Mendoza, la pacata

Lo que dejaron las elecciones provinciales

Mendoza, la pacata

por Javier Ozollo

En las recientes elecciones de Mendoza, el Frente Cambia Mendoza ganó la gobernación con el 49,88 por ciento de los votos, seguido por el Frente Elegí con el 34,96 por ciento. Muy atrás quedaron, el nuevo partido provincial Protectora, con el 8,44, y el FIT, con 3,30. De esta manera, el oficialista Rodolfo Suárez, sucesor de Cornejo y de fuertes lazos con Macri, fue elegido gobernador con una diferencia de casi 15 puntos sobre la candidata opositora Anabel Fernández Sagasti, representante en la provincia de Alberto Fernández.

Si bien Anabel mantuvo el mismo porcentual que en las PASO provinciales de junio obtuvo todo el Frente Elegí e incluso, en votos nominales, aumentó su caudal (lo que hace inviable cualquier análisis serio de “fuego amigo”), lo significativo de la elección es que la brecha aumentó en alrededor de 7 puntos en relación con las primarias y que el Frente no pudo capturar todos los votos de Alberto en las PASO nacionales, en un contexto de debacle política y económica del oficialismo a nivel nacional, del cual es socio el radicalismo local.

La población mendocina, en su mayoría, desmejoró su condición económica, sin embargo no se ha comportado electoralmente a nivel provincial de acuerdo a ello, y sí lo ha hecho a nivel nacional: el Frente de Todes ganó las PASO nacionales en la provincia por 3 puntos.

A pesar de las posibilidades de gestión de las provincias, está claro que la política económica es principalmente resorte del gobierno nacional. Por lo tanto, para los ciudadanos los problemas económicos tienen dimensión nacional y el éxito o fracaso depende de la gestión nacional. La inflación, la deuda, los servicios energéticos, valor del dólar, etcétera, son, según el votante medio, problemas nacionales.

Primer acierto obvio del oficialismo mendocino, desdoblar la elección y desmarcarse profundamente del gobierno de Macri. Digamos rápidamente, el mendocino votó mayoritariamente con el bolsillo a Alberto Fernández y con las creencias a Rodolfo Suárez.

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Se puede inferir que la elección nacional provocó una “sobre-reacción” cultural, y la diferencia a favor de Cambia Mendoza provino de un aumento en la cantidad de votantes (del 74,6 al 79 por ciento del padrón), de una disminución de los votos en blanco (del 3,74 al 2 por ciento), del vuelco de los votantes de los partidos que no obtuvieron el mínimo en las PASO, y de un insignificante porcentual de votantes peronistas no conformes con la candidata del Frente Elegí.

Ahora bien, ¿cómo se compone el sistema de creencias, valores y expectativas de los mendocinos? Muy por encima podemos decir que Mendoza, basada en el desarrollo de la industria vitivinícola, entre otras cuestiones, ha generado pautas culturales conservadoras en lo político. Ese conservadurismo político ha tenido tres vertientes: el conservadurismo tradicional, que se ha identificado más o menos con el Partido Demócrata (PD) y recoge históricamente un 15 por ciento aproximado del electorado; el conservadurismo republicano y de clase media, que se ha identificado con el radicalismo y ha tenido un piso del 30 por ciento histórico, y finalmente el conservadurismo popular, adscripto al peronismo y que se sostuvo en otro 30 por ciento histórico. Queda un 25 por ciento que se reparte en los indecisos que basculan entre una y otra según la coyuntura, los nuevos partidos y la izquierda clasista. Ahora bien, ¿si todos son mayoritariamente conservadores por qué sólo el espacio popular y nacional puede impulsar [email protected] progresistas?: por su origen de clase, el conservadurismo tradicional tiene poco margen para oscilar a posiciones fuera de las ideas conservadoras clásicas (clasismo, liberalismo y neo liberalismo, catolicismo, admiración por la cultura hegemónica mundial, etc.), mientras que en el otro extremo, por lo mismo, el conservadurismo popular tiene mayor margen para bascular y puede ir desde candidatos conservadores hasta candidatos abiertamente progresistas y disruptivos como Anabel.

El segundo acierto (este estructural y no coyuntural) de Cornejo fue subirse a la ola de derecha y aliarse al sector conservador tradicional (el PD) y así subir el piso histórico del radicalismo. Eso le significó transformar al radicalismo mendocino en el nuevo partido de derecha, pero ganando elecciones. Como efecto de este segundo acierto es la imagen del candidato Suarez, el típico hombre blanco rubio, anti-derechos, con traje almidonado y parco en su elocuencia. Una imagen acorde a la nueva estructura de Cambia Mendoza y a ese piso de 45 por ciento de votantes de ambas identidades conservadoras.

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El tercer acierto es más bien territorial. Los municipios de Mendoza, vía endeudamiento provincial, se llenaron de pavimento, plazas y circuitos para bicicletas. No hay cambios estructurales ni mejoras profundas, pero hay mejoras que “se ven”.

Los errores de la oposición fueron también importantes. Un primer error es histórico: los anteriores gobiernos justicialistas de Celso Jaque y Francisco “Paco” Pérez no supieron aprovechar la ola económica de crecimiento que produjeron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández a nivel nacional. Este es un punto en el cual machacó Cambia Mendoza en campaña. Un segundo error es territorial y también histórico. Muchos de los intendentes peronistas, en los departamentos más populosos, hicieron hasta el 2015 gestiones muy malas o con importantes niveles de corrupción. En su comparación las gestiones mediocres de los intendentes de Cambia Mendoza, con plazas y adoquines, fueron valoradas por los votantes.

Hay un punto que no se puede considerar un error sino un acierto, aunque influyó negativamente en la elección tomando en cuenta la matriz conservadora de una mayoría de la población. En una Mendoza pacata, Anabel, mujer, joven, progresista y de La Cámpora… fue demasiado.

Finalmente, hay un error enorme que se podría cometer: pensar que una elección de particularidades muy específicas como las mendocinas puede nacionalizarse. Lo que para Mendoza fue demasiado, para la Argentina puede ser imprescindible.

* Javier Ozollo es director de la Maestría en Política y Planificación Social, Universidad Nacional de Cuyo.

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