Barack Obama cree que con el cierre de la prisión de Guantánamo Estados Unidos volverá al camino de la ley.

Por eso, a pesar de la decisión del Senado de negarle 80 millones de dólares para poner en marcha esa medida que cuestionan los republicanos, no sorprendió la decisión del presidente estadounidense de ratificar esta semana la clausura de ese penal.

Era previsible que Obama justificara esta decisión lanzada durante la campaña electoral, aludiendo a los ”sagrados valores” democráticos que a su juicio erigieron a Estados Unidos en uno de los países más civilizados del planeta, en momentos que no han menguado los efectos de la peor crisis económica desde la Gran Depresión de 1929.

”Cuando se vio ante una amenaza desconocida nuestro gobierno tomó una serie de decisiones precipitadas… Y en esa época de miedo, demasiados de nosotros -demócratas y republicanos, políticos, periodistas y ciudadanos- guardamos silencio. En otras palabras, perdimos el rumbo”, dijo Obama.

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Pero también resulta lógica la actitud asumida por el ex vicepresidente Dick Cheney, quien a pesar del escudo de silencio creado por George W. Bush tras abandonar la presidencia el 20 de enero pasado, salió a defender la política antiterrorista del anterior gobierno republicano.

Quizás Cheney eligió esta oportunidad especial para contestarle a Obama, después de conocerse una encuesta del diario The New York Times que asegura que uno de cada siete ex prisioneros de Guantánamo volvió a acciones de combate o a tareas consideradas terroristas.

El caso de la cárcel establecida en territorio cubano, que afecta a 240 presos que serán juzgados por tribunales ordinarios estadounidenses, reactivó el siempre vigente tema de la seguridad nacional en Estados Unidos, luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que Washington atribuyó al grupo fundamentalista Al Qaeda.

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Obama defendió su postura de cerrar Guantánamo el mismo día en que se conoció la detención de cuatro personas que planeaban atentados contra cuatro sinagogas y una base aérea de la Guardia Nacional en Nueva York, quienes eran seguidos desde hace un año por agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI).

”Obama hizo un impresionante desafío: él debe convencer al país que está en manos seguras, a pesar de los advertencias contrarias de la derecha, y al mismo tiempo persuadir a los escépticos de izquierda de que él esta enmendando los pasos de su predecesor más que abandonarlos”, sostuvo Peter Baker en una nota del diario The New York Times.

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”Probablemente a la defensiva de sus políticas desde que llegó al gobierno, Obama está jugando su poder de oratoria para tranquilizar a los estadounidenses, diciéndoles que su decisión de traer a prisiones norteamericanas a los sospechados de terrorismo no los pondrá en peligro”, agregó.

Obama quiere que Estados Unidos vuelva al camino de la ley después de ocho años de gobierno de Bush en los que se conocieron denuncias de torturas para interrogar a detenidos, entre ellos el procedimiento de asfixia por inmersión llamado ”submarino”. Telam

 

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