Mauricio Macri ha elegido un enemigo. Es Cristóbal López, el “zar del juego”, uno de los empresarios más poderosos del país, líder de un holding diverso y en expansión hasta hace pocos meses.  Y con este endurecimiento le mandó un mensaje a otros empresarios.

El Presidente le hizo saber a fines del año pasado primero, y en las últimas semanas de modo más directo y contundente, que ya no obtendrá ningún beneficio estatal que esté por fuera de las normas estatales. El propio Macri le mostró a Cristóbal, con un gesto singular, que está dispuesto a enfrentarlo.

Durante la campaña electoral del 2015, Cristóbal llamó durante largo tiempo al entonces candidato a Presidente para tener una reunión con él. Sentía que sus teléfonos sonaban en habitaciones vacías. No obtenía respuestas a su pedido.

Macri lo convocó en una fecha extraordinaria: el mismo día de la elección en la que sería elegido Presidente, tal como consignó Perfil. Según fuentes del oficialismo y del entorno de López, la reunión terminó mal.

Los medios de Cristóbal habían sido críticos de Macri durante la campaña: él consideraba que había sido “atacado”, sin rigor periodístico. “¿Qué querés?”, inició el diálogo Macri, según reconstruyó Clarín en base a fuentes que estuvieron al tanto del encuentro. “Conocerte”, contestó Cristóbal.

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La discusión se extendió por diversos temas, pero volvió hacia el tratamiento que los medios de López habían tenido con Macri durante la campaña.

“Eso puede cambiar”, intentó conciliar el empresario, pero habría agregado esto: “Lo que no me podés pedir es que mis medios critiquen a Cristina”.

Macri contestó a esa cuestión, palabras más, palabras menos, de este modo: “Me estás diciendo que tus medios son de Cristina”. La reunión terminó.

El Gobierno mantuvo en los últimos tiempos un canal de interlocución con López.

Antes de asumir la Presidencia, Macri no cortó del todo los canal es de comunicación con López, siempre canalizados a través de empresarios amigos y funcionarios que tenían buena relación con el empresario. Pero las últimas reuniones de enviados del Gobierno con el “zar del juego” terminaron mal.

“Si me cortan los negocios dejó miles y miles de personas en la calle”, se enojó Cristóbal antes de que la disputa con el macrismo sea evidente, y tal vez, definitiva.

Macri, que no suele olvidar a quienes se convence que lo maltrataron de modo inaceptable entendió que tenía un nuevo enemigo,

Ya con el control del Gobierno, el Presidente detectó irregularidades en los negocios regulados por el Estado en los que participaba el zar del juego.

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Como Jefe Porteño había padecido la intransigencia de Cristóbal para ser controlado en sus juegos de azar en la ciudad, suele contar el Presidente en la intimidad. “Siempre tuvo gestores de privilegio”, describió a López un ejecutivo del juego que lo conoce hace años.

Las excepciones a leyes, o los perdones estatales a sus millonarios retrasos en el pago de impuestos fueron durante años su principal herramienta para crear nuevas compañías, o hacer crecer las que ya tenía. No solo a nivel nacional, sino también bajo control de otras localidades.

Desde que se adueñó de las tragamonedas del hipódromo de Palermo y el Casino Flotante, jamás pagó el impuesto de ingresos brutos. Lo hizo basándose en una discusión jurídica sobre qué autoridad tenía potestad sobre sus juegos de azar porteños: si la Jefatura de la Ciudad o el Poder Ejecutivo. Esas argucias quedarán saldadas si la Nación cumple con su promesa de devolverle a la Capital Federal la competencia sobre el juego, después de auditar a los negocios de Cristóbal. Si eso pasa, la Jefatura Porteña podría reclamarle a López el pago de ingresos brutos atrasado, con punitorios, por un monto de $ 10 mil millones, que se achicaría a la mitad sin que se cuenten los intereses.

En el 2015, el casino de Cristóbal López era el mayor deudor de la provincia de Mendoza: no pagaba ingresos brutos ni sellos y su deuda creció hasta superar los 5 millones de pesos. Lo mismo hizo en ese distrito su petrolera Oil, hoy bajo sospecha judicial porque a nivel nacional evitó pagar 8 mil millones de pesos de impuestos a la nafta, a pesar de que habría utilizado ese dinero para financiar otros negocios.

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En Rosario, López también logró beneficios estatales. Se retrasó en la apertura de su Casino City Center: pagó de multa 10 millones de pesos. La oposición en Santa Fe denunció que le correspondía abonar 70 millones.

El gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, terció en personal con la empresa Boldt para que sus directivos acepten convivir comercialmente con López en el casino de Tigre: el empresario quería comprar la mitad de las acciones de ese negocio que pertenecieron a Comercial del Plata. Siendo accionista de ese casino podía evitar una ley que no le permitía a competidores a instalar bingos en Vicente López o San Isidro. El poder político, con excepciones, no se le animó o fue “cómplice” de López durante los años de los Kirchner en el gobierno. Es amigo de la familia K. Ahora lo investigará la Justicia

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