The Economist analiza las ventajas y desventajas del gradualismo de Macri

Al son de bombos y uno que otro petardo, decenas de miles de sindicalistas marcharon por el corazón de Buenos Aires el 7 de marzo agitando banderas para protestar por la pérdida de empleo y la inflación.
La protesta coincidió con un paro de los docentes. Esta agitación de la oposición se da en un momento delicado para el presidente de la Argentina, Mauricio Macri , y sus esfuerzos por reparar el daño infligido por el populismo de sus predecesores peronistas, Cristina Fernández de Kirchner y su marido, ya fallecido, Néstor.
En Octubre la coalición Cambiemos de centro derecha de Macri enfrenta elecciones de mitad de período en la que se renueva casi la mitad del congreso. Este será un referéndum simbólico para el gobierno.
De hecho es sorprendente que Macri, ex empresario, siga siendo tan popular (su tasa de aprobación es de alrededor del 50%). Su victoria en noviembre de 2015 fue inesperada.
Según la publicación semanal en lengua inglesa, con sede en Londres, se heredó un país con el futuro hipotecado: las reservas internacionales eran casi inexistentes; una disputa con tenedores de bonos había cerrado la puerta a los mercados de crédito para la Argentina; la inflación era de alrededor del 30%; y el déficit fiscal era un 5,4% del PBI en 2015, inflado por subsidios indiscriminados a consumidores y compañías amigas del gobierno kirchnerista y financiado con emisión.
El equipo de Macri actuó rápidamente para desmantelar los controles de cambio, devaluar el peso y arreglar con los acreedores.
Elevaron las tasas de interés para evitar que se descontrolara la inflación, lo que empujó la economía a una breve recesión. Fuera de ello han actuado con cautela.
Las metas oficiales apuntan a alcanzar una inflación de un sólo dígito recién para 2019, cuando el déficit debiera ser del 2,2% del PBI. Alrededor de un 15% de las importaciones aún están sujetas a las barreras impuestas por los Kirchner.
Pero el gradualismo no es ninguna panacea. A las empresas les preocupa que el uso de créditos en dólares para financiar el déficit fiscal, aunque no sea inflacionario, esté llevando nuevamente a la sobrevaluación del peso.
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