La confrontación política no siempre es transparente a los ojos de la ciudadanía. Un aspecto clave en el movimiento público de los grupos de opinión es el vínculo entre los objetivos que se plantean y las estrategias concebidas para alcanzarlos. Por ejemplo: un grupo partidario puede difundir su voluntad de conquistar el gobierno y, exponiéndolo, está en su legítimo derecho. Ahora bien, si el método para lograr esa meta es un golpe de Estado, la propuesta cambia brutalmente de signo y pierde su potencial legal para convertirse en un plan delictivo.

Sin embargo, no siempre la cuestión es tan sencilla. Puede ocurrir que un dirigente enumere una serie de acciones que, inocuas y hasta loables en su apariencia, oculten en su ejecución consecuencias nocivas para el conjunto de la ciudadanía. Ese podría ser el caso de quienes reclamaban la implementación inmediata del 82% para las jubilaciones sin aclarar que la medida podía generar un descalabro del sistema previsional echando por tierra la progresiva consolidación alcanzada en los últimos años.
”Lo que no es en absoluto frecuente, en cambio, es que un sujeto político inscripto en el marco del sistema democrático exponga sin pudor alguno una serie de acciones que, además de configurar en sí mismas el perfil de un delito, pongan en peligro el andamiaje total de la República.”

Se me dirá que semejante conducta es concebible solamente desde el humor, la estupidez o la locura. Y que la realidad de la vida política no alberga ese tipo de huéspedes. Permítanme presentarles una notable singularidad argentina. El día de ayer, con la estridencia de una propuesta sin maquillaje o condicionamiento ninguno, apareció en el paisaje de la red el siguiente bando:

GRANOS, NO PAGUEN LA SOGA CON LA QUE LOS AHORCARÁN

Mensaje para todos los productores de granos de la República Argentina. Hoy, como nunca antes en la historia nacional, es legítima la evasión tributaria, aunque el gobierno la repute como criminal. Cada peso que se le pague a la dictadura kirchnerista será malversado y puesto al servicio de la consolidación del régimen. Cada peso y cada dólar que ustedes conserven, será salvado del desastre y podrá ser invertido eficientemente en el momento de la redención republicana, que está más cerca que lejos. Las siguientes actividades convienen a los intereses objetivos de la Patria:

1) Acaparar granos en silos-bolsa; 2) Realizar contrabando sin pasar por la confiscatoria Aduana Argentina, eludiendo retenciones y cualquier otro impuesto;
3) Subfacturar exportaciones;
4) Retener divisas en el extranjero sin liquidárselas a tipo de cambio miserable a la tiranía;
5) Mantener cuentas bancarias o efectivo en el extranjero resultante de sus actividades productivas fuera del conocimiento de la organización hitleriana AFIP.

Promoveré personalmente amnistías para todo productor que desarrolle cualquier conducta descripta, si acaso el actual
aparato represivo del estado instruyera acciones penales o civiles en contra de quienes con su esfuerzo generan gran parte del producto nacional bruto y son esquilmados para subsidiar a empresarios ladrones que fabrican basura a precios carísimos y que, de remate, necesitan protección aduanera para seguir robándonos cada día del año. Firmado: Carlos Maslatón; CUIT 20-13131163-0.

El instructivo que aquí reproducimos reúne iniciativas fácilmente detectables en el Código Penal y por cuya comisión un tribunal cualquiera no tendría mayores problemas en condenar a quienes decidieran sostener el emprendimiento. Lo notable del caso es que el texto lleve la firma de un dirigente y haya aparecido en la página web de una agrupación política que ha remozado su fervor proselitista desde el inicio del presente año electoral. El firmante Maslatón integró las filas del capitán ingeniero Álvaro Alsogaray en tiempos en que los liberales no habían contaminado aún sus huestes con falsos peronistas. Militó en la derecha un iversitaria reunida bajo la sigla UPAU. La agrupación que hoy lo alberga es la UPT, sonora sigla de una corriente liderada por la ex ministra ajustadora de jubilados Patricia Bullrich. Más allá del dislate que supone por parte de una fuerza política hacer pública una expresa apología del delito y el instar a cometerlo, vale la pena detenerse en algunas implicancias clave contenidas en el panfleto.

El sistema tributario de una Nación es un instrumento básico en la definición de un rumbo político determinado y del modelo de país que se pretende imponer. Otro elemento determinante es el papel del Estado en la regulación de la vida económica de una comunidad y su actitud y voluntad en la redistribución de la riqueza. Ambos perfiles son los encarados por el vocero del crimen para minar con sus propuestas la arquitectura del modelo nacido con Néstor Kirchner y sostenido consecuentemente por la Presidenta.

Pero basta una recorrida por los ítems referidos para notar la coincidencia de ciertas acciones con reclamos y denuncias de algunos sectores de la arena política que, aislados y extraídos del contexto global de una acción de gobierno, han generado más de un traspié pagado ulteriormente por el conjunto der la ciudadanía. Ese es el caso de la Resolución 125 y las retenciones del ámbito agropecuario, disfrazadas en su momento como un ataque a la propiedad privada. La acumulación de granos, las medidas en el plano cambiario y la calificación de la AFIP como organismo ”hitleriano” forman parte del mismo conjunto de intereses seriamente afectados por una década en la que después de largo tiempo se han iniciado políticas concretas para reducir la brecha abismal entre ricos y pobres al tiempo que se restañan las heridas letales generadas a la nación toda a partir de las recetas dictadas por los profetas del neoliberalismo.

En concreto, la discusión de base que se plantea por fuera de la anécdota es la misma que confronta al modelo sostenido por el Ejecutivo y sus críticos más encarnizados. Dónde reside el poder real, cuál es la lógica que sostiene la administración pública y qué tipo de sociedad se persigue son las preguntas que yacen en la disputa del día a día. La capacidad decisoria del Estado o la voracidad deshumanizada del mercado es, en esencia, una de las alternativas que así se formulan. Lo económico por encima de lo político y la propiedad privada por encima de la democracia son las jerarquías en las que esos núcleos de opositores, tanto los pudorosos como los desembozados, coinciden en sostener. El confeso manual delictivo de Maslatón fue retirado al rato de aparecer.

El sincericidio es una práctica en la que los defensores de los privilegios de las minorías nacionales no suelen incurrir. La otra opción es que tal vez se haya tratado simplemente de una identificación errónea entre un militante desbocado y los ancestros de su jefa en tanto vendedores de hacienda. Hay gente que, desde el fondo de la historia, ha estado de remate.-

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