El 6 de febrero de 1989, el gobierno de Raúl Alfonsín sufría el embate más fuerte, de los muchos que venía soportando desde mucho tiempo atrás, por parte de los sectores concentrados de la economía, nacional y extranjera. Las corridas cambiarias que se producían diariamente durante el caliente mes de enero concluyeron ese día con una devaluación del tipo de cambio que precipitó el comienzo del fin de su gobierno. Los medios de comunicación lo llamaron el día del ”Dolarazo”. La corrida cambiaria se produjo a la par de la restricción de la liquidación de divisas por parte del sector exportador a la espera de una devaluación del tipo de cambio que lo beneficiara.

A partir de allí todas las variables económicas y sociales comenzarían una frenética estampida. Inflación, caída del consumo, y la especulación desatada por el sector financiero empujaban a la desesperada compra de dólares del ciudadano común que procuraba proteger sus ahorros ante la caída del valor de la moneda de entonces, el Austral. La semilla del temor y la incertidumbre social, de desborde y precipicio al que el país se dirigía, ya había comenzado a dar sus frutos.

El sector financiero, llamado por aquéllos años ”Patria financiera” en alianza con el sector agroexportador y los ”Capitanes de la Industria”, conformado por los principales grupos económicos locales, venían imponiéndole a Alfonsín sus condicionamientos habituales, consistentes en diseñarle una política económica que beneficiara sus intereses particulares por sobre los generales de toda la población. Los ejes giraban en torno a producir una devaluación del tipo de cambio que le devolviera competitividad al sector exportador, combatir la inflación frenando la demanda a partir del alza en la tasa de interés, reducir la presión tributaria a los sectores productivos, y disminuir el gasto público. Síntesis de lo que denominaban ”reglas de juego claras”.

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Para entonces, Clarín ya era Clarín, y Alfonsin denunciaba públicamente sus tapas del diario de todos los días, como también se puede ver algunas de las filmaciones que así lo recuerdan.

En otras de las imágenes difundidas del discurso de Alfonsín en la Sociedad Rural Argentina, el 13 de agosto de 1988, en medio de la silbatina e insultos que le prodigaba la élite agroganadera, hay un párrafo de su discurso, en respuesta al entonces titular de la SRA, Guillermo Alchourron, que vale la pena recordar, por su precisión, y por su vigencia en cuanto a las demandas que en estos días reproduce el actual presidente de la SRA, Luis Miguel Etchevhere: ”Ustedes tendrán el dólar libre, a fines del año que viene, tal como usted mismo me lo ha estado planteando en reiteradas oportunidades.” Y continuaba: ”Pero este debe ser el tiempo de la racionalidad, de la moderación, para que no vuelva el facilismo, la magia, el atropello, la demagogia.” En alusión al eternamente ”castigado campo”, y al pedido del dólar libre, Alfonsín agregaría: ”El esfuerzo lo hacemos todos”, en clara alusión al papel de victimario recurrente de la élite agropecuaria.

En esas semanas del verano de 1989, se producía el bautismo del poder de fuego contra la democracia por parte de los grupos económicos y financieros heredados de la dictadura de 1976.

Recurrir a la memoria del último año del gobierno de Raúl Alfonsín implica, desde hace mucho tiempo atrás, leer y comprender la historia reciente y el papel que desde entonces vienen jugando aquéllas fuerzas que se desataron sobre su gobierno para acelerar su salida, o mejor dicho, su caída.

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¿Son muy distintos a las que desde el año 2008 vienen intentando horadar la gobernabilidad de la presidenta Cristina Fernández?
La respuesta, para quien haya vivido aquéllos años es que, efectivamente, son los mismos sectores, persiguiendo los mismos intereses. Para quienes no lo vivieron, vale repasar ese pasado para que el presente no los sorprenda.

Los nostálgicos de aquéllos años siguen tenazmente dispuestos, nuevamente, a voltear a un gobierno democrático como la única manera de recuperar al país del extravío populista del kirchnerismo, tal como indicaban algunos de los carteles que portaban en las marchas de los caceroleros del año 2012: ”Devuelvan el país”.

Este repaso por el pasado, que es también parte del presente, arroja, afortunadamente, en términos de construcción política, diferencias sustanciales con aquel final del gobierno de Alfonsín. Las conquistas sociales, políticas, económicas y culturales obtenidas durante los últimos once años permiten disponer de una fortaleza política muy superior al del jaqueado líder radical. Las dificultades en el terreno económico son desafíos complejos pero posibles de encauzar si se dispone de la fuerza necesaria para combatir los embates de la furia opositora, corporativa y mediática que se sabe, no darán tregua.

Tal como volvió a reiterar el martes la presidenta, al anunciar el reciente aumento a las jubilaciones y pensiones, la fortaleza para sostener los derechos adquiridos, y la mejora en la calidad de los 40 millones de argentinos requiere el apoyo de una gran mayoría de esos millones, que no se dejen atrapar, como decía Alfonsín hace 25 años atrás ”para que no vuelva el facilismo, la magia, el atropello, la demagogia”.

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En ese sentido, la oferta de candidatos de la oposición sumisos del poder económico es amplia. Están quienes prometen recetas mágicas y facilistas, con propuestas más o menos disimuladas. Y también los que proponen un orden excluyente sin ocultar su verdadero modelo de país.

Una vez más, como siempre, el que se destaca por sobre todos es el inefable y balbuceante Mauricio Macri, que aunque ahora devaluado por la figura de Sergio Massa, continúa siendo uno de los más persistentes entre los que pretenden llegar a la presidencia de la Nación en el año 2015. Apelando al mismo discurso de siempre, da cotidinas muestras de pretender gobernar y gestionar el país (tanto que le gusta utilizar el término ”gestionar” desde la perspectiva empresarial) y le pifian en el cálculo de la cantidad de chicos y chicas en la matrícula de alumnos de la Ciudad de Buenos Ares. Pifiarle con 12 mil alumnos es grosero, tanto como implementar un pretensioso (y tan PRO) sistema online para la inscripción escolar que termina dejando a esa cantidad de chicos off line.

Si este ”error de cálculo” es llevado a la escala de la economía del país es de esperar si un día llegan al gobierno, admitan que por un error, por una cuestión del sistema online ”nos quedaron afuera 3 millones y medio de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo” .

Infonews

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