A tal punto fue la semana positiva, que Clarin decidió sacar a todos sus periodistas a renovar sus ataques contra el Vice Presidendente de la Nación Amado Boudou para formar una cortina de humo y alejar del ciudadano el debate sobre estos tres hechos.

La semana comenzó el 25 de mayo que encontró a una Plaza de mayo desbordada porel pueblo que clamaba a favor de la Revolución de Mayo y el respaldo al modelo Nacional y Polpular que encabeza Cristina Fernandez.

Fabian G. Tigur aseguraba en su columna que ”La Plaza de Mayo desautorizó a los que hablaban de fin de ciclo”

La Plaza de Mayo volvió a manifestarse, como a lo largo de toda la historia de nuestro país. En este caso, las más de 300 mil personas desautorizaron a los personeros del desgano, a los representantes de los monopolios y el stablishment que nos quieren convencer que estamos ante un fin de ciclo.

La realidad volvió a manifestarse con contundencia. Millares de personas se hicieron presentes de todas las latitudes del país para decir presentes en este festejo patrio, pero también para acompañar al y este modelo de inclusión social con redistribución de la riqueza.

En estas últimas semanas fuimos testigo de una nueva embestida de los sectores dominantes que enviaron a sus voceros (periodistas, empresarios, sindicalistas y dirigentes políticos) para que utilizaran todo tipo de micrófono con el objetivo de convencer a la convencer a toda la ciudadanía que estamos viviendo un fin de ciclo, asegurar que ”todo el mundo pide el final de este gobierno”. Ahora o en 2015.

La plaza demostró lo contrario

Más de 300 mil personas se conjugaron con artistas populares y dirigentes de todo espectro para reafirmar su convicción acerca de la necesidad de continuar con este modelo de inclusión.

La ministra de Cultura, Teresa Parodi, y otros referentes de la cultura popular elogiaron las palabras de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la ceremonia conmemorativa de la Revolución de Mayo y destacaron la masiva participación en la histórica plaza. Además, los artistas ponderaron la designación de Parodi al frente del Ministerio de Cultura y a cargo del área organizadora de los festejos.

Para el folclorista Peteco Carabajal, el discurso de la Presidenta ”es consecuente con el discurso que viene sosteniendo desde hace mucho tiempo, primero Néstor, después ella y todo un equipo de trabajo, que es consecuente con lo que le hace falta a este tiempo, que es justamente la construcción, la construcción en solidaridad”.

Alejandro Lerner, en diálogo sostuvo que la celebración de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo tiene que ver con ”honrar lo que es el comienzo de una identidad; más allá de cualquier diferencia de criterio”. ”Hay una identidad más grande y que nos une, y es que somos argentinos. Y la diversidad es una de las cosas caracterizan nuestra identidad”, afirmó.

En palabras de Litto Nebbia, uno de los músicos fundadores del rock nacional, la Presidenta ”cada vez que habla es muy clara, y casi siempre está pidiendo lo mismo: un poco de encuentro entre los argentinos. Está bien que cada quien tenga sus ideas, pero a veces uno ve cosas que son tremendas, mentiras y calumnias que finalmente llegan a unas discusiones que parecen un conventillo”.

Por su parte, el actor Arturo Bonín sostuvo que la jefa de Estado formuló ”un discurso que es para estudiarlo, como el que nos tiene acostumbrados Cristina, con la claridad y la verdad que tiene para hablar. Es para aprender y para que los necios empiecen a reflexionar sobre qué país queremos.

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Alegría Vs. Desanimo

La alegría se hizo presente nuevamente y la diferencia con los personeros del desanimo es que en estos casos es espontaneo. Se puede estar de acuerdo o no con la línea presidencial, pero de ninguna manera se pueden dejar de reconocer los logros de esta última etapa de gobierno. El objetivo de los personeros del desanimo es desconocer todo. Borrar todo lo logrado en esta década para que ”Nunca más suceda algo similar.
A pesar de toda la artillería mediática, el pueblo volvió a manifestarse. El próximo paso son las elecciones. Nos espera un camino muy duro a octubre de 2015.

