Existe una frondosa cantidad de investigaciones científicas sobre los efectos devastadores del cambio climático. Entre los estudios más importantes publicados este último tiempo podemos citar el del MIT/Caltech (Proceedings of the National Academy of Sciences – 2009).

Allí se concluye categóricamente que los eventos extremos se incrementarán en el planeta un 6% cada 1,8 grados que aumente la temperatura global. Otro informe igualmente tajante fue el del Servicio Meteorológico Nacional de EE UU, que a fines de 2012 daba a conocer las muertes por desastres naturales climatológicos en su país: 6039 entre 2001 y 2011.

Por último y coincidiendo con la catástrofe argentina de esta semana, la Comisión Climatológica de Australia divulgó tal vez el más importante trabajo científico sobre la vinculación proporcional y directa entre cambio climático, las temperaturas extremas y sus funestas consecuencias.

Citamos tres de sus conclusiones:

1) ”Conforme aumentan las temperaturas, la ocurrencia de lluvias torrenciales se incrementará notablemente en algunas regiones [australianas]”

2) se confirma aquello que los climatólogos vienen advirtiendo desde hace años: ‘que el cambio climático llevará a un incremento de los eventos climatológicos extremos”

3) deja en claro que los eventos extremos empeorarán en los próximos años, a la vez que advierte a los profesionales de la salud, a los especialistas en emergencias, políticos y ciudadanos a prepararse para sus impactos.

¿Cómo hacer frente a semejante amenaza?

Las lecciones del Huracán Sandy –la tormenta de más de 2000 kilómetros de diámetro que el año pasado golpeó América del Norte, América Central y el Caribe– fueron muchas. Entre ellas, vale la pena destacar la excelente respuesta de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de EE UU que puso en la calle de la Costa Este a 1500 socorristas, técnicos en comunicación y logística, etc. horas después del paso del huracán.

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Dicha agencia fue clave en la morigeración de pérdidas materiales y víctimas adicionales a las provocadas. Es que atenuar los daños del ”cambio climático” llevará centurias, siempre y cuando las potencias más contaminantes se dignen a tomar el toro por las astas y comenzar a actuar en su efectiva reversión. Mientras tanto, los pueblos no cuentan con otra defensa que la precaución en todas sus modalidades. ¿Qué hizo el gobierno de la Ciudad y qué no hizo para proteger a sus ciudadanos?

EL OBSERVATORIO DE SALUD Y CAMBIO CLIMÁTICO QUE PODRÍA HABER SIDO.

El 1 de diciembre de 2011, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó con fuerza de ley el Proyecto 4086 denominado ”Impactos en salud debido al cambio climático. Monitoreo de posibles peligros y amenazas”.

En su artículo primero se especificaba: ”La presente ley tiene como objeto orientar el monitoreo en salud frente a los impactos del cambio climático global, con el fin de propender a la protección de la salud de la población de los posibles peligros y amenazas.” Su artículo segundo designaba como autoridad de aplicación ”la máxima autoridad en Materia Ambiental de la Ciudad, conjuntamente con el Ministerio de Salud de la CABA”.

Finalmente y conforme el artículo quinto, se definían los principios políticos de la autoridad de aplicación ”de acuerdo a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático:

a) El principio de precaución.

b) El principio de costos y responsabilidad (el costo de la contaminación o los daños al medio ambiente debe recaer en los responsables).

c) El principio de equidad (tanto entre las jurisdicciones, como entre los países y a lo largo del tiempo, entre generaciones)”.

¿Qué hizo Macri con esta iniciativa?

A contramano de las advertencias de los principales centros internacionales en investigación climatológica, el jefe de Gobierno porteño vetó el referido proyecto de ley, veto cuyo decreto llevaba además de la firma del líder del PRO, la de Santilli, Lemus y Grindetti. Sus insólitos argumentos se basan en cuestiones de ”redacción” y ”estilo”, a los que además se les adicionó una supuesta contradicción jurídica con una normativa anterior.

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LA NUNCA REGLAMENTADA LEY DE ADAPTACIÓN Y MITIGACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO.

El macrismo vetó la 4086 porque, argumentaba, contradecía y generaba imprecisiones con la Ley 3871 de ”Adaptación y Mitigación al Cambio Climático”, promulgada por la Legislatura el 28 de septiembre de 2011.

El objetivo de esta última es el de ”establecer las acciones, instrumentos y estrategias adecuadas de adaptación y mitigación al Cambio Climático en la Ciudad de Buenos Aires, para reducir la vulnerabilidad humana y de los sistemas naturales, protegerlos de sus efectos adversos y aprovechar sus beneficios”.

En cuanto a su reglamentación se especifica que deberá ocurrir ”en el término de ciento ochenta (180) días corridos a partir de su sanción”.

Los artículos 11 y 14 creaban el Consejo Asesor Externo del Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático (de carácter consultivo y honorario) y el Equipo lnterministerial, respectivamente. A propósito de ellos, especificaba que ”deberán constituirse dentro de los quince (15) días posteriores a la reglamentación de la presente ley, donde se establecerán los procedimientos y reglamentos de funcionamiento internos”. ¿Reglamentó o no reglamentó Macri?

ENTRE MACRI Y EL CAMBIO CLIMÁTICO.

Más allá de si el Observatorio creado por la vetada Ley 4086 contradecía la Ley 3871 aprobada algunos meses antes, lo importante aquí es señalar que esta última ley, un año y siete meses después de haber sido sancionada (1 de septiembre de 2011), sigue aún sin ser reglamentada por el Ejecutivo porteño.

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¿Hubiera evitado muertes? Nunca se sabrá. Pero lo que sí es seguro, es que hubiera contribuido a minimizar las consecuencias de esta y otras tragedias vinculadas al cambio climático y su impacto en la ciudad capital. En efecto, el ”Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” (artículo 7) contemplaba entre sus muchas finalidades reevaluar ”los planes actuales para aumentar la solidez de los diseños de infraestructuras y las inversiones a largo plazo…”.

¿Qué hizo el macrismo al respecto desde que es gobierno? El artículo 20 de la no reglamentada Ley 3871 atacaba este punto: ”El Poder Ejecutivo, en el ámbito de sus respectivas competencias, podrá establecer las medidas e incentivos económicos y financieros adecuados a los particulares que realicen acciones concretas de adaptación y mitigación al Cambio Climático.

Se deberá dar prioridad a las Pequeñas y Medianas Empresas (pymes) radicadas en la ciudad.” La reglamentación y ejecución de este artículo, ¿acaso no hubiera evitado la inundación total o parcial de los comercios afectados? En igual sentido y de haberse aprobado y reglamentado la Ley 4086, los principios de ”precaución” y ”de costos y responsabilidad (el costo de la contaminación o los daños al medio ambiente debe recaer en los responsables)” también estarían en plena vigencia.

Quién si no el gobierno de la Ciudad, el máximo responsable de la ausencia más absoluta de herramientas de precaución, prevención, adaptación y mitigación en cuanto a la previsible imprevisibilidad climática y sus también previsibles efectos sobre la comunidad. Los 150/170 millones de pesos del Metrobus deberían volcarse íntegramente a los damnificados (familiares de las víctimas, casas y comercios abnegados, etc.) así como al financiamiento de las leyes 3871 y 4086.

¡Por favor! ¡Qué créditos del Banco Ciudad, subsidios ni ocho cuartos!

Por: Federico Bernal para InfoNews

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