Legisladores demócratas y republicanos alcanzaron ayer un acuerdo de última hora para elevar el techo de la deuda pública, evitar el default y reabrir el gobierno tras 16 días de parálisis. El proyecto acordado por senadores de los dos partidos fue aprobado anoche en la Cámara alta por 81 votos a 18. Más tarde, la Cámara de Representantes aprobó el convenio y lo transformó en ley, con 285 votos a favor y 144 en contra. El acuerdo se alcanzó apenas unas horas antes de que venciera la autorización del Congreso al Departamento del Tesoro para tomar deuda, lo cual hubiese llevado al gobierno a incumplir sus compromisos financieros.

El convenio eleva el techo de la deuda hasta el 7 de febrero y otorga fondos para reabrir la administración federal, que está paralizada desde principios de mes, hasta el 15 de enero, anunció el líder de la mayoritaria bancada senatorial demócrata, Harry Reid. El texto, que los demócratas negociaron con el líder de la bancada republicana, Mitch McConnell, también contempla formar un comité bipartidista de trabajo en el Congreso para debatir y lograr un acuerdo en cuanto a un presupuesto definitivo, que debería ser presentado para mediados de diciembre. Sin embargo, no toca el programa de salud del gobierno, dejando a los republicanos con las manos vacías en cuanto a su principal demanda.

La iniciativa fue aprobada tanto por el Senado, que está controlado por el oficialismo demócrata, como por la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, antes de llegar a manos del presidente, Barack Obama, para que la promulgue. “El presidente felicita a Harry Reid y a Mitch McConnell por trabajar juntos para forjar este compromiso y alienta al Congreso a actuar rápidamente” había mencionado el jefe de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, momentos después de conocerse la noticia del acuerdo y antes de la votación en el Congreso. “El presidente confía en que el Congreso actúe para que él pueda firmar una ley que reabra la administración”, había indicado el portavoz. “Esperamos que cada Cámara sea capaz de actuar rápidamente, porque ya estamos en el día 16 de una paralización de la administración completamente innecesaria”.

El acuerdo requería también que se verificara el nivel de ingresos para las personas que buscan subvenciones para sus seguros de salud bajo la reforma sanitaria aprobada por Obama. La Casa Blanca se había resistido hasta ahora a aceptar ningún plan presupuestario que incluyera modificaciones a la reforma sanitaria, si bien ayer Carney había asegurado que no se opondrían a la disposición incluida en la propuesta. “Nos parece bien”, había señalado el portavoz, ya que la verificación acordada no presupone una modificación del plan. Carney se había manifestado sobre la necesidad de acabar con la paralización del gobierno, que definió como una crisis prefabricada que ha hecho perder tiempo sobre otros objetivos, como mejoras económicas para la clase media y legislación para una reforma migratoria.

Al anunciar el convenio desde el recinto del Senado, Reid dijo que la cooperación de McConnell fue esencial para cerrar las negociaciones bipartidistas y resaltó que no era momento de dedos acusadores o de culpas, sino momento de reconciliación. Por su parte, McConnell señaló que las pasadas fueron semanas largas y desafiantes para el Congreso y para el país, y llamó a sus correligionarios a dejar a un lado las diferencias, poque era tiempo de que los republicanos se reunieran detrás de otros objetivos cruciales.

Las discusiones por el riesgo de default dejaron en superficie la división que impera en las filas republicanas en la Cámara baja, sobre todo entre Boehner y el ala más radical del partido, representada por el movimiento ultraconservador Tea Party. De hecho, la doble crisis que enfrenta Estados Unidos comenzó hace dos semanas cuando el Tea Party condicionó su aprobación del presupuesto a desfinanciar la ley de salud promulgada por Obama en 2010, algo que los demócratas rechazaron y que provocó el cierre de la administración federal por falta de fondos. Luego, los congresistas del Tea Party exigieron recortes de gasto para permitir un aumento del techo de la deuda, condición que también fue rechazada por la Casa Blanca. Sin embargo, en los últimos días los republicanos fueron renunciando a la mayoría de sus exigencias al ritmo de una fuerte caída en los sondeos de opinión, que mostraban que una gran parte de los estadounidenses los cree responsables de la crisis. En un reflejo de esto, el acuerdo del Senado, que Reid y McConnell habían comenzado a negociar el lunes, no contiene ninguna de las exigencias originales del Tea Party.

El martes, Boehner presentó dos propuestas para competir con la del Senado, que también permitían reabrir el gobierno y evitar un default, pero fueron rechazadas por la Casa Blanca e incluso por los congresistas republicanos más radicales, lo que evidenció la incapacidad del presidente de la Cámara de controlar a su tropa.

Reid criticó fuertemente la jugada de Boehner de presentar una propuesta rival a la del Senado y lo acusó de ser un rehén del Tea Party –que podría no renovarle su apoyo para que siga siendo presidente de la Cámara– y de querer salvar su puesto a expensas de Estados Unidos. Esto llevó incluso a que en los pasillos del Congreso resurgiera el fantasma de 1997, cuando un reducido grupo de republicanos, Boehner entre ellos, se reunió para discutir la posibilidad de sacar de su puesto al entonces presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich.

Con los líderes del Partido Republicano en ambas cámaras dispuestos a pagar el costo político de subir el techo de la deuda para sortear el default, el gobierno de Estados Unidos quedó para reabrir sus puertas a partir de hoy.

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