Sin embargo, el sueño presidencial de Macri sigue pareciéndose a un auto con accesorios de lujo al que le faltan ruedas, motor y partes del chasis. No tiene un partido político nacional. Los costos de esta realidad volvieron a quedar al desnudo cuando Gabriela Michetti dijo que no sería candidata en la provincia de Buenos Aires. Desde que la ex vicejefa confirmó su decisión, los operadores políticos del macrismo se devanan los sesos evaluando alternativas que van desde ministros porteños hasta ex jugadores de fútbol. Michetti los dejó sin candidato en el distrito más importante del país, y al no tener una estructura partidaria no cuentan con alternativas potables electoralmente. No hay sueño presidencial sin una buena elección en la provincia de Buenos Aires. Lo saben.

A la hora de cenar.

El miércoles pasado, Michetti le confirmó al jefe de Gobierno porteño que no sería candidata en territorio bonaerense. Lo hizo durante una cena en la casa de Macri. La noticia no fue una novedad para nadie. Desde que se le propuso desembarcar en territorio bonaerense, Michetti respondió con un ni. Jamás dejó de dudar. Los armadores macristas que trabajan con el ministro de Gobierno porteño Emilio Monzó trataban de seducirla mostrándole las encuestas. En esos sondeos Michetti mide alrededor de 20% de intención de voto en territorio bonaerense, bastante más que lo que tiene hoy Francisco De Narváez. Michetti miraba los números y decía que quería colaborar, pero que hacer campaña en la provincia sin estructura partidaria era una tarea titánica.

A fines de junio de este año, la ex vicejefa iba a dar una charla en la Universidad de Avellaneda sobre problemáticas metropolitanas. Un grupo de manifestantes le cortó el paso al auto que la llevaba. El grupo respondía a los concejales del ex intendente de Avellaneda Baldomero Cacho Álvarez, que a su vez tenían una interna con los concejales del PRO que habían armado la conferencia. Lo central de este hecho es que Michetti confirmó en carne propia que hacer política en el conurbano es un poco más áspero que hacerla en Palermo o Caballito. Finalmente, esta semana dijo que no.

Danza de nombres.

Lo cierto es que antes de que la actual diputada nacional confirmara su decisión, los operadores del macrismo que trabajan con el ministro de Gobierno porteño, Emilio Monzó, comenzaron a barajar el nuevo escenario bonaerense. Y a tirar nombres sobre la mesa. Muchos de ellos son hipótesis de laboratorio. Ni siquiera han sido consultadas con sus protagonistas. Los ministros porteños que se barajan para competir, entre otras cosas porque juntan los requisitos legales, son Néstor Grindetti, Diego Santilli, Hernán Lombardi y Guillermo Montenegro. La estrategia será moverlos por la provincia y luego poner el termómetro de las encuestas para ver cuánto miden.

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El menú también está compuesto por un clásico de la cultura política del macrismo, buscar un personaje famoso que no tenga carrera política. Se baraja hacerle la propuesta al ex jugador de Boca Martín Palermo y al voleibolista marplatense Joaquín Melijovich. Estas expectativas están muy estimuladas por los resultados que produjo el experimento con el comediante Miguel Del Sel, que hizo una gran elección en Santa Fe el año pasado. Al respecto, un dirigente de la pata peronista del macrismo dijo: ”Algunos creen que es tan fácil como poner un famoso. El fenómeno Del Sel no es tan simple de replicar”.
El otro que suena ya fue candidato de Macri en las elecciones del 2007 y ciertamente no tuvo mucho éxito. Es el economista neoliberal Carlos Melconian, que en aquella elección compitió para ser senador por la Capital y no entró.

La danza de nombres seguramente incorporará otras alternativas, pero el vacío que dejó Michetti en territorio bonaerense no es tan sencillo de llenar para un partido que, en el fondo, sigue siendo municipal.

Sobre este nuevo escenario bonaerense, el diputado nacional del PRO Jorge Triaca le dijo a este semanario: ”Vamos a tener una opción competitiva en la provincia. Todavía falta bastante para las elecciones y la propuesta será propia, aunque esto no quiere decir que estemos cerrados a armar un frente. Somos frentistas”.

Buscando peronistas.

El frente al que se refería Triaca por ahora contaría con algunos intendentes peronistas sueltos. Uno de ellos es el jefe comunal de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, acusado de tener empleados en su distrito a varios integrantes de la patota que agredió a los familiares que reclamaban por mala praxis frente al hospital Claudio Zin, de Malvinas Argentinas, el pasado 5 de junio.

