Massa se fue de boca

Expresiones como “romper el ojete”, “que me la mame” (en alusión a lo que sería una succión de pene) o ”¡Que se vaya a la concha de su madre ese gordo!”, muestran la contratara de un Sergio Massa, que blindado y con la ayuda de gran parte del arco mediático, intenta seducir al electorado bonaerense mostrándose como una persona con valores familiares y de buena educación.

En una nota publicada por el diario La Nación dio a conocer tres o cuatro hechos cuyo análisis reviste cierta importancia, ya que permite conocer al “Massa” que el propio Sergio Massa intenta denodadamente no mostrar a la gente.

El primero, quizás el más impactante por la violencia verbal que conlleva, es el que sucede tras finalizar un acto de campaña y donde tras entregársele las llamadas que recibió durante el mismo, Massa le contesta a su secretario que quiere que uno de los que lo llamaron “se la mame” (en alusión a lo que sería una succión de pene).

”Me interesa hablar con Leuco, con Doris Capurro, con Alberto Fernández y con Luis Acuña. Con éste, no; éste, que me la mame” le indicó Massa a su Secretario.

En segundo lugar, una situación que no solo da cuentas de un vocabulario vulgar y ordinario, lo cual ya se vio en el primer caso sino a su vez, un hecho en el cual se revela cual es el verdadero comportamiento político del candidato ante sus opositores.

La situación se da al término de una entrevista en el canal TN con Nelson Castro, y da muestra de un Massa desencajado y eufórico, muy lejos de la moderación y perfil dialoguista que regularmente intenta mostrar. En la misma, Massa le indica a su señora Malena: ”Hicimos picos de cuatro puntos y ellos, que estaban en tres canales, no sumaron ni uno… ¡Les rompimos el ojete!”, gritó el Tigrense excitado.

Por último, una circunstancia que demuestra la prepotencia del líder del Frente Renovador una vez terminado un acto en La Matanza. Allí Massa le ordenó a uno de sus asesores que mande un comunicado a la prensa que diga que recorrió La Matanza, ”pese a las amenazas de D’Elía”, respecto de quien desliza eufóricamente ”¡que se vaya a la concha de su madre ese gordo!”.

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