La tasa de pobreza, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos reflejó una disminución de 3,4 puntos con relación al mismo período de 2010.

En tanto, la indigencia descendió a 1,7% de la población, desde el 2,5% que se había registrado al cierre de 2010.

De acuerdo a Infobae, el indicador de pobreza alcanzó niveles que no se registraban desde 1982, cuando la incidencia de la pobreza era del 5,1% de la población. Luego de la recesión y el default posterior a la Guerra de Malvinas, el índice saltó al 35% de la población, para mostrar una reducción en los primeros años de democracia, aunque nunca disminuyó del 13 por ciento.

Después de alcanzar otro pico de 47,3% tras la hiperinflación de 1989, en las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín, el indicador de pobreza descendió a mediados de 1995 al 25% de la población, un porcentaje que se mantuvo con cierta estabilidad por un lustro.

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Al finalizar anticipadamente la presidencia de Fernando de la Rúa, el índice de personas con necesidades básicas insatisfechas alcanzó el 35,4%, y dicha proporción se amplió después del ”corralito financiero” y el último default de deuda, para llegar a un máximo histórico de 54% de pobres a mediados de 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde.

Baja, pero no tanto

El economista Jorge Colina, director de Instituto para el Desarrollo Social de la Argentina (IDESA), coincide en destacar la importante reducción de la pobreza en la última década, pero advierte que ”en realidad, la pobreza está mal medida, a raíz de que se subestima la inflación y por eso crecen los ingresos de los hogares”, en términos estadísticos, por encima de la variación de los precios.

En ese concepto, Colina apuntó que ”la medición de la pobreza va a tender a disminuir así hasta 0%, por la distorsión del INDEC, porque analizar la pobreza depende del índice de precios que uno utilice”.

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De todas formas, el director de IDESA señaló a Infobae.com que ”si consideramos los precios que arrojan los institutos estadísticos de las provincias, que también son datos oficiales, puede establecerse que la pobreza se sitúa entre 17 y 20” de la población.

Colina explicó que aún este porcentaje ”es históricamente bajo para lo que había sido la historia reciente de la Argentina”, si se toma en cuenta que hace unos 20 años atrás rondaba el 25 por ciento.

”Me parece que no es necesario no estar dibujando las cifras de inflación, porque se opacan los logros evidentes en materia de disminución de la pobreza en la Argentina”, acotó.

”El 30% más pobre es gente que padece problemas estructurales severos y una renta per cápita muy baja. Luego está la clase media baja. Este segmento social sale de la pobreza cuando la a economía crece. Para el estrato socioeconómico más bajo, aún en bonanza no le alcanza para salir de la pobreza, allí la pobreza es más resistente”, explicó el experto.

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De esta forma Colina explica por qué cuando se produce una crisis profunda en el país, como las hiperinflaciones de 1989 y 1991, o el default y la devaluación de 2002, el indicador de pobreza se dispara en pocos meses a niveles cercanos a la mitad de la población, mientras que su retroceso conlleva largos años de estabilidad económica.

”La crisis tiene efectos permanentes en la franja de hogares que están al límite de la pobreza”, reseña Colina.

En ese sentido, ejemplifica que durante una crisis, en las familias más vulnerables ”los jóvenes pueden abandonar los estudios y los padres pierden su trabajos. Después cuando se recupera el empleo es difícil encontrar uno de la misma calidad del anterior”.

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