Publicidad engañosa

 

Por Ernestina Polizzi

Es inherente al sujeto humano, el gozar con la mentira, en su búsqueda desenfrenada de garantías. Es constante e insistente el movimiento que desprendemos con el fin de aferrarnos a algo cierto, en tanto sabemos que tal cosa no existe. No hay la garantía que nos diga: ”Hasta que la Muerte los separe”, por ejemplo, como promulga el catolicismo en el acto del matrimonio. Y aquí empezamos con el slogan, de quienes considero pioneros en marketing y discursos publicitarios, la religión.

En esta frase, se plasma a la perfección el concepto de publicidad engañosa, la búsqueda de garantías y la estupidez humana. Despejemos esta frase, tal como si fuera una ecuación matemática, por partes.

”Hasta que la Muerte los Separe” Hasta…… no dice qué? ¿Cuál es la acción que hay que llevar a cabo antes de que la muerte nos separe? Damos por supuesto, que al hablar de separación, lo implícito del mensaje es estar juntos. Tan juntos, que sólo la muerte nos va a despegar a uno del otro. Si lo leemos así, pensamos que es extremista, pero no es más que la venta de una garantía. La garantía de que el otro va a estar a mi lado por siempre. SIEMPRE, palabra inexistente ante la finitud del humano.

Por otro lado, la garantía se escucha también, en el hecho de desresponsabilizar al sujeto de sus actos, ya que hagamos lo que hagamos, ninguna acción tiene efecto, salvo la muerte, que excede a nuestro control, para separarnos de aquel otro que algún día elegimos. Entonces la tolerancia a cualquier tipo de situación, se encuentra ahí, presente en la premisa: ”Hasta que la Muerte los separe”.

Y ahí vamos, hacia allí nos dirigimos; donde nos dicen que hay algo que no existe, que es ilógico, pero que queremos creer, por necesidad, por desesperación o simplemente por ser humanos.

¿Es engañosa la publicidad? ¿O su fundamento radica en vender una necesidad? Ambas formulaciones se incluyen en un sistema que sabe de la falta, de la falta de garantías y certezas que mueven al sujeto, y a partir de allí explora el universo de falacias. Nada más fácil que vender una ilusión a quien anda desilusionado. Lo mismo pasa cuando alguien muere. Definitivamente el morbo mueve montañas y aquí dejamos la fe de lado. Es suficiente que alguien famoso muera para que sea récord de ventas en los productos que se asocien a su persona. Es como si creyéramos que comprando un disco de Michael Jackson nos inmortalizamos, acercándonos mágicamente al difunto y ganando terreno en la no finitud.

¿Cuántas veces por día decimos: ”Mañana lo hago”? Esta frase sí que es inmortal. Y justamente plantea nuestra creencia de una existencia eterna, porque si tuviéramos verdadera conciencia de que la única verdad con la que nacemos es que vamos a morir, no dejaríamos para mañana, no haríamos lo que nos da fastidio, ni perderíamos nuestro tiempo en cuestiones irrelevantes. Quizás se trata de esto; de vender un tiempo inexistente, garantías sin garante y de pensamientos tan mágicos como omnipotentes.

Cuando las mujeres de más de 30 compramos una crema para las arrugas, sabemos que no se nos van a ir las arrugas, pero queremos creer que si la usamos, vamos a ser como la chica de la propaganda, ”eternamente bellas y jóvenes”.

Ernestina Polizzi. Lic. en Psicología. Máster en Community Management: Empresa 2.0 y Redes Sociales, Especialista en Management Corporativo

Mail: [email protected]

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