El divorcio entre el kirchnerismo y el moyanismo alcanzó esta semana su punto más alto. La amenaza de Camioneros de bloquear empresas mayoristas podría generar desabastecimiento. Desde el gobierno aseguran la escalada responde a las ambiciones políticas de Moyano y apunta a elevar la conflictividad social.

La escalada en la disputa entre el gobierno nacional y el secretario general de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, alcanzó este martes uno de sus puntos más altos. Desde 2011 el deterioro en el vínculo fue progresivo y llegó en las últimas horas a niveles de conflictividad inéditos ante la posibilidad de que una extensión del conflicto de Camioneros genere el desabastecimiento de productos básicos.

Es que Camioneros advirtió que podría extender en los próximos días los bloqueos que mantiene desde hace una semana a las más de 30 sucursales del mayorista Maxiconsumo a otras empresas como Makro, Jaguar, Diarco y Vital.

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, enmarcó este nuevo capítulo en la disputa a las ambiciones políticas del líder camionero. ”Moyano eligió el camino de la presión” aseguró el ministro el lunes pasado y destacó que ”es llamativo que éste sea el primer acto de Moyano después de la aparición de su fuerza política y el primer ataque para afectar el acuerdo de precios”. ”Está claro que Moyano decidió priorizar sus intenciones políticas y para eso utiliza a los trabajadores” sentenció.

De esta manera el ministro dio cuenta de una de las claves que atravesarán el debate político a lo largo de todo el año: las elecciones Legislativas de octubre próximo. El aumento de la conflictividad social es una variable que los analistas políticos no descartan, en especial a la luz de lo sucedido en las Legislativas de 2009 tras la crisis con el campo.

El alejamiento

Las primeras señales claras del divorcio entre la Casa Rosada y el moyanismo se remontan a 2011, aunque existe un antecedente del año anterior que ya revelaba el conflicto que se avecinaba.

Envalentonado por el ejemplo de Luiz Inácio Lula Da Silva en Brasil, Moyano no ocultó su deseo de saltar desde el sindicalismo a un cargo Ejecutivo. En febrero de 2010 y ante una multitud congregada en el estadio de River para un acto de la CGT, Moyano aseguró ante el entonces ex presidente Néstor Kirchner y la presidente Cristina Fernández que, tal como decía el general Juan Domingo Perón ”los trabajadores tienen que dejar de ser un instrumento de presión para ser un instrumento de poder”.

Y concluyó: ”Sueño con tener un trabajador en la casa de Gobierno”.

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La respuesta no se hizo esperar. ”Desde los 18 años que trabajo. Era empleada pública, el último orejón del tarro en el ministerio de Economía de La Plata” aseguró la presidente al tomar la palabra tras el discurso de Moyano.

Luego vendría la muerte del ex presidente Kirchner en octubre de ese mismo año y la disputa por los cargos en las elecciones de 2011.

Con más de 200 mil afiliados en una actividad dividida en 14 ramas que incluyen el transporte de carga, repartidores, barrenderos, recolectores de basura y el correo entre otros, Moyano asegura que con algunos pocos llamados telefónicos es capaz de paralizar al país. Con ese ”instrumento de poder”, intentó ganar espacios en el armado de las listas.

El moyanismo reclamó para el sindicalismo el 30% de los cargos electivos al tiempo que intentó instalar la posibilidad de que el diputado y abogado de la CGT, Héctor Recalde, acompañara a Cristina Fernández en la fórmula para competir en las presidenciales de ese año.

Muy lejos de conseguirlo, fueron los sectores juveniles ligados al kirchnerismo, como La Cámpora, los que más terreno ganaron en detrimento de los sindicalistas.

El pedido de informes reclamado por la justicia de Suiza en el marco de una causa que investigaba el supuesto lavado de dinero y que involucraba tangencialmente a Moyano, sirvió para que kirchneristas y moyanistas comenzaran a mostrarse los dientes.

El exhorto del fiscal suizo llegó a través de la Cancillería argentina con numerosas imprecisiones técnicas que lo volvían inviable y sin embargo fue trasladado a la justicia federal para su trámite.
Como respuesta a lo que interpretó como una provocación, Moyano ensayó una demostración de fuerza y llamó a una movilización de Camioneros a la Plaza de Mayo. A las pocas horas la CGT se alineaba detrás de su líder. El objetivo era uno solo. Mostrar fortaleza a las puertas mismas de la Casa Rosada. La movilización fue finalmente desarticulada, pero la disputa ya entraba en un camino sin retorno.

Ruptura definitiva

La oficialización de la ruptura llegó tras las elecciones. El contundente triunfo de Cristina Fernández en las urnas no amilanó a un Moyano decidido a cruzar de vereda y pasarse a las filas de la oposición.

