La banda de los Ale

 

Por: Ramiro Barreiro para Tiempo Argentino

Los Ale son ”La Chancha” y ”El Mono”. O Rubén y Ángel. El padre del clan, Said Ale, tenía un importante puesto en el mercado de abasto que sirvió para que sus hijos se abrieran paso a fuerza de golpes y prepotencia. Los que los conocieron dicen que vendían tomates de tercera calidad en las arcadas de la casona del edificio. Cerca de ese lugar desapareció Paulina Lebbos, se cree que a bordo de un remís Cinco Estrellas, y a partir del hecho, el gobernador Alperovich ordenó que la noche tucumana termine a las 4. Con la medida, abrió la puerta al mundo de los afters hours. Sin embargo, nada cambió y con la desregularización del negocio de la noche, desaparecieron los controles.

El poder que detentaron en el mercado lo trasladaron a la barra brava de San Martín de Tucumán, el club por el que eran capaces de matar. Una década más tarde, La Chancha era presidente del club. Mientras ocupó el lugar más importante del club, su mujer María Jesús Rivero, una de las absueltas, manejaba la tribuna.

Los Gardelitos entraron a Tucuman en 1986 dispuestos a disputarle poder a los Ale, pero sus cabecillas, Enrique Galván y Santos Pastor Aguirre, murieron a manos del Mono. La banda que trabajaba con mecheras y carteristas se disolvió por completo y el monopolio del delito quedó a merced del clan Ale.

En esos años, Rubén abrió junto a su mujer, María Rivero, la remiseria Cinco Estrellas. El negocio que se inició con 400 autos cero kilómetro llegó a tener unos 1200 coches que operaban en una ciudad en la que viven 548.866 personas. O sea, un coche cada 500 vecinos. Los autos tenían como única identificación cinco estrellas plateadas en el parabrisas.

El sábado 30 de enero de 1993, el oficial auxiliar Juan Andrés Salinas cayó muerto en un confuso hecho por el fuego de fusiles FAL, ametralladoras y armas cortas. Recibió, en total, 40 balazos. Su particular Ángel de la guarda era el Mono, a quien sólo lo rozaron dos balas. La justicia ordenó que allanen la habitación del hotel en el que fue atendido y encontraron un arma de fuego. La pesquisa continuó en su domicilio, donde encontraron documentación de varios automotores y una ”Credencial de la Amistad” firmada por el comisario mayor José Quirós, jefe de la división Sumarios e Informaciones Administrativas. En esa credencial, se declaraba al mayor de los hermanos Ale ”amigo dilecto de la institución”.

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Papá Ale y sus pichones fueron imputados por tenencia de armas de guerra y asociación ilícita pero todos fueron absueltos por ”falta de pruebas”.

En enero de 2000, cuando Fernando Jury, íntimo amigo de tribuna de los Ale, era vicegobernador de la provincia, rubricó un convenio con Cinco Estrellas para que los remiseros ”colaboren con la seguridad ciudadana”.

Jury es el hijo de Amado Jury, ex diputado fallecido en 2000 y quien fuera señalado por el ex represor Domingo Bussi como la persona que le entregó documentación falsa al nazi Adolf Eichman para moverse libremente por el país.

Al poco tiempo de sellado el convenio, los policías de tránsito le hacían la venia a los conductores y los remises colaboraban en operativos cerrojos para capturar delincuentes.

En la edición del día 16 de febrero de 2012 del diario La Gaceta, Susana Trimarco dijo que el ex comisario Julio Díaz –subsecretario de Seguridad del gobernador Julio Miranda, entre julio de 2001 y abril de 2003– le aconsejó que para encontrar a su hija hable directamente con La Chancha. ”Me dijo que (Cinco Estrellas) tenía más autos y mejores armas que la policía”, expresó la mamá de Marita.

El inusitado poder que ejercieron los Ale durante esos años les permitió abrir otro negocio: una cadena de video poker llamada Playboy. En esa época hay que ubicar el testimonio de Daniela Milhein, ex mujer de La Chancha y madre de uno de sus hijos. La mujer atestiguó: ”Nunca he cobrado plata. Él la cobraba (…) Él me hacía trabajar”.

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El 3 de abril de 2002, un Fiat Duna rojo con cinco estrellas plateadas secuestró a Marita Verón en la zona de la maternidad. Dos días después, vecinos de la zona de Los Gutiérrez denunciaron que encontraron a una chica vagando y llamaron a la policía pero nadie llegó. Se cree que era la propia Marita. El policía que tomó el caso fue destituido y los mismos efectivos de la seccional hicieron silencio.

La escena se repitió seis años más tarde: otra mujer apareció por las mismas calles, en el mismo estado, desnuda y con los cabellos quemados. Esta vez los vecinos no llamaron a la policía sino a la Fundación María de los Ángeles, que preside Susana Trimarco. Ya nadie creía en la policía de los remises. En paralelo, Susana seguía buscando a su hija. La impunidad que reinaba en la provincia permitió que lo hiciera a bordo de los coches que el propio Ale le enviaba para ayudarla. Esas ruedas sólo la condujeron a pruebas falsas y pistas plantadas.

En 2003 asumió la gobernación José Alperovich y se prohibieron los remises. Desde ese día sólo circulan taxis blancos identificados con una franja lateral amarilla y negra a cuadros. La bandera que terminó con el negocio legal de los Ale y comenzó una carrera de clandestinidad que funcionó a la vista de todos los tucumanos.

El abogado Jorge Lobo Aragón colecciona causas contra los Ale. Una por robo de tierras y otra por agresión a un boxeador. El 21 de abril de 2008, la policía halló nueve impactos de bala en el frente de su estudio, de los cuales uno atravesó hasta el estudio contiguo y otro hasta el hall central.

Este año, la fundación de Trimarco logró que cerraran 17 prostíbulos en Tucumán: todos tenían relación con los Ale. Una relación que sólo puede garantizar el Poder Judicial provincial, cómplice de los hechos hasta aquí relatados.  «

 

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