Naciones Unidas ha desplegado una gigantesca y compleja organización para la Conferencia de Copenhague. Casi doscientos Estados, representantes de ONG y de la prensa mundial se encuentran presentes en esta cumbre en la que se discute cómo enfrentará el Planeta al Cambio Climático. Son mas de 45 mil los acreditados hasta el momento, 25 mil más que los estimados inicialmente.

 

La organización se ha visto desbordada. Los ámbitos de participación han sido por momentos caóticos y las negociaciones, dificultosas. Sin embargo, se espera que la presencia de líderes de distintas naciones, destraben el desarrollo de los acuerdos y se mantiene la expectativa de que se logren consensos en los próximos días.

 

Así como los jefes de Estado o de gobierno son las figuras estelares, los ministros de Ambiente y de Relaciones Exteriores de los diversos países son las figuras determinantes para la formulación de las propuestas de acuerdo en estos tres últimos días.

 

Hasta hoy, domina la incertidumbre respecto a los resultados de las negociaciones, aunque las opiniones de quienes tienen experiencia en este tipo de procesos dejan vislumbrar que el acuerdo final llegará. Lo que no se puede determinar aún es qué alcances e impactos tendrá, cuestión crucial para un país emergente como la Argentina.

La Conferencia se realiza en Bella Center, un gigantesco complejo ubicado en las afueras de Copenhague. Allí se desenvuelven en simultáneo, los plenarios de los distintos grupos de trabajo; el plenario general o reuniones de Alto Nivel; foros temáticos y exposiciones vinculadas a energía, agricultura y nuevas tecnologías, entre otros temas.

 

Hay una impresionante cobertura de medios de comunicación y en los espacios comunes es posible cruzarse con figuras reconocidas como ex presidentes, la Secretaria General de la Conferencia, Presidentes, Primeros Ministros, Ministros de distintos países, entremezclados con representantes de pueblos originarios de nuestra Latinoamérica, dirigentes de organizaciones ambientalistas, referentes sindicales y

empresariales.

 

En general, existe un clima de concordia en la sede de las deliberaciones. Las situaciones más conflictivas han ocurrido en los alrededores del Bella Center o en sitios localizados en el centro de Copenhague. En las últimas horas, debido a la llegada de los líderes mundiales, se ha montado un gran operativo de seguridad que dificulta mucho la llegada de los participantes al Centro de Convenciones.

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El eje central de la negociación lo llevan adelante las partes, es decir, las delegaciones de los Estados miembros del Convenio Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático. Hasta ayer las tratativas se concentraron en los distintos Grupos de Trabajo. En estos ámbitos se ha intentado avanzar en acuerdos que serán puestos a consideración del Plenario de la Conferencia.

 

Sin embargo, no hay dudas de que los verdaderos acuerdos se desarrollan fuera de estos encuentros formales. Existen otros espacios en los que los grupos de países, plantean una discusión en términos más políticos que técnicos, situación que genera recelo y desconfianza.

 

Precisamente, el martes, en el grupo de trabajo que revisa y evalúa los resultados del Protocolo de Kioto, uno de los plenarios más importantes de la Cumbre, los representantes de India, Suiza, Argelia, Arabia Saudita, entre otros, coincidían en la urgencia por lograr acuerdos (la frase más repetida fue ”el tiempo se acaba”) y planteaban su incertidumbre acerca de los ámbitos en los que se están generando los acuerdos.

 

En relación al Protocolo de Kioto, cabe destacar que la discusión gira en torno a dos ejes: la prolongación de sus efectos y exigencia del cumplimiento de nuevos compromisos dentro de su marco (posición adoptada, en general, por los países subdesarrollados) y la definición de nuevas reglas que deberían plasmarse en un nuevo instrumento que lo reemplace (posición de algunos países desarrollados).

