En el macrismo, en tanto, las respuestas suelen ser más cordiales, aunque tampoco se animan a dar a conocer los contactos entre ambos sectores. Reuniones secretas, llamados telefónicos y una sola premisa: la unidad de cara a un eventual balotaje que, todo indica, por más que Massa diga que va a estar, tendrá como protagonistas a Daniel Scioli y a Mauricio Macri.

Todo esto hasta el lunes. Los hechos son más contundentes que las palabras. Si bien se lo presenta como un hecho aislado, lo cierto es que en Bragado, la candidata a intendenta del massismo, Daniela Guini, declinó su postulación e informó que jugará en octubre para el candidato macrista, Vicente Gatica.

En Bahía Blanca también se bajó el massista Dámaso Larraburu. Pero en este caso no pareciera haber acuerdo, pues el histórico peronista aclaró de entrada que votará por el candidato K, Marcelo Feliú.

Arriba no pasa nada. No se baja Massa y tampoco Vidal. No dan los tiempos. No hay intenciones. Pero a nivel municipal es distinto. El acuerdo del sube y baja, según confirman en estricto off desde el massismo y según quedó evidenciado en Bragado, está en marcha.

“Se está hablando, por ahora es eso; se puede cumplir como no”, aseguraban hasta la semana pasada, en referencia a varios distritos del Conurbano. Lo charlado hasta el momento tiene que ver con la posibilidad de “bajar” a los macristas que no hicieron una buena PASO y tienen nulas chances de pelear por la intendencia, para beneficiar así a los massistas que están palmo a palmo con el kirchnerismo. Al revés, igual: bajar a los candidatos massistas que llegan a octubre sin posibilidades de triunfo y así dejar mejor posicionado al postulante renovador.

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Las tratativas las llevarían adelante el intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, y su par de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, por el lado del massismo, y el intendente de Vicente López, Jorge Macri, y el ministro de Gobierno porteño, Emilio Monzó, por el lado del PRO. La misma fuente que da por seguros estos encuentros agrega que el propio Mauricio Macri supo participar de alguno de ellos.

“Se trata de un gesto. El candidato a bajar no tiene ningún tipo de posibilidad. Es más: algunos de ellos ni siquiera pelean por un concejal”, cuenta un allegado a uno de los supuestos negociadores, y destaca que “la idea es ir aceitando todo de cara a la segunda vuelta”. La fuente completa: “En el PRO dan por seguro que llegan al balotaje. A cambio de estos acuerdos que salvarían la ropa del massismo en dos distritos, ellos ganan en votos para Macri y en fiscalización, porque estructura no tienen”.

Además, en el caso de que los candidatos no acepten bajarse, la represalia vendría por el lado de quitarles el financiamiento para octubre.

De la Torre, uno de los nombrados al frente de las negociaciones, es quien sacaría más provecho del subterráneo pacto. La suma de los votos del FpV (ahora con Franco La Porta a la cabeza) le genera temores y preocupación de cara a las generales. La calma parece estar en los votos que en las PASO cosechó Octavio Frigerio, el candidato amarillo.
“Se está charlando”, comenta a La Tecla una fuente cercana al Palacio Comunal, al tiempo que agrega que “las posibilidades son muy fuertes”.

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El hijo del ex ministro de Industria Rogelio Frigerio consiguió el 17,4 por ciento de los votos, pocos para pelear la intendencia y muchos para sumar al 31,65 por ciento del oficialismo local. El FpV, en total, se alzó con el 41,21 por ciento. Eso sí, Frigerio, quien se animó a pedirle la renuncia a Fernando Niembro, dijo que su candidatura no se baja.

El otro que aparentemente se sienta a negociar, y sacaría buena tajada del asunto, es Cariglino, quien estuvo a punto de pegar el salto al macrismo. Algunos dicen que lo pegó y que luego volvió. Pero a esta altura, no importa. O sí. Lo cierto es que quien tendría que dar un paso al costado en Malvinas Argentinas es el macrista Alberto Czernikowski, quien en las PASO había alcanzado el 11,43 por ciento de los votos.

Por supuesto, nada personal con el hombre de Cambiemos. El histórico barón, otra vez complicado en las urnas (en 2011 lo hizo tambalear el kirchnerista Luis Vivona), necesita sumar votos anti K a los conseguidos el 9 de agosto. A priori, el 39,75 por ciento que obtuvo en las PASO, parece no ser suficiente. El hombre a vencer, y a quien se le teme y respeta, es el referente de Kolina, Leonardo Nardini, quien de entrada cuenta con un piso del 40 por ciento.

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Nada es gratis en el mundo de la política, y Cariglino lo tiene muy en claro. A cambio del “favor” macrista, él sacrificaría a uno de sus hombres: el edil del Frente Renovador quilmeño Walter Queijeiro, quien, de ganar en 2013 con comodidad, hizo “sapito” en 2015 y quedó lejos de la pelea. El propósito, casi a modo de yapa, es reforzar al macrista Martiniano Molina, que le puede disputar cabeza a cabeza la intendencia a Francisco “El Barba” Gutiérrez.

Otro de los casos a los que La Tecla tuvo acceso se da en Morón, donde el esposo de María Eugenia Vidal, Ramiro Tagliaferro, necesita un espaldarazo para voltear al sabbatellismo, en esta ocasión liderado por Hernán Sabbatella, hermano de Martín. El “fuera abajo” sería para el massista Martín Marinucci, quien sacó en las PASO el 17,30 por ciento y tiene cero posibilidades de ocupar el principal sillón de la Comuna.

Hay charlas y reuniones, y seguramente las seguirá habiendo. La operatoria no es sencilla. Primero, porque la idea, en caso de que se lleve a cabo, es hacerlo de manera disimulada; y segundo, porque hay que comunicar y convencer a los protagonistas sin que éstos se muestren heridos. Todo sea por la intendencia y serrucharles el piso a los K; y, por qué no, por la Presidencia.

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