Un debate que mezcla prejuicios y convicciones político-ideológicas

Y es que se trata de una generación que se crió en otro país, diferente al neoliberal e hiperindividualista de los ’90 y diametralmente opuesto al de los años de la dictadura. Ese cambio, ese no saber qué podrá pasar con jóvenes que ya opinan, militan, participan y que ahora podrán votar, es lo que genera miedo y el rechazo de los que sienten que su tiempo, pero también su conservadora mirada de la sociedad, está llegando a su fin.

Este temor, que nada tiene que ver con el que hablan los opositores a partir de una frase descontextualizada de CFK, es el que los hace correr detrás de argumentos irracionales como el que dice que se pretende manipular como corderos a cientos de miles de inexpertos sociales.

Algo parecido, o incluso hasta peor, dijeron de las mujeres cuando se debatía su incorporación a la condición de ciudadanas con derecho a votar. Cuando lo hicieron por primera vez, el mundo no se destruyó, no hubo cataclismos. Hace 65 años que se sancionó y debieron pasar décadas para que haya una mujer conduciendo el país.

¿A qué le tienen miedo los que se oponen al proyecto que habilita a votar a partir de los 16 años? Tal vez no lo sepan de manera cierta o tal vez lo intuyen, pero saben que los jóvenes de estos años no son iguales a los que se criaron durante la dictadura, como tampoco lo eran los que crecieron al amparo de la joven democracia de los años ochenta. Estos tampoco fueron iguales a los que le siguieron y que mamaron el ideal individualista de los ’90, los del kilómetro 501 que se negaban a votar, que descreían (con razón) en las añosas estructuras partidarias y comprobaban que el futuro era crisis. Las nuevas generaciones son distintas porque viven en un país diferente, que se desarrolla en el modelo político-económico vigente, donde el Estado reconoce derechos a sectores de la sociedad que fueron, en el mejor de los casos, ignorados. Este cambio opera en la sociedad, transformando el inconciente colectivo que por décadas promovió la anomia y el individualismo en un disparador de actividad, participación y solidaridad. No es poco.

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Así, el proyecto tiene la virtud de desnudar al legislador, de mostrarlo tal cual es. Por caso, Fernando Solanas se opone con el trivial argumento de que se trata de una burla del gobierno nacional y que antes de acompañar la norma se debe llamar a debatir con todos esos jóvenes. Es posible afirmar que Solanas no le tiene miedo a la juventud, pero sí que está demostrando cuánto se alejó de lo que está sucediendo en la calle.

En el Frente para la Victoria también aparecen algunos que dicen estar en desacuerdo con la iniciativa. El temor al cambio no reconoce banderías políticas y la expresión de la senadora Sandra Giménez (Misiones) es uno de esos ejemplos. Es probable que aparezca algún otro pero no cambiará el consenso generalizado que hay en los bloques del FpV. Otro tanto sucedió cuando se debatió la ley del matrimonio igualitario. Los temores y prejuicios eran más fuertes que las convicciones políticas. Las audiencias públicas sirvieron para desbaratar esas estructuras anquilosadas y la ley es ahora una realidad. Algo similar puede llegar a ocurrir con esta nueva norma.

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Este proyecto tiene además un plus de importancia para el FpV. Desde hace un tiempo, la presidenta Cristina Fernández viene dando señales concretas sobre la participación juvenil en el gobierno, y este proyecto está en esa línea. La casi segura fuerte presencia de jóvenes en las listas para los comicios parlamentarios del año próximo, también forman parte de esas señales presidenciales. Es un cambio que está en marcha y que incluye a todas las organizaciones kirchneristas como La Cámpora y el Movimiento Evita, que ya tienen presencia en el bloque de diputados. Este proceso puede provocar un cimbronazo en las bancadas que conducen el diputado Agustín Rossi y el senador Miguel Pichetto, pero de eso se trata el cambio. Algunos legisladores continuarán, otros dejarán de estar, pero así se mueven las sociedades, sus gobiernos y sus Parlamentos. Claro, no faltará el dirigente de la oposición, con la inestimable ayuda de los medio hegemónicos, que creerá encontrar similitudes con el régimen de los Khmers Rouges de la Camboya de los años setenta.

Esta semana se conocerán los invitados a las audiencias públicas para debatir el proyecto de ley donde se presume preeminencia juvenil y los oficialistas prometen alguna sorpresa. Será interesante ver la lista de los invitados que propongan los que se oponen y qué argumentos utilizarán para rechazar una transformación que vislumbran irreversible.

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