Todos los caminos conducen a Roma, decían en la antigüedad, y se transformó en un dicho popular. Pero, en la Argentina, todos los caminos conducen al peronismo. Por pertenencia o por exclusión, los vaivenes del partido fundado por Juan Perón condicionan cualquier proyecto dentro del escenario político nacional. Incluso, más allá de la clásica antinomia peronismo-antiperonismo, los reacomodamientos dentro de esa fuerza impactan en todo el sistema de partidos. Por eso, en las últimas semanas, parte de la atención de los dirigentes y de los medios de comunicación se concentró en los movimientos que tienen lugar dentro del PJ y en el rol que tendrá la estructura partidaria en la elección del sucesor de Cristina Fernández para competir por la presidencia en 2015. Aun en medio del fragor de la campaña electoral previa a las legislativas del 27 de octubre, apaciguada luego por las noticias sobre el estado de salud de Cristina Fernández, la interna del justicialismo fue foco de atención. Es más, resulta insoslayable leer los movimientos internos del PJ como un eventual ensayo de lo que sucederá de acá a dos años, cuando la competencia sea por el Sillón de Rivadavia. Algunos hasta arriesgan nombres, aunque suene a vaticinio o a simple expresión de deseo. Es obvio que los escenarios cambian repentinamente al calor de los vaivenes sociales y también por imprevistos, como ocurrió con la designación de Jorge Capitanich al frente de la Jefatura de Gabinete, tras la licencia médica de la Presidenta. Una posición estratégica, que desearía más de un “presidenciable” del oficialismo.

En ese marco, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, es figura gravitante. En octubre había logrado reunir al Consejo Nacional del Partido Justicialista y, tras haber ganado protagonismo durante la campaña legislativa, también se dio el gusto de elegir al hombre que comandará el PJ bonaerense: el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza. Después del ACV que sufrió Alberto Balestrini en 2010, entonces vicegobernador y titular del PJ bonaerense, las responsabilidades partidarias fueron pasando hasta ahora de mano en mano, pero esa irregularidad ya no se puede prolongar. El PJ provincial debe convocar sí o sí a elecciones porque, de lo contrario, podría perder la personería jurídica. El elegido fue Espinoza, jefe del municipio más poblado de la provincia de Buenos Aires y, en consecuencia, el de mayor peso electoral. En una elección reñida, el intendente logró alzarse con el triunfo en las últimas elecciones. Para dimensionar su importancia, es relevante la cantidad de representantes que aporta. Un total de 19 diputados y 9 senadores provinciales, según datos del último censo nacional. Con 1.775.816 habitantes, sólo la superan en cantidad de población la provincia de Buenos Aires (obvio), Córdoba, Santa Fe y la ciudad de Buenos Aires. Con ese poder territorial y con la decisión de “representar a todos los sectores”, según fuentes cercanas al dirigente, todo indica que Espinoza comandará el PJ bonaerense a partir del 15 de diciembre.

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Así, con el aval de la Casa Rosada y de Scioli, el matancero, quien trabajará acompañado por Cristina Álvarez Rodríguez, Gerardo Martínez y Denis Salazar, se convertirá en el heredero de Balestrini también en el seno del peronismo. El aval de la Rosada llegó después de una pulseada con el gobernador para que sea él y no otro dirigente quien asumiera la conducción partidaria. “Era un riesgo dejarle la puerta abierta del partido a cualquiera que quiera postularse a la gobernación dentro de dos años”, explicó a Veintitrés un dirigente kirchnerista con dirección en la provincia. Fue un alivio para Scioli haber logrado despegarse de esa responsabilidad, ya que sus aspiraciones tienen un horizonte nacional y corría el riesgo de seguir jugando de local. Formalizada la Lista 2 “Peronismo para la Victoria”, la candidatura de Espinoza enfrentaba un solo competidor, el ex intendente de José C. Paz, Mario Ishii. Sin embargo, la Lista 7 “PJ de Todos”, que contaba con el apoyo furtivo del Frente Renovador, fue rechazada por falta de avales. Al quedar en el camino el único adversario, el PJ oficializó listas de unidad en 95 de los 135 municipios. En el resto habrá elecciones para elegir autoridades partidarias municipales. “Ishii fue tan desprolijo que ni siquiera presentó el DNI cuando se anotó para competir”, aseguraban cerca de Espinoza, donde ya se celebra, aunque todavía no se haya realizado el acto eleccionario.

Así, Scioli logró deshacerse del mandato K, que le dictaba ser el líder del PJ provincial para no allanarle el camino a la gobernación a otro dirigente. Aunque es indudable que Espinoza quedará bien posicionado en esa contienda, ya hay otros nombres en danza para suceder a Scioli en el Ejecutivo provincial. Entre ellos, Julián Domínguez, Florencio Randazzo y Martín Insaurralde. El resultado de las legislativas le permitió a Scioli gambetear las presiones, pero superado ese obstáculo, de inmediato, surgieron otros, con nombre y apellido, con quienes tendrá que lidiar de ahora en más para disputar el liderazgo a nivel nacional. “Daniel se cargó la campaña al hombro y está convencido de que los votos conseguidos en la provincia son propios”, insisten cerca del gobernador, donde entienden que el protagonismo de Scioli fue clave para detener la fuga hacia el massismo en medio de la campaña. Un para nada envidiable piso del 33 por ciento, en el distrito electoral más importante del país.

