La apuesta a levantar entre agosto y octubre genera dudas. El riesgo del voto racional.

María Eugenia Vidal visitó la quinta de Olivos en enero con un diagnóstico claro: sin una tercera lista peronista, no sería fácil ganar en la provincia de Buenos Aires.

La escuchaban radicales espantados, molestos por cualquier roce con sus rivales históricos. Y Mauricio Macri, que se tomó en serio el consejo, al menos para no evitar que Florencio Randazzo se convierta en esa tercer boleta con orígenes en el PJ.

Pero las primeras encuestas que llegaron a los laboratorios de campaña del Gobierno no son muy alentadoras, porque los no más de 5 puntos que mide Randazzo no los habría captado de su ex jefa.

“Si no se pega a Cristina, lo pagaremos nosotros”, se escuchó en los arquitectos de campaña del PRO. Los mayores reproches recaen sobre Federico Salvai, tal vez porque sabe cómo llegar al ex ministro.

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La sesión para expulsar a De Vido también buscaba exponerlo, pero Randazzo se cubrió y le pidió la renuncia. Oscar Romero, diputado y candidato a reelegir por su lista, pediría la remoción de su par del FPV, en sintonía con su nuevo jefe.

Esta semana Randazzo abundó en gestos para diferenciarse de Cristina, algunos muy fuertes como su rechazo al memorándum con Irán, en una visita a la Daia.

Una de las zonas donde cosecha algunos puntos es en la primera sección y en el Gobierno detectaron que le reconocen su gestión ferroviaria.

Son votantes de sectores medios, “pensantes” y no del todo conformes con la gestión de Macri. Los mismos que Cambiemos busca persuadir para desnivelar en octubre, con el fantasma de la vuelta del kirchnerismo.

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En sus entrevistas, Esteban Bullrich comenzó a hablar del 22 de octubre como fecha de elección real, o sea, en agosto será sólo un ensayo.

Según esa lectura, perder no sería tan grave si despierta a la gente que optó por Massa y Randazzo a votar Cambiemos en octubre.

Pero hay voces de Cambiemos que se animan a confiarse tanto, porque rara vez los bonaerenses votan en la general para levantar a un derrotado.

En el Frente Renovador también descreen de esa tesis, porque el votante pensante, molesto con el Gobierno, es el menos emocional. Y por lo tanto más difícil de hacerlo cambiar de idea.

Las recorridas de Macri por el Conurbano y sus repentinos planes de créditos populares denotan un problema casi irresoluble: sigue sin hacer pie en los sectores bajos, donde Cristina manda cómoda.

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Tanto, que en el massismo ya le empezaron a pedir a su líder más estrategias para pelear ese voto.

“El bajemos los precios, es para la clase media”, diferenciaron. Su visita a La Matanza de este jueves, buscó contentarlos.

Como a Randazzo, para robarle votos el Gobierno quieren emparentar a Massa con el kirchnerismo tras las primarias y jugar a fondo la grieta.

Ya intentó hacerlo durante el debate de la ley de responsabilidad penal empresaria y en el proceso para remover a De Vido.

En ambos debates, Nicolás Massot recordó siempre que pudo el paso de Massa por el Gabinete de Cristina Kirchner. Pero antes tienen que impedir que crezca Randazzo. O que no le robe votos.

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