Lobo ganó las elecciones del 29 de noviembre bajo el régimen de facto que encabeza Roberto Micheletti en medio de un fuerte abstencionismo (más del 50 por ciento reconocido oficialmente) de los sectores que adhieren al Frente de Resistencia Contra el Golpe de Estado.

La campaña se realizó con el país sitiado por militares y policías, acusados de múltiples asesinatos, violencia, torturas y desapariciones, según el informe que dio a conocer la semana pasada la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Zelaya fue derrocado por un golpe de Estado el 28 de junio de 2009 y expatriado a Costa Rica por los militares, en una conspiración apoyada por la mayoría de los ex diputados del Congreso, la Corte Suprema de Justicia, empresarios, la jerarquía de las iglesias católica y evangélicas, y miembros de agrupaciones cívicas.

La comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), rechazaron y sancionaron a Honduras por esa asonada, pero tras prolongados e infructuosos intentos de negociación para restituir la democracia en ese país, Estados Unidos cambió de posición y apoyó las elecciones en las que triunfó el conservador Porfirio Lobo.

Creció sin embargo un Frente de Resistencia, duramente reprimido, que exteriorizó durante meses sus protestas y que en la asunción de Lobo prometió volver a ganar la calle y luego despedir a Zelaya, quien tras dos intentos de retornar a Honduras (5 de julio y 23 de julio), ingresó clandestinamente y se alojó en la embajada de Brasil el 21 de septiembre.

Zelaya, que llamó a la comunidad internacional a no reconocer las elecciones ni al gobierno de Lobo, durante su gobierno (2005-2010) propuso transformar en aeropuerto civil la base militar estadounidense de Palmerola; incorporó a Honduras al ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), duplicó los sueldos mínimos y propuso una reforma constitucional que detonó el golpe.

Por otra parte, está listo para su aprobación en el Congreso el decreto de amnistía política desde el golpe de Estado, donde fue presentado para su discusión y aprobación según anunció el titular del legislativo, Juan Orlando Hernández, un hombre de extrema confianza del electo Lobo.

”Queremos dar un mensaje al mundo que Honduras quiere paz, quiere conciliación, democracia y libertad”, dijo Hernández, citado por el diario local La Tribuna, al anunciar que hoy será conocido ese decreto de amnistía que preparó una comisión especial del Congreso anterior.

Previamente, Lobo visitó el miércoles pasado al presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, con quien suscribió el ”Acuerdo para la reconciliación nacional y el fortalecimiento de la democracia en Honduras”.

En ese entendimiento, Lobo se comprometió a gestionar, una vez asumido, la aprobación de una amnistía política y la integración de la Comisión de la Verdad sobre lo ocurrido antes, durante y después del golpe.

Igualmente se comprometió a otorgar un salvoconducto para que Zelaya, sus familiares y ”los integrantes de su círculo íntimo”, puedan salir hacia República Dominicana mañana ”en calidad de huéspedes” de esa nación.

Desde Dominicana se trasladará a México y luego prevé participar de las sesiones del Parlamento Latinoamericano, organismo que integra como diputado.

Zelaya, citado por la agencia noticiosa italiana ANSA, calificó de ”buen gesto” ese acuerdo suscrito por Lobo, porque está ”desmarcándose de la dictadura” de Micheletti y porque por primera vez, después de siete meses del golpe, ”reconocen mi investidura de Presidente de la República”.

En un comunicado difundido por la agencia Prensa Latina, el mandatario destituido también ratificó que ”continuará la lucha pacífica junto a la resistencia para lograr los cambios necesarios para el país”.

Por otra parte, un descalabro económico y social recibirá al presidente Lobo, situación reconocida por su antecesor, ya que la economía hondureña, la peor de Centroamérica, según la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), decreció en 2009 un tres por ciento y se vio limitada por el corte de gran parte de la ayuda internacional tras el derrocamiento de Zelaya.

En tanto, Micheletti, presionado por Estados Unidos, decidió salvar las apariencias y se refugió en su casa cinco días antes de la asunción de Lobo -igual que hizo antes de las elecciones de noviembre- pero no renunció, tal como le reclamaba un sector del gobierno en Washington, y no participará de los actos protocolares de transmisión del mando.

Renunciar, dijo, hubiese sido aceptar que ”se cometió un error o delito” al asumir el poder tras el derrocamiento militar de Zelaya.

Telam

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