En un alto en su gira por China, donde mantuvo reuniones con empresas interesadas en construir dos hidroeléctricas sobre el Río Santa Cruz, el ministro de Planificación, Julio De Vido, brindó una entrevista a solas con Tiempo Argentino y Página/12 en la cual repasó la amplia agenda política de la energía, el nuevo rol del Estado como titular de frecuencia de telefonía móvil, destacó la importancia de la nueva YPF en la recuperación del abastecimiento energético y elogió el nuevo proceso de asociación con otras petroleras de peso, que terminó aislando casi en forma definitiva cualquier intento de embarrar la cancha por parte de la española Repsol. ”El intento de Repsol de bloquear el avance de acuerdos de YPF con el mundo del petróleo fracasó”, aseguró el funcionario en Beijing, en un amplio jardín de la residencia de la Embajada Argentina en China.

–¿En qué cambió la relación con un país como China en los últimos años? Hoy mantienen reuniones con gigantes de la energía y la infraestructura, algo que no se veía muy seguido…
–Venimos a vender un proyecto, que tiene que cerrar en términos económicos para la constructora. Ya no es que venimos a descubrir un mundo totalmente diferente como cuando vinimos con Néstor Kirchner en 2004. Sabemos dónde estamos, los embajadores hacen de polea de transmisión y sabemos lo que tenemos que decir, cosa que quizás diez años atrás no pasaba, porque había que comenzar a conocer al interlocutor.
–En los últimos días en China, se sumaron tres grandes interesados en las centrales hidroeléctricas Néstor Kirchner Jorge Cepernic, como Sinohydro, Gezhouba y China State Corp…
–La idea es que en la venta del pliego haya la mayor cantidad de oferentes posibles. China tiene agentes financieros muy poderosos que se van a convertir en actores importantes de este proceso. En 2003, el intercambio comercial con China era de 3200 millones de dólares y ahora pasó a 16 mil millones. Tal vez Rusia en 2003 no era un terreno tan desconocido como era China. Rusia (país que actualmente visita De Vido) ya participa en la Represa de Caracoles, que construimos nosotros, también en Salto Grande. Ellos conocen el mercado, eso es bueno. Impsa que es una empresa argentina también tiene experiencia y quiere participar. Tienen varios proyectos en nuestra región y en Asia con turbinas argentinas.
–Usted marcó en el encuentro con los coreanos de Hyundai que podría haber interés de otros países. ¿Cuáles?
–Pensamos que este road show, no lo hacemos solamente con la idea de seducir potenciales oferentes en China, Rusia y Brasil. La gente de Hyundai de Corea se acercó porque ellos estaban haciendo una misión en Colombia y se enteraron de nuestra misión comercial en San Pablo. Ellos ven esta represa (que tiene 1740 MW de potencia) como una ventana de negocios muy importante. Es probable que además vengan oferentes de Estados Unidos y Canadá. También Canadá ha participado en el sector nuclear en forma importante, de hecho en este momento están realizando las tareas de alargamiento de vida de la central nuclear de Embalse, Estados Unidos también está interesado en ese tema a través de Westinghouse, con lo cual es probable que se acerquen. Debemos tener la mayor cantidad de oferentes y buscar cotizantes del sector financiero internacional que apalanquen la operación.
–¿Cómo impactan las nuevas hidroeléctricas en el ahorro de combustible líquido y el consecuente equilibrio en la balanza energética?
