”En el edificio del Diario La Nación, (Héctor) Magnetto me amenazó a mí y a mi hija (María Sol Graiver); me dijo que no había opción que (no fuera) vender Papel Prensa o perdíamos la vida mi hija y yo”, dijo la viuda de David Graiver.

Papaleo de Graiver precisó que en ese momento su hija tenía dos años y medio y no pudo continuar porque su voz se quebró.

La mujer comenzó recordando que su esposo, David Graiver, murió ”en un accidente provocado” el 7 de agosto de 1976, cuando ella y la niña se encontraban en México.

”Regresamos a la Argentina el 6 de septiembre de 1976, y a partir de ahí, recibimos amenazas personales y en grupo, telefónicas y personales, de todo tipo, donde nos decían que teníamos que vender Papel Prensa y que teníamos que vender las empresas a personas argentinas y que no fueran judías”.

Papaleo de Graiver comenzó así a relatar la apropiación de Papel Prensa, sufrida durante la última dictadura militar, al declarar en el juicio que se sigue a una veintena de represores por delitos cometidos en centros del Circuito Camps, entre ellos Puesto Vasco, donde estuvo detenida la mujer.

Recordó que un mes y medio antes de morir su esposo, un amigo mexicano, Gabriel Alarcón, le dijo: ”David, debes vender Papel Prensa porque te va a costar la vida”.

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”Yo no sabía qué era Papel Prensa, y esa noche le pregunté (a David Graiver) por esas palabras y me tranquilizó diciéndome que Alarcón pensaba que en Argentina las cosas se manejaban como en México”, relató.

Explicó también que ”cuando fui al velatorio de la mujer de (Francisco) Manrique, que murió de un ataque de asma, él también me aconsejó que vendiera Papel Prensa cuanto antes”.

Finalmente relató lo ocurrido la noche del 2 de noviembre de 1976, cuando es citada a las oficinas del diario La Nación, junto a los padres y el hermano de David Graiver.

”Era un salón grande, por un lado estaban los padres de David; por otro lado, Isidoro; unos estaban reunidos con Bartolomé Mitre y otros con Campos Carlés, no recuerdo bien; y yo estaba en otro lado con (Héctor) Magnetto”.

”Recuerdo sus amenazas a mí y a mi hija, recuerdo su mirada, decía que debíamos firmar o perdíamos la vida mi hija o yo, eran amenazas de muerte” y agregó que por esas amenazas ”no había opción a que no se vendiera Papel Prensa”.

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La viuda de David Graiver recordó que posterior a su firma, habla con ”un señor de Clarín, un abogado de apellido Sofovich” que le dijo que Clarín ”había pasado a manos de la señora Ernestina de Noble y me aconsejó que me fuera del país ese mismo día”.

Precisó que Gainza Paz ”fue el intermediario, el que trajo a los tres diarios compradores de Papel Prensa”.

”Me dijeron  que me fuera al Puerto, que ni siquiera regresara a mi casa, que encargara a alguien que me lleve las cosas, que no volviera más a mi casa y me fuera del país”, agregó.

En marzo de 1977 es detenido ilegalmente Juan Graiver, padre de David Graiver y el 14 de marzo de ese año, es detenida ella y trasladada al centro clandestino conocida como Puesto Vasco, donde sufrió torturas.

”Desde el primer día que llegué a Puesto Vasco me torturaron y maltrataron más que a nadie”, recordó.

Aseguró que ”me pegaban, escupían, torturaban y eyaculaban encima, pero preferiría englobar esto en maltrato y no dar más detalles”.

El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, presidido por Carlos Rozanski, propuso a Papaleo permitirle declarar estos maltratos con la sala sin público ni medios de comunicación.

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En Puesto Vasco la mujer estuvo detenida hasta el 7 de abril de ese año, pasando luego por otros centros de detención hasta que fue puesta a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y juzgada por un consejo de guerra, recuperando la libertad a mediados de 1982.

Contó que en una oportunidad fue sacada de Puesto Vasco para que vendiera las acciones del diario La Opinión, las que estaban guardadas en la casa de una familia amiga de apellido Sajer, que, tras retirar el sobre, fue saqueada.

La mujer identificó a dos de sus torturadores como Norberto Cozzani y otro de apellido Rojas, precisando que este último tenía un perfil más contemporizador mientras que Cozzani era el violento.

Recordó que compartió cautiverio con varias personas que trabajaban en las empresas de su esposo, como ”Silvia Fanjul y Lidia Angarola, con un contador de apellido Bogani, un abogado, y un señor de apellido Tur”.

”Me amputaron seis años de vida y seis años de la vida de mi hija”, aseguró emocionada Lidia Papaleo en alusión a los años que estuvo presa, ya que recuperó la libertad el 24 de julio de 1982.

Telam

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