La salud del kirchnerismo

El diputado Carlos Kunkel supo anticipar que sería Cristina y no Néstor quién se postularía en 2007. También tuvo la precisa al señalar que la presidenta buscaría un segundo mandato. Pero esta vez, la jefa desautorizó de plano la posibilidad con la que soñaban los kirchneristas más puros, que implicaba una postulación para un cargo electoral en 2015.

El ex jefe político de Cristina Fernández y Néstor Kirchner en los 70, Kunkel, imaginó a la presidenta disputando un cargo en 2015, pero ella afirmó tajantemente que ”no hay ninguna posibilidad”. Fue mucho más terminante que cuando dijo en el Congreso que ”no se hagan los rulos” con una reelección, o que cuando aseguró en Tierra del Fuego que nada es eterno, que todo se termina. Esta vez no dejó ninguna posibilidad de interpretación. Claro que esta nueva alusión a su futuro político se produjo luego de las elecciones de octubre, en las que el Frente para la Victoria (FPV) fue derrotado en los cinco distritos más grandes del país. En realidad, fueron esos comicios los que enterraron el sueño de ”Cristina eterna”.

Pero esta negativa a encabezar la lista como candidata a senadora bonaerense, implica algo más. Pese a las elecciones legislativas en las que el FPV perdió en el estratégico distrito de la Provincia de Buenos Aires, que concentra más del 37% del padrón electoral, Cristina conserva en las encuestas una elevada intención de voto. Es obvio que no es lo mismo votar a Martín Insaurralde que a Cristina Fernández. Su nombre al frente de una boleta electoral le garantizaría al FPV un bloque de diputados numerosos para después de 2015, sea quien fuera el candidato presidencial ganador de esa elección. Atrincherado en el Congreso nacional, el kirchnerismo podría aspirar a preservar el modelo e incluso a un regreso triunfal de Cristina en 2019.

Pero si bien no implica un telegrama de jubilación, la negativa de Cristina Fernández exhibe claramente su decisión de alejarse de los frentes de combate. Kunkel dijo que era impensable que los que fueron militantes en los años 70 y jamás abandonaron, puedan hacerlo ahora. En realidad, un político de raza no se retira jamás. Pero puede moderar su participación en niveles de menor responsabilidad.

Cuatro años acompañando la presidencia de su compañero y seis en el puesto de mayor responsabilidad, en un país complicado como la Argentina, producen desgaste. La muerte de Kirchner fue un duro golpe. Y como si esto fuera poco, Cristina atraviesa ahora un período de recuperación de sus problemas de salud. Seguramente debe haber pesado en ella el hecho de que su compañero no haya acatado nunca las recomendaciones médicas, lo cual lo llevó a la muerte. Es natural que con semejante experiencia, y después de haber llegado a ser elegida dos veces para el cargo más alto de la República, decida poner distancia con las tensiones del poder.

LEÉR MÁS  Notorio crecimiento político de Alberto Rodriguez Saá

Pero la decisión de Cristina no sólo sume en la orfandad al FPV y estimula la interna en la fuerza gobernante, sino que complica para después de 2015 la vigencia del proyecto nacional y popular encarnado por el kirchnerismo.La dependencia del proyecto con CFK es indudable. Si Cristina estornuda, el kirchnerismo tiene fiebre y el modelo entra en crisis.

Tras diez años en el gobierno, ni Néstor Kirchner ni Cristina Fernández quisieron o pudieron generar liderazgos alternativos. Muchos de quienes militan desde ”abajo”en el kirchnerismo sostienen que la fuerza no les abre espacios de poder. Desde ”arriba”, la visión es distinta, ya que piensan que pese a las mejores condiciones para militar no surgen en el territorio claros liderazgos populares. Y la experiencia indica que no existen procesos populistas sin fuertes liderazgos. Es así en la Argentina, en Ecuador, en Bolivia y en Venezuela, donde Maduro se las ve en figurillas para superar la ausencia de Hugo Chávez. La situación fue distinta en Brasil, donde Lula preparó el camino de la sucesión con Dilma.

En la Argentina, la representación del kirchnerismo está en discusión y se definirá en las primarias abiertas y obligatorias de 2015. Por supuesto que Cristina incidirá en esa porfía, pero ni siquiera es claro que juegue abiertamente a favor de alguno de los posibles postulantes. Están anotados Daniel Sciolli, Jorge Capitanich, Sergio Urribarri y Florencio Randazzo, quien admitió que ”si saco el transporte público adelante, me anoto en cualquier pelea”.

El kircherismo perdió a su padre el 27 de octubre de 2010 y ahora tiene una madre distante. Por primera vez desde 2003, la fuerza gobernante tiene una figura fuerte en la jefatura de Gabinete, un hombre con poder político propio. Los ministros y funcionarios realizan declaraciones y conferencias de prensa, lo cual era una rareza antes de que Cristina fuera operada de su hematoma subdural. Los minutos de Cristina en discursos de fuerte contenido ideológico se han reducido considerablemente. Aunque tal vez la nueva situación promueva liderazgos emergentes, no pocos kirchneristas padecen ahora una cierta orfandad.

LEÉR MÁS  Bono de fin de año de $3.000 para beneficiarios de planes sociales

Pero lo peor para las mayorías populares no es la orfandad de una fuerza partidaria, sino la dilución de la representación política del proyecto que les dio una relativa bonanza. El kirchnerismo duro no siente garantizado el modelo con los aspirantes presidenciales. Saben que Cristina posee mayor fortaleza ideológica frente a los embates conservadores que cualquiera de los postulantes. La necesidad de un liderazgo de convicciones profundas se acrecienta frente a los momentos críticos que vive el modelo.

El desbarajuste en el abastecimiento eléctrico es una prueba de ello. El esquema que combina al sector privado con el control estatal, terminó en una deserción del servicio.

Las empresas privadas sostienen que con las actuales tarifas es imposible realizar las obras de renovación necesarias para la distribución de energía. El argumento empresario queda un tanto desautorizado con el hecho de que también se registren cortes de luz en Córdoba y Santa Fe, donde se pagan tarifas ”de mercado” mucho más elevadas que las de Buenos Aires y el Conurbano.

Pero de todos modos, ni los kirchneristas más acérrimos soñaron con un congelamiento de una década en las tarifas. Son pocos los que agradecen años de tarifas que protegen el bolsillo popular y muchos los que ahora desatan su furia contra el gobierno por los cortes, más allá de las responsabilidades de las empresas eléctricas.

Perjudicada por los cortes de luz, la propietaria de un pequeño comercio de comida del barrio de Almagro, una veterana trabajadora peronista, se despachó del siguiente modo: ”¡Le juro que si mañana hay elecciones, voto en blanco!” El bochorno y la furia de estos días derritió añejas fidelidades políticas.

Para salir del atolladero, parece haber dos caminos: retroceder al mercado en el servicio eléctrico, con el consiguiente perjuicio para los bolsillos populares, o profundizar el modelo, que en este caso quiere decir claramente estatizar el servicio. La vía intermedia –un mix entre mercado y Estado– quedó agotada. Algo similar ocurre en varios frentes. Pero para avanzar en el sentido de las grandes transformaciones, hacen falta liderazgos fuertes. Sobre todo en momentos críticos.

Infonews

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here