Índice de Libertad Económica: puntaje de 46,7 y retrocediendo. Somos, según este parámetro, la 160ª economía libre del mundo de un listado de 177. Índice Internacional de Percepción a la Corrupción: desmejorando. Estamos en la posición 102ª de 176, una de las peores latinoamericanas después de Venezuela. Índice Mundial de Libertad de Prensa: caída abrupta entre 2012 y 2013 (siete lugares), consecuencia de las ”crecientes tensiones entre el gobierno y cierta media privada de acuerdo a una nueva regulación de la comunicación mediática”. Índice Global para la Inversión en Infraestructura: estamos 38 de un ranking de 40 (abajo nuestro, Grecia y Venezuela). Índice Global de Competitividad: ¿adivine el lector? Caída libre de 10 puestos desde la medición anterior. Descendimos al 94 sobre 144. Sus autores explican nuestra pésima performance debido al ”continuo deterioro de las condiciones macroeconómicas del país (ubicación 94), acoplada a una muy mala calidad institucional (138) y a ineficientes funcionamientos del sector laboral (140) y los mercados financieros (131). Según parece, el país falla en el aprovechamiento de su importante mercado doméstico (21). […] La pobre evaluación de su funcionamiento institucional se explica en la débil eficiencia gubernamental (142) y en una de las más bajas puntuaciones mundiales en términos de ‘confianza en los políticos’ (143)”. No bastaría el día para terminar de recopilar los indicadores de una Argentina eternamente granja.

LOS PUNTOS DÉBILES DEL MODELO… ¿DE QUÉ MODELO? Arriba, los manuales del comprador escritos por almaceneros. Pero no cualquier almacenero, sino los contratados por los think tanks ultraconservadores más prestigiosos del Occidente ”civilizado”: Fundación Heritage, CATO Institute, American Enterprise Institute, FMI, Banco Mundial, etc. Entre los últimos tres, 130 millones de dólares en donaciones y fondeos durante 2011. Manteca al techo y manteca a los ”especialistas” del subdesarrollo. La grave crisis de la globalización neoliberal así lo demanda. Lobbistas ex funcionarios y técnicos criollos son pues convocados a mantenerse en estado de alerta y movilización. La Nación y el Grupo Clarín replican los pésimos indicadores de la pésima Argentina. Las migajas de los 130 millones están en juego. Miguel Kiguel –que trabajó para Carlos Menem, Roque Fernández y Cavallo, responsable además de la brutal aceleración del endeudamiento nacional a comienzos del nuevo siglo– figura en el pedestal de la ortodoxia mediática. Como los restantes opinadores de los centros financieros y especuladores internacionales, este asesor del FMI se propone –pues así se le ha indicado– convencer a la opinión pública que la economía y las finanzas argentinas están en terapia intensiva. Presenta a la sociedad como ”puntos débiles del modelo” las políticas gubernamentales contrarias a la redolarización de la economía, a la reprivatización de la deuda pública y a unas finanzas dirigidas desde Wall Street, Londres y Berlín. En otras palabras, políticas opuestas a una Argentina apéndice y eternamente granja.

¿CUÁLES SON LOS PUNTOS DÉBILES DEL MODELO? Los think tanks nativos para la colonización pedagógica tienen empleo, mucho empleo (otra explicación de por qué el modelo kirchnerista beneficia a todos y todas). Veamos cómo el ”especialista” Kiguel convierte en problemas del ciudadano común los puntos débiles para la supervivencia del modelo semicolonial: ”inflación, atraso cambiario, tipo de cambio paralelo y riesgo país”, todos temas ”destinados al zaguán de los recuerdos” y que sin embargo hoy ”retomaron vigencia” para pasar ”a ser el centro de las preocupaciones de la economía argentina”, afectando ”seriamente el crecimiento y la inversión” (La Nación – 24/2/13). La orden recibida por el economista asesor del FMI es clara: hay que frenar como sea una Argentina industrial, económicamente moderna y con un mercado interno poderoso y en expansión. Hay que terminar con el exitoso desendeudamiento. El país que creció tanto debe volver a confinarse a los límites de la República del Estado de la Pampa Húmeda. La Argentina nació granja y así debe seguir. A la cabeza de la bicentenaria cruzada están La Nación y el Grupo Clarín. Las expectativas inflacionarias manipuladas por ellos y dominadas por los oligopolios formadores de precios (aquí sí la inflación como punto débil del modelo vigente), su espada más incisiva. A propósito, ¿calculó el IPC-Congreso cuánto influye en la suba de precios el manejo mediático de las corporaciones mediáticas aludidas? ¿Calculó Bevacqua cómo impacta el accionar de las patronales agrarias y los oligopolios formadores de precios en el mercado cambiario y la corrida al peso?