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Scioli reconoció hace tiempo que quiere ser candidato a presidente en 2015. Desde entonces, las idas y vueltas de su relación con la Casa Rosada son un clásico tema recurrente. Por eso no sorprende que la Presidenta, tras su convalecencia, haya elegido a un dirigente con un perfil parecido al del gobernador bonaerense para entronizar en la Jefatura de Gabinete. Capitanich es un hombre del PJ, ex funcionario duhaldista y con buen diálogo con los gobernadores. De impronta ejecutiva y dialoguista, a diferencia de Scioli, se entiende muy bien con CFK. “Todo indica que el sucesor de Cristina va a surgir de una interna, siempre y cuando no sea la Presidenta quien lo elija”, aseguró a Veintitrés un dirigente con acceso a la Casa Rosada. “En esa disputa ya hay tres gobernadores, un par de ministros y un senador”, afirmó otra fuente oficialista. Lo cierto es que Capitanich y Scioli quedaron en el centro de la escena, junto con el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, también candidato a sumarse al Gabinete nacional. “Daniel se prepara para revalidar sus aspiraciones presidenciales dentro de la estructura del PJ. Sacar los pies del plato no entra en su lógica. Él siempre espera la oportunidad sin romper”, se sinceró una fuente sciolista, peronista y bonaerense. Y preguntó: “¿Por qué esperan que cambie si así le va bien?”.

La decisión de Massa de abrirse del oficialismo y los resultados electorales provocaron una cadena de reacomodamientos q dentro y fuera del PJ.
Aunque el bonaerense se cargó la campaña al hombro para apuntalar a Insaurralde y, gracias a eso, el vínculo con la Casa Rosada mejoró bastante, los “kirchneristas puros” continúan mirándolo con recelo y reconocen, con los micrófonos apagados, que “nunca” apoyarían la postulación del gobernador a la presidencia. “Estuvo negociando con Massa hasta último momento”, recordó, como al pasar, la fuente con acceso a Balcarce 50, y agregó que “hace rato que Insaurralde juega abiertamente para Scioli”. Desde que la Presidenta eligió al intendente de Lomas de Zamora para encabezar la lista bonaerense del Frente para la Victoria, Scioli no descuidó ni un solo día la campaña proselitista. Incluso, según fuentes confiables, aportó fondos frescos para los spots que protagonizó el lomense. Pero, más allá de todo recelo, según varias encuestas, el mandatario provincial supera en imagen y en proyección de votos al intendente de Tigre, Sergio Massa, la nueva figura política de la provincia, cuando se los mide como posibles candidatos presidenciales. Podría decirse que, por ahora, Scioli conserva su capital político y, “a diferencia de sus adversarios, es un dirigente con proyección nacional”, admite una de las fuentes consultadas.

La decisión de Massa de abrirse del oficialismo y los buenos resultados obtenidos en las elecciones provocaron una cadena de reacomodamientos que aún no terminaron dentro y fuera del PJ. La cosecha de votos del Frente Renovador en la provincia de Buenos Aires también dejó pedaleando en el aire a otros actores del peronismo, como Hugo Moyano, quien hace rato viene jugando a dos puntas (con Facundo, su hijo, apostando al massismo y con el canillita Omar Plaini jugando cerca de Scioli). El camionero, quien renunció a la conducción del PJ oficial gritando a los cuatro vientos que “es una cáscara vacía”, está pagando los costos de una sociedad imposible con Francisco de Narváez. Es cuestión de tiempo, vaticinan, que termine alineado con Massa. Por su parte, De Narváez es hasta ahora el dirigente bonaerense más perjudicado tras las PASO. La pirueta que realizó al cerrar un acuerdo electoral con el líder de la CGT Azopardo y la polarización entre Insaurralde y Massa en octubre licuaron su caudal electoral.

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“Los que se fueron del partido o compiten por otras fuerzas no podrán participar de la interna del PJ en 2015”. El primero en afirmarlo fue el diputado kirchnerista Carlos Kunkel, quien con sus dichos puso en claro que los “desleales” al kirchnerismo no entrarán en la contienda. También fue el primero en declarar que, dentro de dos años, las PASO serán el marco para dirimir al sucesor de CFK. Más tarde, se fueron sumando otras voces kirchneristas que, en sintonía con Kunkel, declararon que los que pegaron el portazo no tendrán chances de competir por dentro del peronismo. Pero antes, mucho antes, de ese lejano horizonte, el PJ nacional también tendrá que renovar autoridades. Previstas también para diciembre, al cierre de esta edición se pospuso para el año próximo la elección de autoridades nacionales del justicialismo, tras una presentación ante la Justicia, alegando “falta de padrones en todas las provincias”. En ese punto, Kunkel también fue regando pistas. Dijo tiempo atrás que “los que aspiren a una candidatura en 2015 deberían abstenerse de conducir el partido”. En ese caso, las chances de Scioli se devalúan y aumentan las de la propia CFK, quien perfectamente podría quedarse con la conducción y, desde ese pedestal, elegir un sucesor o abrirle el camino a las PASO. Los que apuestan a que en 2015 el candidato surja de internas abiertas están convencidos de que quien posea ese origen tendrá dos ventajas; la representatividad y el inmediato y obligado encolumnamiento del resto de los dirigentes. Al menos eso imaginan las fuentes consultadas para esta nota, ya que –aclaran– a dos años de las elecciones presidenciales es imposible hacer afirmaciones.

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