Macri no tiene votos propios. La debilidad de una Alianza que cruje

– Por Fabian G. Tigur

Estas elecciones PASO dejaron al desnudo la cruda realidad de un espacio político creado a partir del marketing puro y del “negocio político” entre distintos sectores poderosos del país, pero sin una plataforma real de gobierno.

El armado de CAMBIEMOS es un proceso que comenzó luego del aplastante triunfo de Cristina Fernández en 2011. Allí se generó una serie de reuniones entre líderes opositores al gobierno presionados fuertemente por los medios hegemónicos de comunicación y el stablishment financiero. Aún se puede observar por los medios tecnológicos, las duras acusaciones vertidas por periodistas, economistas liberales y dirigentes del campo concentrado, quienes se agolpaban en programas periodísticos acusando a los partidos opositores ante la falta de acuerdo para enfrentar al gobierno Kirchnerista.

Por esos momentos el único líder opositor que quedaba en pie era Mauricio Macri, dado que, luego de una jugada magistral de Duran Barba lo había hecho bajar de la candidatura en 2011 para no caer frente al inminente triunfo de Cristina. Y luego sucedió lo sabido, la UCR como mayor fuerza opositora selló su acercamiento a Mauricio Macri con un fuerte operador mendocino que negociaría con ello el acceso a la gobernación: hablamos de Alfredo Cornejo. Luego se sumaron Elisa Carrió, partidos políticos conservadores de distintas provincias como el caso del P. Demócrata en Mendoza, la “sorpresiva adhesión de Hermes Binner y el socialismo y hasta el aporte solapado de algunos sectores peronistas.

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Todo ello con el aval del poder económico concentrado, quienes son los propietarios de los grandes medios de comunicación, se encargaron de “lavarle la cara” a esta alianza que nunca tuvo un punto de acuerdo programático claro, más allá de un buen negocio político.

De esa manera le dieron a Macri el mando del país y ellos se repartieron como botín de guerra, las distintas provincias. Así fue que, durante estos cuatro años sobrellevaron un gobierno que fue “bancado fuertemente” por los legisladores que aportaban las provincias y con el único mensaje de la “Herencia recibida”.

El domingo 11 de agosto el pueblo argentino dijo claramente BASTA a esta propuesta y a partir del lunes los distintos sectores pusieron en práctica el “sálvese quien pueda”, abandonando el barco antes de que se hunda y dejando a Macri en la mayor de las soledades. Así por ejemplo Cornejo y Suarez, quienes fueron, públicamente y son, en “off” partícipes activos de este armado comenzaron a despegarse, con la única intención de salvar su bote, mientras que los distintos periodistas de medios hegemónicos, de la noche a la mañana, comenzaron a propinarle duras críticas al Presidente, dejando de lado su postura “militante” a favor del gobierno.

PANORAMA ACTUAL

Con el voto popular ha quedado al desnudo un armado espurio, a espaldas del pueblo y de los afiliados de los partidos políticos como la UCR que, nuevamente vuelve a editar la experiencia del 2001 cuando De la Rúa lideraba la primera experiencia fallida. Del 33% aproximado que sacó Macri, la mayor parte de los votos se los aporta la UCR, por lo tanto ni Cornejo ni Suarez se pueden hacer los desentendidos, ellos son parte directa en la responsabilidad de este nuevo fracaso que no sólo va a significar una grave crisis para los partidos políticos que lo integran, sino lo más grave, el hundimiento nuevamente del país en una profunda crisis que le va a costar años salir. En concreto la UCR votó en el Congreso todas las iniciativas del Presidente.

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En el frente económico, la Alianza de gobierno encara esta etapa de la campaña con el último manotazo de ahogado, acudiendo al desorden social económico, manipulación del Dólar mediante, y con nuevo mensaje: “la culpa de todo la tiene el próximo gobierno”, algo totalmente inédito en la política argentina y de una irresponsabilidad altamente peligrosa para el futuro del país que va a quedar literalmente arrasado, con el agravante de que, a diferencia de la crisis del 2001, actualmente el mundo vive un delicado equilibrio donde los economistas más creíbles vaticinan una dura recesión global.

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