Las tensiones generadas en las últimas semanas entre la guardia costera china y la Marina de Indonesia en aguas del mar de la China Meridional han reabierto el interés público en la región y sobre todo en los motivos que pueda tener Pekín para participar en una guerra de grandes proporciones con los países vecinos que podría involucrar a EE.UU.

Según escribe Zidny Ilman en su artículo para ‘The National Interest’, pese a especularse que el conflicto estaría motivado por intereses económicos relacionados con las reservas marinas de gas y petróleo, el desencadenante podría ir más allá y tratarse de una cuestión de liderazgo y soberanía regional. Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. ha sido ”la única gran potencia que ha proyectado su poder en la región”, que desde entonces ha sido objeto de un reordenamiento, y consecuentemente ha impedido a China obtener el liderazgo al cual aspira. ”Las demás naciones, que tienen tan solo una fracción del poderío de EE.UU. en la región, han aceptado su supremacía”, señala Ilman.

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El gigante asiático parece creer que el orden regional liderado por EE.UU. se basa en el sistema de alianzas con países como Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas y Tailandia. Según expresa Ilman, EE.UU. obtiene acceso a bases de alta tecnología que garantizan su capacidad para ”proyectar rápidamente su poder” en toda la región en caso de una crisis a cambio de ofrecer a sus aliados soporte militar si se desata un conflicto que así lo requiera. ”Al igual que una compañía de seguros, el éxito de la empresa se basa en la credibilidad de la compañía. Mientras los aliados de EE.UU. crean que Washington cumplirá con su palabra, el sistema funciona”, subraya el artículo.

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En este contexto se presume que el objetivo de Pekín es instar a un conflicto que desintegre la credibilidad de dicho pacto demostrando que los estadounidenses no acudirán al llamado cuando sea necesario. Para tener éxito, China debe estar segura de que el conflicto al que está instigando es lo suficientemente importante para los aliados, pero ”no para EE.UU., asegurándose de que estos no cumplan con su seguro”.

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No obstante y tras cerca de cuatro años en los que las tensiones han ido en aumento, parece que la ”peligrosa estrategia” ha logrado cierto éxito. En el mar de China Meridional, las respuestas de EE.UU. han sido ”mediocres, y han demostrado un grado de indecisión”. Sin embargo, responder a una crisis de este tipo conlleva más riesgos que tal vez EE.UU. no está dispuesto a correr. Una opción de bajo riesgo podría consistir en desarrollar una estrategia que incluya a China en la cadena de liderazgo en la región asiática y así disminuir la tendencia negativa hacia sus acciones que viene incrementando cada vez más con mayor fuerza, concluye el artículo.

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