El 15 de diciembre de 2011, apenas cincos después del inicio del segundo mandato de la presidente, Moyano encabezó los festejos por el día del Camionero en el estadio de Huracán y reclamó para sí parte del triunfo de Cristina Fernández en las urnas. ”Del 54% que sacó la presidente, más del 50% de ese 54% es de los trabajadores, no se equivoquen. No son de los chicos bien” disparó en referencia a La Cámpora.

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También cuestionó tramos del discurso de reasunción de Cristina. ”Como peronista me llama la atención algunas expresiones de calificar el mejor gobierno de la historia. El mejor gobierno de la historia, su presidente se llamó Juan Domingo Perón. No hubo otro mejor que el gobierno de Perón, no nos confundan” aseguró en respuesta a la mandataria que había calificado de esa manera la gestión del ex presidente Kirchner.

También en su discurso ante el pleno de la Asamblea Legislativa, Cristina había anticipado la disputa que se vendría. ”Hay derecho de huelga, pero no de chantaje ni de extorsión” aseguró  y Moyano le replicó: ”los trabajadores no extorsionan ni chantajean pero no van a dejar de reclamar lo que les corresponde”.

En ese marco, el líder de Camioneros anunció su renuncia a la presidencia interina del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires y al Partido Justicialista en el orden nacional. ”No tengo vocación de bufón. No puedo aceptar que otros tomen las decisiones que tienen que tomarse en el seno del justicialismo” disparó y calificó al histórico partido de ”cáscara vacía” que ”pasó a ser un instrumento de poder que manejan unos pocos”.

La radicalización de la disputa, provocó una nueva ruptura en la CGT que el año pasado quedó divida en tres al tiempo que sectores con posturas que no demasiado tiempo antes parecían irreconciliables comenzaron a mostrarse juntas. Así la CTA opositora, conducida por Pablo Micheli, comenzó a marchar a la par de la CGT Azopardo, al tiempo que sumaba a los reclamos la Federación Agraria Argentina liderada por Eduardo Buzzi.

En 2012 estos sectores convocaron a la primera huelga general contra un gobierno kirchnerista. Fue en noviembre, pocos días después del multitudinario cacerolazo del 8N. Calificado como un éxito para los organizadores, desde el oficialismo limitaron el impacto de la medida a la ciudad de Buenos Aires y a los múltiples piquetes en los accesos a la ciudad que la mantuvieron virtualmente sitiada durante todo un día. En diciembre fue el turno de la movilización a Plaza de Mayo. Los reclamos eran los mismos: elevar el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias y la adopción de medidas para combatir contra la inflación.

El gobierno por su parte dio dos duros golpes a las finanzas de Camioneros. En marzo pasado resolvió transferir el organismo encargado del pago de reintegros a las obras sociales sindicales a la órbita de la Superintendencia de Servicios de Salud al tiempo que en julio dejó sin efecto una norma sancionada en 2003 por la cual el Estado cubría los costos que representaba para las empresas transportistas los exámenes psicofísicos de los conductores. La obra social del sindicato recibía desde hacía años anticipos por varios millones de pesos a cuenta de este Régimen de Compensación de Aranceles, y existían denuncian por un supuesto manejo irregular de los fondos.

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Proyecto político

”No me seduce ser legislador, no me encuentro, yo soy un tipo ejecutivo”, planteó el jefe cegetista en noviembre pasado poco antes de presentar el Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo (PCEyT), la fuerza con la espera enfrentar al kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, el principal distrito electoral del país, así como también en Corrientes, Tierra del Fuego y Chubut donde está cerca de conseguir los avales que exige la Justicia Electoral como requisito para participar de un acto eleccionario.

Con el propósito de potenciar su armado político, Moyano comenzó a acercarse a los más acérrimos detractores del gobierno nacional. En ese camino se sacó una foto con Mauricio Macri en octubre pasado. Una imagen improbable años antes. Y hasta se animó bromear acerca de una eventual fórmula ”Macri-Moyano”.

El secretario general de la UATRE, Gerónimo ”Momo” Venegas y el intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, ofician de nexo entre el sindicalista, el macrismo (a través del intendente de Vicente López, Jorge Macri) y los sectores más conservadores del PJ y de la UCR ( a través del intendente de San Isidro, Gustavo Posse).

Lejos de distenderse todo indica que la disputa promete profundizarse aun más en los próximos meses. El inicio de las discusiones paritarias con las elecciones de medio término como horizonte en medio de los coletazos de la crisis financiera internacional parecen ofrecer terreno fértil a la conflictividad social. Un panorama semejante es más propicio para la oposición. Y el moyanismo parece dispuesto a explotarlo.

La experiencia de 2008-2009 es el antecedente más próximo. El protagonista en aquella oportunidad fue ”el campo” y encontró a Moyano codo a codo con la Casa Rosada en una disputa que fue el preludio a la derrota del oficialismo en las Legislativas de 2009. Aquel enfrentamiento, que para el gobierno nacional estaba motivado por ”un ánimo destituyente”, parece hoy proyectarse hacia estas nuevas elecciones con un cambio de protagonista en la vereda opositora. 

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