En la pata peronista del PRO se entusiasman también con la incorporación de los intendentes de la zona oeste del conurbano. En concreto el de Ituzaingo, Alberto Descalzo; el de Hurlingham, Luis Acuña, y de Tres de Febrero, Hugo Curto. Estos distritos tienen algo en común, están alrededor de Morón, el bastión de Martín Sabbatella. El resquemor de estos jefes comunales con el kirchnerismo –según los peronistas del PRO– se profundizó por el nombramiento de Sabbatella al frente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca). Los intendentes temen, según los macristas, que ese lugar le dé impulso a todo el sabbatellismo en su zona de mayor influencia, el oeste.

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En honor al rigor, hay que señalar que esta tensión no es nueva. El año pasado, cuando Sabbatella se presentó para gobernador bonaerense y confirmó que llevaría en su boleta a la Presidenta, se levantó la misma polvareda con los mismos intendentes. Al final, todos se disciplinaron y dejaron los pies dentro del plato. La presencia de Sabbatella en el Afsca parece un motivo bastante menos potente para romper filas, aunque nunca se sabe.

La estela de Unión PRO.

Los medios de comunicación opositores suelen castigar a la oposición política por su supuesta incapacidad de ”juntarse”. Esta obsesión por construir cualquier cosa que pueda reemplazar al Gobierno hace que omitan del análisis si acaso es posible conjugar los intereses políticos de algunos referentes.

Un ejemplo de lo que se acaba de mencionar es lo que sucede por ahora con la posibilidad de relanzar la alianza de Macri con Francisco De Narváez. Esta alternativa es algo que siempre está latente en el PRO, por los buenos resultados electorales que brindó en el 2009, cuando ganaron en territorio bonaerense. Pero los intereses no son tan fáciles de articular. En el macrismo están dispuestos a reflotar el acuerdo, a cambio le piden a De Narváez que grite a los cuatro vientos que Macri será su candidato presidencial en 2015. El Colorado está dispuesto a sentarse a la mesa, pero no a asumir ese compromiso. El motivo: su apuesta a ser gobernador bonaerense y parte de la base de que para lograrlo necesita sí o sí una alianza con un sector del peronismo. Por lo tanto precisa ponerse detrás de algún peronista que se lance a la presidencia. Por eso el Colorado le tiró guiños y flores a Daniel Scioli durante los últimos meses. Desde el sciolismo recibió algún guiño también (los peronistas nunca le cierren la puerta del todo a nadie), pero no pasó de allí. El Colorado giró entonces la mirada hacia José Manuel de la Sota, pero no hacia el jefe del PRO, por una cuestión muy simple, no es peronista.

Uno de los operadores de De Narváez se lo dijo a este semanario con claridad: ”Si para hacer un acuerdo necesitan que Francisco diga que Macri es su candidato que esperen sentados. No va a ocurrir”. De todos modos, todavía falta mucho para las elecciones y cuando la fecha se acerque es probable que las posiciones se ablanden. El PRO y De Narváez son propuestas de derecha, tienen un segmento del electorado muy similar, sería un mal negocio para ambos dividirlo.

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Capital y algo de historia.

La decisión de Michetti también tiene un impacto en el armado capitalino del PRO, donde deben discutir la sucesión del jefe de Gobierno. Los que van a competir en ese terreno con Michetti son Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Ambos le hicieron llegar a la actual diputada el mismo mensaje. Le hicieron saber que no la veían como la ”ungida” para suceder a Macri y que se preparan para competir.

Volviendo al escenario nacional, la gran duda sobre el macrismo es si podrá romper el techo que históricamente tiene en la Argentina la derecha conservadora pura, la que no habita dentro del peronismo y el radicalismo. El interrogante necesita el repaso de algunos antecedentes y números sobre la performance electoral de este sector.

En la elección presidencial de 1989, la Ucedé, que se había forjado como partido en 1983, consiguió el 7% de los votos. Diez años después, en el ’99, Domingo Cavallo peleó por la presidencia y logró el 10%. En el turno electoral del 2003, ese espacio lo ocupó el radical Ricardo López Murphy, que consiguió 16%. El año pasado, varios meses antes de octubre, Macri medía a nivel nacional 15% de intención de voto. Fue uno de los motivos por los que Jaime Duran Barba le aconsejó que se retirara de esa contienda y se dedicara a cuidar la Capital. El 15% es un poco menos de lo que consiguió López Murphy y algo más de lo que obtuvieron Cavallo y Alsogaray, pero muestra que el PRO no lograba salir de la franja que desde 1989 busca una opción de derecha por fuera de los partidos tradicionales.

De nuevo la pregunta: Macri, ¿podrá transformarse en el fundador de un partido conservador con posibilidades de conquistar el poder a través del voto? Nadie puede responder tajantemente que no, aunque una cosa es segura, jamás podrá hacerlo si no tiene una gran elección en la provincia de Buenos Aires y esa condición está muy lejos de cumplirse.

Fuente Miradas al Sur

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