–Con un crecimiento de 4 o 5 puntos del producto y con el atraso que llevaba Repsol en el desarrollo de nuestros recursos, nuestras reservas y la producción, evidentemente todo lo que tiene por delante el ingeniero Galuccio en YPF es un trabajo enorme, inmenso. Esto permitirá aliviar a la Argentina de estos 10 mil millones de dólares de aquel combustible que YPF no había producido, igual que las otras empresas del sector. Por eso es muy importante la ley de la recuperación de YPF que no habla solamente de la nacionalización y control de la compañía sino también del autoabastecimiento del país, donde son responsables no sólo YPF sino el resto de las empresas. Y también fue muy buena la decisión de interactuar entre los ministerios de Economía y Planificación para hacer un control en toda la estructura de los niveles de exploración, explotación y la comercialización; tener todo el circuito cerrado donde la verdadera vedette sea el abastecimiento del mercado argentino, y no ver cómo se matan entre ellos en quién vende más caro y quién tiende más al export-parity.
–En su gira por países como Rusia y China, con amplia tradición energética, ¿qué comentarios recibió de la recuperación de YPF?
–Hay en el sector curiosidad por ver cómo se desarrolló. Ha habido sobre todo en los medios hegemónicos argentinos una importante distorsión en cuanto a la difusión de las noticias, y cuando uno le explica llanamente que cuando la empresa de bandera era la primera en violentar que el Estado estuviera debidamente abastecido rápidamente lo entienden. Ellos son grandes productores de hidrocarburos, entonces cuando uno les explica por qué se dio con YPF y no con las empresas que ellos representan, lo entienden. Porque seguramente en el caso de las otras empresas el proceso había sido de una manera menos grosero. En el caso de YPF y Repsol se llegó a un punto donde la empresa era prácticamente una máquina de facturar. Por eso, la ley de recuperación de YPF hay que leerla en términos del autoabastecimiento del mercado interno y el desarrollo de las reservas. Si YPF es la empresa bastión en el desarrollo, las demás van a seguirla inevitablemente. Y las que no estén dispuestas a esto porque no les es negocio, venderá su empresa o verá qué hace.
–La carrera de Repsol contra la recuperación de YPF y la expropiación de sus acciones parece haberse cortado en poco tiempo, justo cuando Exxon y Chevron se mostraron interesadas en participar en la nueva etapa…
–Eso habla a las claras que el intento de Repsol de bloquear el avance de acuerdos de la empresa nacionalizada con el mundo del petróleo fracasó. Está claro que los países soberanos hacen siempre lo que les conviene, y las empresas de esos países, igual. Cuando un país recupera soberanía marca las pautas y las empresas cumplen y también son rentables. Cuando no tienen la rentabilidad que esperaban tener, se van. En la Argentina, las empresas están trabajando muy bien, con récord de producción, exportación y también de importación de productos. Evidentemente fracasó (lo de Repsol), porque la lógica que pretendió llevar adelante, acompañado por cierta parte del gobierno español de querer bloquear o hacer fracasar a la Argentina en su política de recuperación de su mercado de combustibles, son muy arcaicas, ya no funcionan en el mundo actual, sobre todo cuando hay países con gobiernos que están decididos a ejercer la soberanía en forma plena.
–Si bien es prematuro, ¿se puede hacer algún análisis a futuro de la balanza energética?