Convocatoria a la Cumbre del BRICS y arreglo con el Club de Paris

Según asegura Mariano Beristain en Infonews, más allá de las diferencias en los términos, el acuerdo con el Club de París y la convocatoria de la Argentina a participar en una reunión de los BRICS tienen un efecto político similar al que logró la Argentina cuando decidió en enero de 2006 saldar en efectivo y en un solo pago casi U$S 10 mil millones al Fondo Monetario Internacional (FMI).

En su momento, la oposición mostró su miopía y criticó al entonces presidente Néstor Kirchner por desembolsar de una sola vez el dinero al FMI y perdió de vista el objetivo de fondo; tener las manos libres para poner en marcha una política económica independiente y marcar un camino distinto.

Sin embargo, en un contexto signado por un abrumador proceso de globalización y financiarización de la economía mundial, la posibilidad de que el país desarrolle un modelo de crecimiento propio sin afianzar alianzas internacionales con otras potencias que les sirvan de paraguas político parece un sinsentido.

En este marco, el acuerdo con el Club de París y el acercamiento a los BRICS apuntan en el mismo sentido. Por un lado, distender la relación con las principales economía desarrolladas que integran el primer ámbito y, por el otro, forjar una suerte de alianza con la clase media alta emergente representada esencialmente por China, Rusia, Brasil, India y, en menor medida, Sudáfrica.

La Argentina jamás estuvo aislada del mundo, como rezan los más recalcitrantes.

No obstante ello, muchas decisiones de políticas internas que el kirchnersimo debió tomar para recuperar el proceso de crecimiento económico y distribuir mejor sus resultados sumado a la reestructuración de la deuda en default y quitas importantes en el capital, alimentó la ira de los segmentos más conservadores de Estados Unidos y Europa.

Esta puja puede percibirse en un sinnúmero de cuestiones que se reflejan en las numerosas corridas cambiarias que ha sufrido en su gestión la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y en la sórdida campaña antiargentina que han desarrollado en los últimos años los Fondos Buitre, con especial hincapié en el Congreso y el gobierno de los Estados Unidos y en la Unión Europea. Está claro que al establishment neoliberal le molesta particularmente la orientación heterodoxa del gobierno argentino pero el acta acuerdo para pagar la deuda institucional le quita argumentos y establece una relación distinta con los 16 países acreedores de la Argentina, restándole a su vez poder de presión a los buitres en la propia justicia de los Estados Unidos.

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Tras el acuerdo con el club de París cayó la falacia de que la Argentina es un ”deudor serial y recalcitrante” pierde peso y con ella también uno de los principales fundamentos para castigar a la Argentina en los estrados judiciales.

De esta manera, la decisión de saldar la deuda favorece las chances de que la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos ya no observe el caso entre los buitres y la Argentina como un hecho judicial aislado sino que lo enmarque, como lo es, en un conflicto con derivaciones internacionales y encuentre una salida elegante para darle participación al gobierno de Obama, de modo de no arrinconar a la Argentina.

Esta es la estrategia a la que apunta la Argentina cuando elige la diplomacia y el sistema de acuerdos para enfrentar la desigual relación de fuerzas con los buitres. Es una respuesta política a un problema político que se suma al pleito judicial que la Argentina lleva adelante en la Corte estadounidense. ”Esto abre una posibilidad de ingresar dólares financieros. Con esto no hay que sentarse a negociar con los fondos buitre”, asegura Enrique Dentice, titular de la Universidad de Sarmiento.

Por supuesto, que la significación del acuerdo con el Club de París tiene un contenido mucho más amplio que obedece también a la necesidad de destrabar el ingreso de inversiones provenientes de las filiales de las multinacionales con sus casas matrices en los países centrales. Estas hasta ahora justificaban sus escasos desembolsos en el país con el argumento de que el pleito pendiente con el Club de París les impedía recibir ese dinero. Este discurso pierde efecto.

Ahora, como bien explicó el ministro de Economía Axel Kicillof, en la entrevista que le concedió a distintos medios gráficos y que tuvo un amplio despliegue en Tiempo Argentino, los órganos de inversión de cada uno de los países acreedores les recomendarán a las compañías que inviertan en Argentina. Una sugerencia no es una orden pero sí abre las puertas al ingreso de inversiones en aquellos sectores en los que la Argentina resulta particularmente atractiva; petróleo, energía, agricultura y minería, entre otros. Todas las miradas están puestas en Vaca Muerta pero también en los yacimientos mineros.