LOS PUNTOS FUERTES DEL MODELO Y EL DEBATE CULTURAL AUSENTE. La recuperación del patrimonio público y el aumento de la inversión social; el congelamiento de precios, la desarticulación de los oligopolios y monopolios, el desendeudamiento y la victoria definitiva sobre los buitres; la profundización de un nuevo marco regulatorio energético e hidrocarburífero, la mayor captación de renta agraria, el aumento del empleo, la expansión del mercado interno y la diversificación económica; la autonomía del Banco Central (de Wall Street y la Bolsa de Londres), el descenso de la mortalidad infantil, los mejores niveles de educación, salud, equidad social, etc., los puntos fuertes del modelo vigente. Ahora el gran desafío: ¿cómo lograr que las capas medias vinculen estos aspectos con su propia mejora socioeconómica y la de sus seres queridos? Aproximadamente un mes atrás, el Ministerio de Economía informaba el resultado fiscal primario del sector público nacional: superávit primario acumulado de 6670 millones de pesos. La gacetilla oficial que detalla los resultados llevaba en el título una notable perlita: ”Sector Público Nacional. Resultado Primario Sin Privatizaciones”. ¡Claro, superávit sin privatizaciones! Del 2003 a esta parte el superávit fiscal ha permitido financiarnos con ahorro genuino sin nuevo endeudamiento ni pérdida del patrimonio público. Doña Rosa, ¿Ud. qué prefiere: cerrar el año con un plus en su billetera producto de haber vendido su auto, hipotecado su casa o pedido prestado a un desconocido, o bien como consecuencia de una mejora en sus ingresos y de una más óptima organización de su economía y finanzas? Por desgracia, la gacetilla no abordaba la cuestión desde los dos modelos en pugna. Apenas lo plantea en su título. No explicaba el daño que las privatizaciones de los ’90 causaron a los argentinos. Tampoco los beneficios de su reversión. La política no puede faltar a la explicación económica. Sólo así se logrará subordinar definitivamente la segunda a la primera.

REBELIÓN EN LA GRANJA. Nos bombardean mediáticamente las metrópolis en decadencia. Sus repetidoras locales del país granja –voceras de la servidumbre doméstica– naturalizan y multiplican el mensaje conforme la concepción de progreso y desarrollo aprehendida por el medio pelo. Pero la tarea se les hace cuesta arriba, tal vez como nunca en los 203 años de historia. ¿La vía al progreso y al desarrollo son las medidas de austeridad fiscal y ajuste popular aplicadas en Europa y EE UU? ¿Es realmente el FMI la solución a los ”problemas” argentinos, el mismo FMI que en España decide reservar un 3,2% del PBI a las corporaciones financieras, habiendo 6 millones de desempleados y en ascenso? ¿Es realmente votable la oposición al gobierno de Cristina, oposición que exhibe intenciones y discursos similares a los de Rajoy, Merkel y la troika ajustadora? La colonización pedagógica tiene un límite, el límite impuesto por casi ocho años de crecimiento ininterrumpido de la economía, del mercado interno y del aparato productivo, en un contexto social ascendente, con caída de la pobreza y del desempleo. Mal que le pese a la reacción, se vive muy bien, mejor que en los últimos 50 años. Falta que la clase media tome conciencia de sí y para sí, divorciándose de la nobleza sojera y del mercantilismo importador y parasitario. Como sea, la granja que fuimos entre 1976 y 2003 se rebela, y no porque deseemos vivir sin ella sino porque rechazamos que nos viva. Hace nueve años que la granja se diversifica, proveyendo de recursos al país en su conjunto. En efecto, desde fines de 2007 que la granja aporta capitales –antes apropiados por unos pocos– para grandes obras de infraestructura, para mejoras sociales, para la modernización del aparato productivo y el estímulo al consumo a lo largo y ancho del país. La mejor cosecha de esta granja en vías de democratización no son los granos, sino el reverdecer de la propia industria, de un Estado protagónico y de un modelo redistributivo que rescata del pozo a las grandes mayorías vapuleadas durante casi medio siglo. Lógicamente que la rebelión en la granja desagrada a las metrópolis en decadencia y a su servidumbre semicolonial. Piensan y pergeñan: el modelo vigente no puede ser asimilado ni sentido por las clases medias como la tendencia al progreso y al desarrollo verdaderos. Urden y engañan: tenemos que dar la impresión de estar pésimo para que puedan aplicarse las medidas de ajuste, congelamiento y desregulación propuestas por los grandes desmanteladores del Estado benefactor. Una Argentina virtual en pésimo estado o una Argentina real sometida por el neoliberalismo, aquí las únicas garantías para asegurar el retorno de la reacción al poder y contentar al amo extranjero. Así que: ¡apunten, disparen, fuego! Artillería pesada, que es la cultural, la más dañina, la más intrincada y la única que les queda. Que ni crea el pueblo argentino estar yendo por el buen camino.

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