La oposición de los grandes medios de comunicación

Hace ya muchos años escribí –para compartir con amigos y conocidos– un texto que decía que ”Necesitamos oposición”. Y no me refería a la importancia que esta tiene en un sistema republicano, ¡que la tiene!, y no me movía una actitud negativa al gobierno. En realidad, creo que si no hay una oposición, cualquiera –el gobierno en este caso– se erige en dueño de la verdad, y la posibilidad de errores se multiplica exponencialmente. Una oposición ayuda a ver otras propuestas, a criticar las existentes, a mirar alternativas…

El problema es que un grupo, una banda, entrevió lo que interpretó como debilidades del gobierno y le saltó a la yugular, allá por 2008, cuando el conflicto que se llamó con ”el campo” (sic). Los adversarios del gobierno se erigieron en abanderados, se pusieron debajo de las polleras de Biolcati y De Angeli y empezaron a gritar más fuerte. Creo que hubo errores de ambas partes. Graves. Pero creo que el gobierno supo salir del atolladero con política, con gestión. La oposición simplemente siguió poniendo palos en la rueda. Ganó en las elecciones de 2009 y los palos ya fueron enormes. El así llamado Grupo A monopolizó el Congreso, no le dio al gobierno ni una comisión (creo que es la primera vez que eso pasa desde la vuelta de la democracia), y hasta dejó al gobierno sin Presupuesto. El gobierno supo sacar de su debilidad, fortaleza, como quedó expresado en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y siguió gestionando; haciendo política. ¿Y la oposición? Pues siguió en lo mismo, y la sociedad le aplicó una feroz paliza electoral.

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La cosa no parece que haya cambiado demasiado. Macri se opone a todo, como se opuso a Tecnópolis, que terminó siendo un éxito, y una fenomenal muestra de interés cultural (es razonable que Macri se oponga a lo cultural). Lo de Macri es de diván, pero no merece demasiada atención… los porteños, en gran parte, son de diván (es simplemente una constatación de la proporción de psicólogos por habitante que tiene la ciudad). Pero desde el 0800 de Bullrich, que recuerda los afiches de la dictadura invitando a la delación, pasando por el cese de maestros que parodiaron a Macri (que recuerda también cuando la dictadura le prohibió a Sapag imitar a Borges), pasando por la oposición al polo audiovisual y terminando con la negativa a El Eternauta, que Macri seguramente no leyó (si es que algo leyó)… Tampoco merece demasiada atención la rediviva pitonisa del Chaco, de la que Grondona está enamorado, lo cual ya es toda una ”confesión de parte”. Tampoco me resultan interesantes los sectores de cierta izquierda, siempre fundamentalistas; o tampoco el derecho-peronismo que, acabado Duhalde, reflota a De la Sota, y reúne a Moyano con Buzzi, Micheli, y si estuviera Braden, lo hubieran invitado también. Quedan los radicales (¿quedan radicales?) que hablan constantemente, conforme a la vieja imagen de Balbín y la guitarra… y no dicen nada. Ayer aliados con De Narváez, amagan con el FAP, y terminan en comités. ¿El FAP? ¿Qué es el FAP? ¿El incarismático Binner? ¿La gente del ”proyecto” (sic) Sur (es decir, una película de Solanas)?

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Podríamos señalar que la oposición son los grandes medios de comunicación, y no diríamos nada original ni creativo. Es patético leer o ver que nunca se señala algo positivo, que se resalta lo negativo en letras catástrofe, aunque sea un tema menor, se deforma la realidad para que esta sea negativa aunque se mienta descaradamente, y –lo peor, según mi mirada– parece celebrarse lo terrible: parecía alegrarse por cada muerto de gripe ”A”, pareció alegrarse por el cáncer de Cristina, y decepcionarse cuando se dijo que era un ”falso positivo”; parece alegrarse de que el país crezca menos, o no crezca… ¿eso es una oposición o se parece mucho más a la traición?

¿No hay quienes sean capaces de mirar lo negativo, y sólo lo negativo, y proponer instancias superadoras o alternativas a la vez que celebra o apoya lo positivo? Se hace muy difícil crecer como país así, mientras curiosamente se critica la crispación (que se alienta, fomenta y provoca), se habla de la intolerancia, y las únicas propuestas que se presentan se parecen bastante a las que nos llevaron al fracaso y la caída, ¡se parece tanto a la no-política alentada en los ’90 por el menemismo, y que permitió la aparición de Lanata y de CQC! Es difícil que el gobierno escuche a los que no dialogan sino que ladran; y curiosamente se lo critica por su falta de diálogo con una oposición inexistente, que no se pregunta ”por casa… ¿cómo andamos?”

(*) Coordinador del Grupo de Curas
en Opción por los Pobres

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