Nadie puede creer que mañana van a empezar a llover las inversiones porque sería disparatado imaginarlo así pero despeja la bruma y desarma el viejo discurso de la ausencia de garantías para los inversores que instalaron aquellos sectores que representan los mismos intereses que los Buitres, tanto externos como internos. Tanto es así que algunos grupos económicos y políticos, esencialmente enemistados con la Nación, como es el caso de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, no tuvieron otra opción que reconocer la importancia del acuerdo.

Pero estos elogios de la oposición podrían hacer suponer también un giro a la derecha del kirchnerismo, como dejaron a entrever algunas fuerzas de izquierda y el propio camionero Hugo Moyano, que se acomoda en uno u otro lado según su conveniencia.

Sin embargo, si uno analiza los términos de la negociación con el Club de París que trascendieron es muy difícil llegar a la misma conclusión.

En primer lugar, la ausencia del FMI en las tratativas es un hecho más que destacable. Esencialmente porque todas las negociaciones anteriores que llevaron adelante otros países en el mismo ámbito requirieron de algún tipo de presencia del Fondo, fundamentalmente porque este organismo actúa como prestador de última instancia después que se terminan de concretar un acuerdo de pago. Después el FMI establece los condicionamientos del caso para asegurarse que la Nación le reintegre el dinero.

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En este caso, la Argentina logró eludirlo porque había una férrea decisión política en este sentido pero además porque no utilizará al Fondo para devolver el dinero sino que lo reintegrará con recursos propios y con las divisas que lleguen al país proveniente de las inversiones. Este último es otro punto que demostró que el acuerdo no se enhebró a las apuradas sino que integra las necesidades del país, puesto que la forma en que se devolverá el dinero está atada al ingreso de inversiones y tomando en consideración los vencimientos que tiene el país para evitar que pagar la deuda con el Club de París se transforme en un ancla para la economía. En 2016, según datos correspondientes al 31 de diciembre de 2013, por ejemplo, el gobierno debe afrontar vencimientos de deuda por U$S 21.450 (sin YPF), entonces los pagos al Club serán inferiores. Mientras que en 2017 la carga de la deuda es de U$S 16.800 millones y, por ende, hay más posibilidades de realizar un desembolso de mayor envergadura para el Club de París.Sin embargo, el convenio también determina que el monto máximo a pagar por año es de U$S 2200 millones, con lo cual también relativiza la lógica de que el kirchnerismo le trasladará el peso de esta deuda al próximo Ejecutivo.

”El gobierno está despejando la negociación para el gobierno que viene, dandole un marco de previsibilidad económico-financiero”, opina Dentice. Otro de los temas que evidenciaron la muñeca de Kicillof en la partida de ajedrez que llevó adelante durante meses con el organismo de préstamo son los tiempos de devolución del dinero.

Usualmente los pagos al Club de París se hacen en el plazo de un año y, en el mejor de los casos, alcanza a tres años. Por ejemplo, después de distintos desastres naturales, los miembros del Club de París concedieron un período de gracia de tres años para todos los pagos en virtud del servicio de la deuda de Honduras y Nicaragua, dos países afectados por el huracán Mitch en 1998, y retrasado por un año para Indonesia y Sri Lanka, sacudidas por el tsunami en el Océano Índico en 2004.

Después de que se produjo una fuerte suba en el precio internacional de los alimentos, los países del Club de París acordaron aceptar ”términos excepcionales” de tres años de plazo para ayudar a Togo en 2008. Después quizás resulte más discutible si el monto consolidado de la deuda de U$S 9700 millones pero una tasa de interés del 3% equilibra los tantos en este sentido. En definitiva, el acta acuerdo con el Club de París oxigena el clima político para el gobierno, tanto interna como externamente, y genera mejores condiciones económicas sin que ello traiga aparejado una entrega de las banderas político-sociales del kirchnerismo.

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