 

Este miércoles sesiona el Plenario de Alto Nivel de la Conferencia. Los mandatarios de los distintos estados están fijando sus posiciones. Allí abundan los discursos grandilocuentes y las expresiones de deseo. En oficinas, salones secundarios y pasillos del Bella Center se intenta el tejido de los acuerdos. Mientras tanto el mundo espera que la incertidumbre y las dudas se disipen para que Copenhague, que ya se ha

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ganado la calificación de hecho histórico, se constituya en mucho más que

eso: un hito fundamental en la construcción de una nueva historia para la

humanidad. Resultado difícil de lograr, aunque posible.

 

La posición de Argentina

 

Argentina ha manifestado su postura desde las reuniones previas a la Cumbre: Reclamo de aportes concretos de fondos por parte los países desarrollados por las graves consecuencias ambientales provocadas a raíz del sostenido proceso de industrialización; pretensión de que este financiamiento no esté solo orientado a medidas de mitigación en los países subdesarrollados y emergentes, sino que se destine a la adaptación tecnológica para la adopción de tecnologías limpias. Esta adaptación debería concretarse a través de mecanismos de transferencia tecnológica que evite el negocio de las patentes en favor de las naciones desarrolladas.

 

La posición de nuestro país incluye también la necesidad de acordar una ”transición justa” en las exigencias de mitigación para los países en vías de desarrollo; la desburocratización de los mecanismos para la disposición de fondos y el reconocimiento, mediante aportes financieros, a los esfuerzos realizados en materia de preservación de bosques nativos; producción mas limpia y ley de promoción de energías alternativas, entre otros temas.

 

El planteo que defiende la Argentina en la Conferencia fue definido en consenso por todas las provincias en el marco de la última reunión plenaria del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA). De algún modo, nuestra participación como representantes provinciales en la delegación nacional, garantiza que los aportes que realizaron los estados del interior en aquél encuentro, sean contemplados en las negociaciones. Sólo tres provincias conformamos la delegación.

 

El secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni y la Embajadora Silvia Merega, directora de Asuntos Ambientales de la Cancillería, son quienes ofician como voceros en los distintos encuentros.

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Por su parte, el Canciller Taiana participa en las reuniones de Alto Nivel, que preside el Secretario General de Naciones Unidas. Por estas horas, preocupan a los miembros de la delegación algunas decisiones que se discuten en la Conferencia y que significan un golpe para la economía nacional. Tal es el caso de la propuesta que se analiza sobre la aplicación de un gravamen al transporte marítimo y aéreo de mercancías como medida para disminuir el impacto del consumo energético.

 

El proceso de aplicación del Protocolo de Kioto no ha sido favorable hasta ahora para la Argentina: desde su vigencia hasta esta Conferencia de Copenhague, los aportes de recursos financieros internacionales a proyectos de mitigación y adaptación impulsados en nuestro país han sido insignificantes.

 

Muchas han sido las frustraciones de gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil al ver la terrible burocracia internacional montada en torno a los bonos de carbono y a los abultados negocios de las consultorías internacionales.

 

Este último, es uno de los temas centrales en las discusiones de estos días: Cuáles son los organismos de ”gobernanza” de los fondos y cuáles, los criterios de asignación. Si esto no es resuelto satisfactoriamente en Copenhague es probable que la Cumbre no logre más que meras declaraciones de buenas intenciones.

 

Nuestro país ha articulado su posición con el Grupo de los 77 que, en líneas generales, mantiene planteos similares a los antes señalados. Este grupo de países juega un papel determinante en la negociación y viene de mostrando ser un conglomerado homogéneo en cuanto a sus planteos. En la medida que el Grupo vaya perfilando resultados satisfactorios, comenzará seguramente entre sus miembros un debate sobre el reparto de los recursos que hasta ahora reclaman en bloque. Esta instancia no será sencilla para

la Argentina, dado que tendrá que enfrentar posiciones con jugadores fuertes como Brasil, China, Venezuela o India.

 

 

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