarde las innovaciones. Por eso, hemos realizado inversiones importantes en todos los niveles de ciencia y tecnología, especialmente en ciencia básica, generando a su vez, un vínculo importante con los procesos de producción”. A su vez, comentó: ”Debemos tener el desafío no sólo de copiar tecnología, sino también crear para luego patentar nuestras propias innovaciones”. ”Somos capaces, tenemos esa potencialidad en nuestros investigadores”, sentenció.
Quizá, los empresarios esperen tener una mera anécdota de haber cenado con un ex presidente, obrero hijo de campesinos analfabetos, que logró tener un crecimiento sustentable en Brasil, reduciendo la pobreza al 7% en solo ocho años. Ojalá el empresariado argentino, y con él parte de la oposición inspirada en los esquemas neoliberales de los noventa, comprendan que Brasil se nutre de una profunda reorientación de la política industrial, que implicó no dejar la economía al devenir del mercado, sino que surgió de un conjunto de medidas que ayudaron a dinamizar y liberar potencialidades y recursos existentes para garantizar un crecimiento sustentable, dejándoles como interrogante: ¿son sólo las empresas el motor del desarrollo?.

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