Las votaciones se realizaron en medio de un clima de gran tensión fuera del Parlamento, donde la policía chocó con manifestantes que arrojaron petardos, huevos y bombas de pintura al Senado y el Ministerio de Economía, y dentro de la Cámara baja, donde legisladores forcejearon, se empujaron e intentaron golpearse.

El resultado reforzó la reputación de Berlusconi de ser uno de los grandes sobrevivientes de la política italiana, pero no terminó con la incertidumbre sobre la gobernabilidad que precisamente había motivado la convocatoria de las votaciones, en medio de desafíos económicos y de la crisis financiera en la eurozona.

En la más reñida y dramática de las votaciones, Berlusconi y sus aliados superaron una moción de censura en la Cámara de Diputados por apenas tres votos, en una agitada sesión que debió ser interrumpida cuando legisladores intentaron agredirse luego de que una diputada rompiera con su bloque y votara a favor del premier.

Más temprano, el jefe de gobierno ganó, como se esperaba, una moción de confianza que el propio oficialismo había convocado en el Senado, conciente de que en allí tiene una cómoda mayoría.

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Las votaciones llegaron tras una serie de escándalos sexuales y una ruptura entre el premier y su ex aliado Gianfranco Fini que habían minado el poder político de Berlusconi y puesto en entredicho si el oficialismo contaba con la mayoría necesaria para seguir en el poder en un país con forma de gobierno parlamentaria.

El resultado constituye entonces un triunfo personal de Berlusconi sobre el hombre convertido en su enemigo número uno, quien había exigido al premier su renuncia y esperaba poder derribarlo con la moción de censura.

Por contraste, Fini sufrió un serio revés en sus ambiciones de suceder a Berlusconi al frente de otro gobierno de derecha, al menos en el corto plazo, según analistas. Para colmo de males, dos diputados de su bloque votaron por el premier y otro se abstuvo.

Finalizada la votación, Fini dijo que que el resultado era ”una victoria numérica” que no conlleva necesariamente ”una victoria política” ”La victoria numérica de Berlusconi es tan evidente como nuestra derrota, pero que Berlusconi pueda decir haber ganado también en términos políticos quedará aclarado en las próximas semanas”, dijo Fini, líder del partido Futuro y Libertad (FyL).

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Irónicamente, el propio Fini, en su carácter de presidente de la Cámara de Diputados, fue quien anunció los números finales de la votación: 314 a 311 en favor del gobierno. Un aplauso resonó en el recinto y Fini dio por terminada la sesión sin hacer comentarios, informó la agencia de noticias Europa Press.

Sin embargo, el futuro político sigue en duda ya que Berlusconi no puede contar más con la sólida mayoría parlamentaria que según sus oponentes e incluso sus aliados será necesaria para gobernar, sobre todo a la luz de una victoria lograda con el apoyo de diputados indecisos que cambiaron de posición a último momento.

Pier Luigi Bersani, líder del opositor Partido Democrático, dijo que la supervivencia de Berlusconi era una ”victoria pírrica”.

”Usted, primer ministro, ya no está en posición de gobernar”, dijo Bersani.

Con 74 años, el magnate de los medios salió airoso en repetidas ocasiones de escándalos de todo tipo y ganó tres elecciones desde su primera llegada al poder, en 1994, en un ascenso que cambió el paisaje político de Italia pero polarizó profundamente a los italianos.

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Miles de estudiantes, trabajadores y opositores al premier realizaron protestas callejeras en todo el país en coincidencia con las votaciones. En el centro histórico de Roma, manifestantes atacaron a la policía y al edificio del Senado con piedras, botellas, bombas de pintura, y la policía respondió con gases.

Superadas las mociones, la atención virará ahora a las concesiones que se espera ofrezca Berlusconi a diputados de centro y legisladores rebeldes de centro derecha para poder hacer avanzar su agenda legislativa.

Ayer, el premier ofreció sumar a su gobierno a ”moderados” como parte de un amplio ”pacto legislativo”, pero el principal partido aliado de su coalición, la xenófoba Liga Norte, expresó de inmediato su renuencia y esceptisismo.

”No se puede gobernar con una mayoría exigua”, dijo el líder de la Liga, Umberto Bossi.

Otro prominente miembro del partido anti inmigrantes, el ministro del Interior, Roberto Maroni, dijo que ”o se dan las condiciones para continuar en el gobierno con una sólida mayoría o, si no, sería mejor ir a elecciones” anticipadas, antes de la fecha prevista de 2013.

 

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