–La tendencia va a estar en el crecimiento de la producción de YPF con coste argentino, no el del producto potencialmente exportable sino el costo real de lo que sale producir gas y petróleo en el país. Por otro lado, vimos días atrás que una tapa de un diario decía que había crecido la importación de gas. Es cierto, creció la importación de gas de Bolivia por los convenios que originalmente firmaron Néstor Kirchner y Evo Morales. Ese gas de Bolivia suplanta barcos de gasoil a un precio muchísimo más bajo, una diferencia del 50% aproximadamente. Dicen que fracasa la política del gobierno porque crece la importación gas. No crece la importación de gas porque sustituye la importación de gasoil, que es más claro y mucho más contaminante. Cuando asumimos, importábamos cero metro cúbico de gas de Bolivia, luego de haber importado hasta 4 millones de metros cúbicos hasta el año ’94. Claro, cuando vino la política anti industrial de gas no necesitábamos, es más, exportábamos gas a Chile porque en la Argentina no se consumía. El acuerdo que firmaron Kirchner y Evo Morales lleva hasta que podamos exportar 27 millones de metros cúbicos de gas de Bolivia. Brasil, con toda la potencia que tiene el Presal, importa 32 millones de metros cúbicos de Bolivia. Nosotros estamos en 14 millones, ¿esos 14 millones a dónde van? Van a la industria. Usted en su casa consume más o menos lo mismo desde 2003, poco más poco menos. 10, 15 o 20% pudo haber crecido el consumo de las familias. Pero la industria creció un 40 o 50 por ciento. En 2011 fue récord de crecimiento y fue récord de quita de corte a la industria, prácticamente no hubo cortes. La Argentina importó el gas y lo puso al servicio de sus industriales. Ese proceso de importación de gas y gasoil generó un proceso de desfasaje de la balanza comercial que la presidenta lo marcó y usó como uno de los fundamentos de la Ley de Autoabastecimiento de Hidrocarburos. Si la Argentina va bien, ese gas de Bolivia, los 27 millones, los vamos a necesitar ávidamente, además de lo que pueda descubrir YPF en Vaca Muerta. Si ustedes ven que empieza a molestar ese gas es porque la Argentina va mal. Algunos quieren mostrar que molesta porque quieren volver al sistema antiindustrial. Lo que hace es suplantar volúmenes de líquido que son más caros y más contaminantes.
–Entonces, ¿en cuánto puede caer la importación de combustibles?
–La idea es autoabastecernos, llevarlo a cero, como en el análisis matemático, tiende a cero. Ojalá podamos bajarlo un 10% por año. A lo mejor un año hay un gran descubrimiento, se generan desarrollos y lo podamos reducir al 20 por ciento. A lo mejor en seis, siete años estamos en valores de producción que nos puedan llevar al autoabastecimiento, pero no el autoabastecimiento de los ’90. El autoabastecimiento de los ’90 sobraba la energía porque no había trabajo. Con 23% de desocupados y PBI negativo no me interesa el autoabastecimiento. Yo quiero autoabastecimiento con crecimiento del 10% del PBI anual. Se trata del autoabastecimiento, si vos tenés autoabastecimiento y te sobra gas no tenés que exportarlo, hacé una planta de fertilizantes y transformá ese combustible en urea. Hubo una gran caída de producción y crecimiento industrial del ciento por ciento; el combustible valía lo mismo en la Argentina que costaba en el mercado internacional. Y esa una política claramente anti industrial y francamente exclusiva de grandes sectores de la sociedad. Esto ya lo vivimos en 2001 y en los ’90, ya sabemos cómo empieza, cómo transita y cómo termina la película. Este año, la presidenta tomó una medida estructural: recuperó a su empresa de bandera porque estaba incumpliendo claramente con el cometido que se le había dado en su momento al ser privatizado. Lo que hubo era un recipiente lleno, que eran nuestras reservas, y una bomba de nafta que las iba chupando. Al país lo llevó a ese quiebre de casi 10 mil millones de dólares.
–Por último y yendo a otro tema importante, en el Presupuesto 2013 se ve bastante actividad de AR-SAT. ¿Cómo sigue el plan de celulares con las bandas que ahora ostenta el Estado?
–Estamos trabajando para presentarle a la presidenta una propuesta luego de que volvamos de este viaje. Calculamos que durante octubre tendremos un esquema. Vamos a trabajar seguramente con la tenencia nosotros de la frecuencia y, por supuesto, en el marco de la interoperatividad, como hemos hecho con la fibra óptica con las otras empresas prestadoras de servicios. Pero la frecuencia va a ser de los argentinos, y respecto a la rentabilidad y la explotación, por supuesto las empresas privadas que hagan trabajo, presten servicio para usar esa frecuencia a través de ARSAT van a tener su pago y su rentabilidad por ese trabajo.Va a haber grandes prestadoras, pymes, cooperativas, todos van a poder participar, como hemos hecho con la fibra óptica. «

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