La educación entre el amor y el odio.

Por Martín Omar Aveiro

Mientras ordenaba y organizaba algunos documentos, encontré un aviso fúnebre. Se trataba de un recorte de diario que me dio, hace algún tiempo, la profesora Clara Jalif de Bertranou con el siguiente comentario: “¿Te enteraste que falleció Onofre?”. En ese momento, quedé un poco desconcertado ya que había hablado telefónicamente con él unos meses antes para invitarlo a una conferencia. Asimismo me preguntaba: ¿cómo puede pasar casi inadvertida su muerte? El anuncio era un recuadro pequeño que comenzaba así: “Profundo agradecimiento a un maestro en todos los niveles educativos”, y seguía: “[…] fuimos formadas, comprendidas, constante y honestamente por un excelente profesor y mejor persona”.

Es que Onofre Segovia fue todo aquello que expresaba el epitafio. Había egresado de la carrera de Literatura dela Universidad Nacionalde Cuyo en 1952. Era un peronista convencido, lo cual le costó tres cesantías en sendos golpes de Estado: 1955, 1966 y 1976. Fue maestro y director de escuela primaria, secretario general del sindicato del magisterio, profesor de secundaria y dela Universidad, ocupó el Decanato dela Facultadde Filosofía y Letras, dirigente político y amante de las letras. De su pluma salían los discursos de funcionarios públicos, entre ellos algunos pronunciados por el gobernador de 1973, Alberto Martínez Baca. Además de otros de carácter pedagógico en donde se manifestaba su compromiso con la educación de su pueblo, por ejemplo en uno de sus escritos como decano decía: “Nada hay más desalentador y negativo que la desconfianza o el antagonismo entre alumno y profesor, porque el proceso educativo sólo puede cumplirse en el clima de armonía y aproximación espiritual que debe existir entre quien enseña y quien aprende”.

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Cuestión que nos remite, inevitablemente, a Paulo Freire, para quien el hecho educativo se construye en el amor, la humildad y la fe en los hombres. De manera que el diálogo, explicaba Freire, “se transforma en una relación horizontal en que la confianza de un polo en el otro es una consecuencia obvia”. Sin embargo, ambos fueron perseguidos políticamente por poner en práctica transformaciones profundas en los ámbitos de enseñanza donde se encontraban. Es decir, que a la entrega enamorada siguió el odio, la desconfianza y el temor. Aunque estoy seguro de que si hoy le preguntara a Onofre: ¿usted volvería a hacer lo que hizo?, él me respondería con la sobriedad y la convicción que lo caracterizaba: “No cambiaré mi modalidad de trabajo ni mis itinerarios habituales. No hay temeridad en mi actitud: tengo el mismo sobresalto que puede tener cualquier ser humano que sabe que su vida está amenazada. Pero permaneceré en la ciudad de Mendoza y seguiré brindando a mi patria los humildes servicios que pueda ofrecerle”. Pues, de esta manera se manifestó luego de que una bomba destruyó su vivienda del Barrio San Ignacio de Godoy Cruz en 1974. Me parece que del mismo modo hubiese contestado Freire ante similares circunstancias.  

Volví nuevamente al recorte de diario, con lágrimas en los ojos, pues no había prestado atención a un detalle. Arriba de la noticia del fallecimiento había un fragmento del Evangelio de Lucas, donde se leía: “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Y más abajo: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte […]”. Entonces recordé con cierta angustia: Onofre Segovia, fue humillado por el rencor y la avaricia de quienes solo convidaban a su mesa a quienes podían pagar la cuenta. Personas a las cuales poco les importó el otro y sus necesidades, porque vivían encerradas en sus vanidades y egoísmos. Los demás, que no pensaban como ellos, fueron considerados objetos de expulsión, cesantía, tortura e incluso desaparición o asesinato. Y aquellos que nada tienen, y para quienes según el Evangelio tenía que ser el banquete, fueron olvidados, bajo la guía atenta dela Iglesia[sic].

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Me indigno un poco, mezclo tristeza y rabia. Intento pensar en Onofre, pero el noticiero me trae al presente. Aún resuenan los bulliciosos comentarios sobre la marcha por “la libertad y la democracia”. Enseguida reflexiono: ¿qué hubiese dicho Onofre al ver a maestros y profesores, con cacerolas, protestar contrala AsignaciónUniversalpor Hijo, putear a los negros o sumarse al coro destituyente? Docentes que en lugar de brindarse a los niños y adolescentes que acceden masivamente a las escuelas ven en ellos vagos o futuros delincuentes. Inmediatamente entiendo por que pasó inadvertida la muerte de Segovia. Es que su memoria jode el cotidiano andar educativo, teñido de autoritarismos, prejuicios y exclusiones. Pues bien, quiero molestarlos en su tranquila naturalización del odio y enaltecer al querido Onofre. Un educador de los nuestros, que supo entregarse con pasión por aquello que amó.

 

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