Por Fabian G. Tigur

El final de la dictadura militar con el pueblo en la calle, a pesar de la represión y con un país en crisis luego de la bochornosa incursión en Malvinas donde mandaron a los chicos a la muerte frente a un ejército profesional y mejor equipado. A esto se le sumaban una brutal represión con más de 30 mil desaparecidos y una economía en quiebra. En esta etapa la deuda externa se sextuplicó de 7.000 millones de dólares a 42.000 millones.

El alfonsinismo yéndose antes de tiempo por las operaciones de los sectores concentrados de la economía asociados a los medios hegemónicos de comunicación que terminaron aniquilando a un gobierno con buenas intenciones, pero con debilidad estructural. El gobierno de Alfonsin tuvo las mejores intenciones, pero le faltó firmeza para enfrentar al poder concentrado. En esta etapa la deuda externa se incrementó a más de 80.000 millones de dólares.

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Menem asumió posteriormente y gobernó durante dos periodos gracias a la sociedad que entabló con los sectores concentrados de la economía que integraba al sector financiero, los sectores concentrados del campo y los grandes medios de comunicación. La economía se resintió fuertemente y se produjeron grandes políticas de privatización. El final del gobierno de Menem dejó grandes sectores de la sociedad sin trabajo y sumidos en la miseria y, como contrapartida sectores ricos concentrando en sus arcas grandes ganancias. Menem llevó la deuda externa a cerca de 200.000 millones de dólares: Impagable.

De La Rua, en términos claros fue la peor etapa de la historia política del país, un verdadero rejunte opositor formado por Radicales y sectores socialistas con la única idea de derrotar al gobierno de turno, pero sin un proyecto compartido. El final del mismo ya lo recordamos: Movilizaciones, represión, gente emigrando a Europa y el resto subsistiendo en los clubes del trueque. Argentina en quiebra.

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Algunos aseguran que estamos ante un final de ciclo. Y la verdad que todo puede ser, según los números que se publican. En este año se ponen en juego dos proyectos: el actual, con la continuidad de algún dirigente afín al kirchnerismo o algún otro del arco opositor que se encuentra en la busca de volver a formar una nueva alianza opositora. Pero mas allá de que gane uno y otro, lo que podemos asegurar que se trata de una coyuntura totalmente distinta a las anteriores: Un país normal, con problemas normales, pero con una realidad que muestra una actividad económica sólida, políticas sociales en marcha que representan las mejores de latinoamerica y un pueblo en absoluta libertad donde se pueden expresar oficialista u y opositores. Si se trata de un fin de ciclo es porque la gente va a votar un mejor proyecto, no un gobierno que tiene que disparar perseguido por el pueblo.  Una realidad inédita, pocas veces vista en la accidentada historia de nuestro país.

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Si se trata de un fin de ciclo, es espectacular, propio de un país en serio.

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